SU SUEÑO
Desde hace mucho Athalìa soñaba con poder llevar a su madre a un pueblito en España de donde era oriunda y a donde nunca pudo regresar y ver a los suyos. Su madre murió hace tres años y el sueño de Athalía es cumplir la última voluntad de su madre al morir: que sus cenizas fueran esparcidas en España. LA TRAYECTORIA DE CARLOS
Carlos nace en Carrizal, Veracruz en una humilde vivienda de pedazos de madera y techo de paja. Dice que nació sin nada, pero tal vez no se ha dado cuenta que la vida lo dotó de algo lo que carece toda esa gente que parece destinada al fracaso: Siempre creyó en sí mismo.
Eso lo impulsó a seguir su sueño de ser actor y viajó en una carpa que se llamaba El triunfo del mundo artístico. Dice que un día, la carpa se quemó y sólo quedó en el letrero, El triunfo del mundo. Aún así, la aspiración de ese pequeño payasito, era convertirse por lo menos en extra, como el dueño de la carpa que orgulloso siempre les mostraba una fotografía en que apenas se veía él en tercer plano y a un lado de Cantinflas.
Ni siquiera era amigo del gran comediante. Años más tarde, Carlos sí llegaría a trabajar muy de cerca con Cantinflas en una cinta que paradójicamente se llamaría El extra. Pero, para eso, aún faltaba mucho, porque Carlos llegó muy jovencito a la gran ciudad de México, tal y como había nacido, sin nada y sólo con sus sueños bajo el brazo pensando que algún día, sería un gran actor.
Intentó estudiar actuación, pero la primera vez sólo logró permanecer un mes en la academia de Andrés Soler gracias a una beca. Sin embargo, al mes exactamente el propio Don Andrés le dijo que tenía que pagar su colegiatura de 50 pesos y una vez más, Carlos que sólo tenía su talento, salió del lugar para seguir luchando y lo hizo, cantando en el transporte público, vendiendo tortas; de panteonero donde dice que u día se quedó dormido de borracho y amaneció en la tumba de un difunto desconocido.
También, fue albañil y mil usos. Peló para sobrevivir en las calles, verdaderas peleas dice, no como en la cinta de Amores Perros. “¿Tú sabes lo que son las peleas callejeras? ¿Las peleas entre seres humamos por sobrevivir? –pregunta-. Eso sí es cruel”.
Su único aliento era estar en un grupo de teatro que se llamaba “Actores del pueblo”. Recuerda que don Félix, el director, siempre les decía que si alguno de ellos lograba destacar, sería un milagro. Y Carlos, seguía pensando que él sería ese milagro y siguió buscando convertirse en el milagro.
Intentó volver a estudiar, ahora en Bellas Artes, pero una vez más, su condición se impuso y sólo logró escuchar las clases que les daban a otros aspirantes a actores, mientras reparaba los pisos o hacía trabajos de albañil donde se impartían las clases.
Aún así, siguió buscando convertirse en milagro y entró a Televisa, de la única manera que podía, lavando baños. En ese entonces, era novio de una extra, que ganaba más que él. Poco a poco, logró incursionar en pequeños papeles en programas como Los cómicos de Fábregas, en los teleteatros y en Alegrías de mediodía.
Fue patiño de grandes actores, como Mantequilla y Chabelo; hizo teatro infantil y participó haciendo todos los papeles de adulto que salían en el programa Chiquilladas, casi siempre cubierto por botargas y posteriormente en algunas telenovelas hasta que finalmente, se convirtió en el milagro que los actores del pueblo esperaban cuando se ganó el papel de Huicho Domínguez en la telenovela El premio mayor, interpretando algo que él jamás había sido, un hombre afortunado que de la noche a la mañana se volvía millonario.
A partir de ahí, la fama y la fortuna tocó a la puerta de un Carlos a una edad en al que ya muchos se hubieran dejado vencer. Por primera vez, él que sólo conocía más allá de México, la ciudad de Los Ángeles, tuvo la oportunidad de viajar a 157 países para promocionar a su exitoso personaje de Huicho Domínguez.
Pero la lucha continuaba, ahora con sus propios demonios que jamás lo habían abandonado: el alcoholismo, la depresión y toda esa carga de tristezas que llevaba al hombro y que le seguían recordando que pese a todo, seguían siendo aquél niño pobre que lo único que tenía, era su facilidad para interpretar personajes.
Y la lucha siguió, ya no en las calles, sino en la arena. Sí, porque Carlos hasta hace dos años todavía seguía como luchador en las arenas de la Lucha Libre. De eso, su cuerpo reciente 16 fracturas, algunas hechas por profesionales de la lucha; otras por sus francachelas y muchas más de los golpes que recibió en la calle.
Después del personaje que lo encumbró en El Premio Mayor, vinieron otras telenovelas hasta su recién participación en La madrastra, como “El Pulpo”, que nuevamente lo puso en el candelero.
Pero, hay otros, muchos papeles que Carlos ha desempeñado en el teatro de la vida y en los escenarios que la gente desconoce. Papeles célebres como el de una mujer en la obra Las criadas de Jean Jenet y muchos otros en los que logró demostrar que es un verdadero actor.
Ahora, sólo espera un solo papel para retirarse. Quiere interpretar a “Gutierritos”, ese extraordinario hombre opacado de un clásico de la televisión. Después, regresará a su natal Carrizales, Veracruz donde hay una pequeña calle que lleva su nombre. Ese es Carlos, un hombre que luchó con su ignorancia, su pobreza y su alcoholismo para tener lo que más valora: actuar y una familia que lo quiere. Un auténtico sobreviviente de sus propios anhelos.