DEPORTES: ATENAS, Grecia, ago. 27, 2004.- Italia cambió su naturaleza, su baloncesto y sus convicciones para transmutar un juego cimentado en la defensa y conducirlo a una explosión ofensiva ante Lituania que, contra todo pronóstico, ha puesto a su selección en la final de los Juegos Olímpicos. Sólo en dos ocasiones previas había llegado el conjunto italiano a pensar en las medallas, pero en las de bronce: Munich 72 y Roma 60. Tres décadas después sueña con elevarse a la cima del torneo olímpico y, en gran medida, gracias a un impresionante Gianluca Basile.
El internacional transalpino anotó 31 puntos (con siete de once triples), contrarrestó el empuje del mejor cañonero báltico, Sarunas Jasikevicius, quien logró 26 tantos frente al cuadro “azzurro”, y escribió una página que, al margen de lo que ocurra en la final ya es la gesta más grande de los italianos en unos Juegos.
El segundo cuarto del choque, en el que Italia encontró el equilibrio perfecto entre defensa y ataque (de 20-26 al final del primer tramo a 49-43 en el descanso) convenció al equipo de Carlo Recalcati de la posibilidad de culminar la gesta. Era la noche, era el equipo, era el momento. Italia finalista de los Juegos. Una compañera de lujo para Argentina.
Los lituanos, pese a la decepción, siguen en la quiniela. Si derrotan a los Estados Unidos en la final de consolación, repetirán los bronces de Barcelona 92, Atlanta 96 y Sydney 2000.