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Una partida secreta de 7, 300 millones de pesos es una aberración escandalosa aquí y en China. Sin embargo, ese fue el monto que alcanzó la partida secreta de la Presidencia de la República bajo el gobierno de Salinas de Gortari. Esa suma se redujo a 1,775 millones de pesos durante los tres primeros años de la presidencia de Ernesto Zedillo, para desaparecer finalmente en el año 2000.
El nuevo equilibrio de poderes terminó con esa práctica aberrante, porque dichos fondos se manejaban de manera discrecional. El presidente no estaba obligado a rendirle cuentas absolutamente a nadie, la ley así lo establecía. Sin embargo, lo que se expulsó por la puerta, se reintrodujo por la ventana, actualmente la Cámara de Diputados goza de una partida secreta de 316 millones de pesos y la Secretaría de hacienda pretende reintroducir en el próximo presupuesto un rubro semejante, nada de eso es aceptable. La danza de millones que aparecen y desaparecen es un insulto a los contribuyentes. No se puede defender una reforma fiscal, cuando el uso de los fondos públicos nos es claro ni eficiente.
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