ATENAS, Grecia, ago. 15, 2004.- Argentina repitió la final del Mundial 2002 ante Serbia y Montenegro pero esta vez la victoria 83-82, en el último segundo, fue para ella gracias a una acción impresionante de Emmanuel Ginobili sobre la bocina, en el aire, con un tiro lateral que entró milagrosamente. La canasta circense de Ginobili evitó a Argentina una derrota que habría sido muy dolorosa, ya que el equipo suramericano llegó a tener 14 puntos de ventaja (30-44 m.17).
Los subcampeones mundiales, a diferencia de lo que ocurrió en el torneo estadounidense, partían como favoritos de acuerdo con los resultados de ambos equipos durante la preparación. El pronóstico adquirió visos de realidad en un fulgurante arranque liderado por Enmanuel Ginobili. Luego, a punto de desmoronarse como un castillo de naipes, adquirió validez definitiva gracias al genio del jugador de los Spurs de San Antonio.
Entre el alero de los Spurs y el nuevo jugador de los Bulls de Chicago Andrés Nocioni, autores de ocho y seis puntos respectivamente en el primer cuarto, Argentina asumió el mando del choque con total naturalidad, como si fuera lo más lógico.
El conjunto 'plavi' ha encajado varias derrotas en su camino hacia Atenas y no ha inscrito en los Juegos a algunos de sus mejores hombres -Predrag Stojakovic, Marko Jaric, Zeljko Rebraca, pero sigue siendo todo un campeón del mundo que, además, sigue el dictado de Zeljko Obradovic, uno de los mejores técnicos actuales, desde el banco.
Por eso, cualquier confianza frente a los serbios se paga muy cara. Ginobili condujo al cuadro albiceleste hasta el descanso con dos sensacionales cuartos: diecisiete puntos con uno de dos en canastas dobles, tres de tres en tiros libres y tres de cuatro en triples.
El ex jugador del Virtus Bolonia italiano capitalizó el ataque albiceleste hasta interrumpir el encuentro con un margen de diez puntos en el marcador (49-39). Dejan Bodiroga, el abanderado serbomontenegrino en la inauguración, apenas se había dejado ver por entonces.
Serbia puede ganar o perder, pero rara vez baja los brazos. Mucho menos en un escenario como los Juegos Olímpicos. Es una selección que, incluso cuando marcha muy por debajo en el tanteador, rezuma peligro. Su eterna amenaza empezó a cobrar cuerpo en el tercer periodo.
Obradovic ha formado un equipo joven, con algunos jugadores cortos de experiencia, sobre todo entre los pívots, pero antes del comienzo les pidió "corazón y coraje", exactamente los dos ingredientes que impulsaron la reacción europea, cimentada en una zona presionante que, de entrada, supuso un parcial de 2-9 (51-48).
Argentina parecía tranquila. Los zarpazos que esporádicamente asestaba en acciones individuales parecían bastarle para mantener la calma. Desde fuera de la pista saltaba a la vista que la tradicional garra del cuadro americano pertenecía a los ex yugoslavos.
Poco a poco, en un constante goteo de perlas individuales, Serbia terminó de dar la vuelta al marcador (61-63 m.32) por medio del nuevo base del Pamesa Valencia español Igor Rakocevic. El margen de error y la autocomplacencia que Argentina se había dado a si misma tocaba a su fin.
Los suramericanos salieron de su letargo. Recuperaron su habitual intensidad, pero el conjunto 'plavi' sometido a presión disfruta como ningún otro. Había atravesado un desierto entre la desventaja del principio y la sensación de tener en la cuerda floja a un adversario que le da morbo.
El choque irradiaba pasión. El resultado la multiplicaba (75-75 m.38). Momento obligatorio para los más grandes. Y el más grande, mientras alguien no demuestre lo contrario, es Bodiroga. Posesión, sistema, balón dentro, balón fuera y, con lentitud, casi a cámara lenta, la muñeca de Bodiroga obra el milagro a poco más de seis metros del aro (75-78).
La selección argentina encontró una oportunidad más gracias a una penetración y una bandeja falladas por Bodiroga y Dejan Tomasevic, pero Ginobili desperdició un tiro libre en el ataque siguiente (76-78). No obstante, el baloncesto le reservaba la ocasión para resarcirse de ese instante crucial: la última posesión, la de su canasta imposible, la que saldó la factura pendiente de la plata mundial.
Argentina: (27+22+12+22): Montecchia (2), Ginobili (27), Nocioni (12), Oberto (8), Wolkowisky (5) -cinco inicial-, Sánchez (3), Fernández (3), Sconochini (5), Scola (10) y Delfino (8).
Serbia y Montenegro: (15+24+20+23): Vujanic (15), Radmanovic (21), Bodiroga (16), Krstic (-), Tomasevic (6) -cinco inicial-, Rakocevic (19), Drobnjak (5), Avdalovic (-) y Scepanovic (-)
Árbitros: Carrión (USA) y Dovidavicius (LTU). Excluyeron por personales a Scola (m.40), Radmanovic (m.40) y Oberto (m.40).
Incidencias: Encuentro correspondiente a la primera jornada del torneo olímpico de baloncesto masculino de Atenas 2004 ante unos 6 mil espectadores.