|
Cuando quedó en quiebra la empresa transnacional estadunidense Enron, nueve de los más prestigiados bancos de Wall Street fueron demandados como corresponsables de transacciones fraudulentas que costaron a accionistas, trabajadores y pensionados veinticinco mil millones de dólares. Fueron bancos como City Group, Merril Lynch, Bank America, Credit Suisse First Boston y J.P. Morgan Chase. Otros mecanismos fraudulentos en diez de los mayores consorcios trasnacionales estadunidenses en los últimos meses arrojan muchas lecciones. Primero, que la globalización económica solamente en beneficio de los consorcios internacionales no es algo natural ni inevitable. Segundo, que ceder todo el patrimonio nacional a los consorcios voraces no es, como se sigue demostrando en Estados Unidos, la mejor opción para ningún país. Las fuerzas empresariales sin freno están demostrando su inoperancia en Estados Unidos y con los rescates bancarios, carreteros y próximamente azucarero también lo han demostrado con nosotros. La única opción no es el surgimiento de gobiernos de empresarios, por empresarios y para empresarios. La democracia es mucho más que un negocio. Los Estados soberanos no deben ser gerencias regionales.
|
|
|
|