ATENAS, Grecia, ago. 12, 2004.- Michael Phelps se dio una vuelta para conocer la piscina de Atenas y, de repente, cayó en cuenta sobre el significado de unos Juegos Olímpicos. Las enormes graderías se encumbraban sobre el agua. Las banderas de países ondeaban por la brisa. El agua azulada parecía brillar más de lo común.
Entonces se dio cuenta que esta no es otra prueba común y corriente.
"Tuve esta especie de sensación, incluso cuando estábamos llegando", dijo Phelps. "Cuando me metí en la piscina, se sintió incluso mejor".
Este es el escenario donde desde el sábado se podría hacer historia. En una semana, Phelps espera nadar en ocho pruebas. Si todo sale bien, eclipsaría el récord de siete medallas de oro de Mark Spitz en los Juegos de Munich en 1972.
"Yo no diría que nada es imposible", dijo el estadounidense de 19 años. "En los últimos años he tratado de mantener una actitud positiva y no descartar nada".
Antes de ir por la marca de Spitz, Phelps tiene que ganar su primera medalla olímpica. En los juegos anteriores, hace cuatro años en Sydney, era un chico de colegio que terminó quinto en la única modalidad que compitió. Por eso insiste en que su meta es una medalla dorada, no siete.
"Regresé de Sydney con las manos vacías. Todo el tiempo he dicho que con una medalla de oro estoy bien. No estaría desilusionado con una, no quiero pensar en el resto. Esa es mi meta: una medalla de oro", aseguró.
Ese no es un argumento muy persuasivo. Phelps será el favorito en tres pruebas individuales, y se espera luche por medallas en otros dos. También están los relevos, un punto fuerte de los estadounidenses y una oportunidad para que Phelps gane otras tres preseas.
Desde Sydney, Phelps se ha convertido en el amo y señor de la piscina, la máxima estrella estadounidense de un deporte que solo recibe atención de la prensa y el público cada cuatro años.
"Él atrae atención a nuestro deporte", comentó Amanda Beard, una integrante del equipo de natación. "Michael es un gran atleta, se merece toda esta atención".
Por ahora, Phelps solo tiene segura su participación en un relevo en Atenas, los 800 metros libres. El entrenador Eddie Reese insiste en que todavía trata de decidir quién nadará los relevos de 400 metros combinados y 400 metros libres, aunque es difícil imaginar que le negará la oportunidad a Phelps de al menos nadar en las preliminares.
Todos los que naden en un relevo, aunque sea en preliminares, obtienen una medalla si su equipo termina entre los primeros tres en la final.