Hoy también platicaremos del aire, pero no del aire que respiramos, sino de cómo el aire influye en el calor y el frío que sentimos, para eso tendremos que responder una simple pregunta: ¿Cómo es posible que soplando sobre las manos podamos en unos casos calentarlas y en otros enfriarlas?
Si soplamos suavemente y con las manos cerca de la boca, el aire caliente que sale de nuestros pulmones se pone en contacto con las manos, que están a menor temperatura, calentándolas.
En cambio, si soplamos con más fuerza y a mayor distancia, el aire de la habitación, que está a temperatura más baja, se mezcla con el aire que sale de los pulmones y al llegar a las manos, las enfría.
Como vemos, el aire no enfría ni calienta nada, sino que la sensación de frío tiene que ver directamente con la velocidad a la que perdemos el calor de nuestro cuerpo, por eso lo que hacen los suéters y las cobijas, es conservar el calor de nuestros cuerpos para mantenerlos calientitos.
Reportó para ustedes su amigo Pistachón Zig Zag.