Es el viejo párroco del pueblo de Barranquillas. Desde que Manuel nace lo toma bajo su protección. Al ver la indiferencia, el maltrato y la negativa del padre del jovencito a reconocerlo como su hijo, Urbano lo manda a estudiar con unos religiosos amigos suyos. Nunca deja de tener contacto con él y complacido ve cómo se convierte en un hombre de bien. Lo considera obra suya y el cariño que ambos se tienen es como de padre e hijo. A veces discute con Manuel y hasta se enoja, pero siempre se manifiestan un entrañable afecto. Urbano es piadoso, paciente, comprensivo, conciliador, pero tiene carácter fuerte y habla siempre directo, sin tapujos.