ATENAS, Grecia, ago. 21, 2004.- Carlos Arroyo vive el baloncesto, lo disfruta, lo juega, lo maneja, lo reparte, lo hace todo, hasta milagros, porque la clasificación de Puerto Rico para cuartos de final fue un milagro obra del menudo jugador borinque, salvador de los suyos y verdugo de Australia 87-82, desbancada del concierto olímpico por el eléctrico base. La escuadra oceánica necesitaba imperiosamente la victoria para no sepultar sus opciones de clasificación. El primer paso para conservarlas pasaba por ahogar la principal fuente de recursos ofensivos boricua, o sea, la línea exterior y, más concretamente, a Carlos Arroyo, uno de los líderes ofensivos del torneo olímpico.
Los australianos cumplieron con ese objetivo en una doble dimensión hasta que Puerto Rico casi daba todo por perdido. En primer lugar, borraron del campo al base de los Utah Jazz para adueñarse de la iniciativa. Arroyo necesitó 17 minutos para anotar su primera canasta. En segundo término, desconectaron todo el perímetro antillano y redujeron las posibilidades realizadoras de los caribeños a los hombres altos.
Cuando Arroyo dio por fin con el aro, a tres minutos del descanso, la diferencia corría en un margen entre los 12 y los ocho puntos desde hacía muchos minutos (51-29). La inactividad exterior de Puerto Rico le condenaba. Con cero de siete en triples, Australia hacía de su acierto la clave del éxito (cuatro de nueve).
De no haber sido por Daniel Santiago la debacle habría sido inevitable. El pívot de los Milwaukee Bucks daba la cara por todos. Andrew Bogut, Paul Rogers y Matthew Nielsen se las veían con él, convertido en el sosten de Puerto Rico.
Santiago recibió poca ayuda hasta que Eddie Casiano entró en la cancha. El veterano escolta logró que su muñeca abriera fallas en la defensa australiana, descongestionó el perímetro para que Elías Ayuso se sumase a la causa borinqueña, Santiago ampliase su espacio y el 'jefe' José 'Piculín' Ortiz esbozase el primer acercamiento con un triple y un doble seguidos (32-25).
De todos modos, la puntería oceánica siempre superó a Puerto Rico. Los diez puntos de margen que había al final del primer cuarto continuaban al término del segundo (51-41). El conjunto antillano echaba de menos la aportación de Arroyo.
Las aproximaciones puertorriqueñas no tomaban cuerpo. Empezaban con fuerza y acababan a medio camino una y otra vez. La recta final del tercer cuarto empujaba al equipo de Julio Toro al abismo y, como surgido de la nada, emergió Arroyo.
Cinco puntos del base de los Jazz en el último minuto del periodo resucitaron a los suyos cuando todo parecía venirse abajo (68-65 m.30).
Arroyo, el hombre de los milagros, había acabado con un partido y había inaugurado otro, de sólo diez minutos, absolutamente decisivo para ambos equipos. Sin la ayuda de Shariff Fajardo -once puntos en el tercer cuarto- nada de lo demás habría servido.
El dramatismo inundó la cancha. Puerto Rico y Australia sólo podían lanzarse a tumba abierta a por la supervivencia olímpica. El discurrir del choque daba ventaja moral a Puerto Rico, que repuntaba, y presión a Australia, que perdía los ahorros guardados con tanto sacrificio de un golpe.
Los genios son genios por algo. En baloncesto, en gran medida, por su capacidad para hacer lo que otros no hacen cuando sólo vale meterla. Arroyo pertenece a esa clase de jugadores. Un costa a costa de máximo riesgo volvió a destapar su faceta de héroe.
Una centella roja surcó el aire delante de Sean Heal con la bandeja que arruinó a la selección australiana. Canasta y falta: 80-82, defensa perfecta y Arroyo, otra vez él, se la da a Santiago en la pintura. Nueva falta, dos tiros libres dentro (80-84) y, Puerto Rico, fiel a su estilo más propio, a cuartos.
Australia: (23+28+17+14): Heal (12), Smith (11), Saville (7), Nielsen (20), Bogut (15) -cinco inicial-, Maher (-), Bruton (10), Andersen (7) y Rogers (-).
Puerto Rico: (13+28+24+22): Arroyo (16), Ayuso (18), Fajardo (11), Ortiz (7), Santiago (20) -cinco inicial-, Casiano (10), Hourruitinier (2) y Hatton (3).
Árbitros: Bultó (ESP) y Estévez (ARG). Excluyeron por personales a Andersen (m.40) y Nielsen (m.40). Señalaron técnica a Hatton por molestar a Heal en un tiro libre (m.16)
Incidencias: Encuentro correspondiente a la cuarta jornada del torneo masculino de baloncesto de Atenas 2004 disputado en el Helleniko Sports Complex ante unos 6 mil 500 espectadores.