Corría el año de 1746 cuando un día, un niño escocés estaba esperando que su madre preparara la merienda. De pronto, le llamó la atención un curioso detalle que sucedía todos los días en todas las casas. Sobre el fogón estaba una olla con agua hirviendo y el vapor hacía saltar la tapa insistentemente. Nuestro pequeño amigo, miraba y remiraba el agua en ebullición y estaba tan absorto, que ni bajó la olla del fuego, ni le avisó a su madre lo que pasaba.
¿Se imaginan ustedes qué pasó? Pues que el agua se derramó y apagó el fuego. Al escuchar el ruido producido por los carbones al apagarse, la madre corrió y le dijo al niño: -¡Pero, hijo! ¿En qué piensas?
El pequeño no la escuchó porque ya se había ido a notar su primer descubrimiento en uno de sus cuadernos escolares. Este niño se llamaba Jaime Watt y era hijo de un carpintero. Tenía una apariencia enfermiza, pero gozaba de buena salud. Loo que sucedía, era que casi nunca salía a la calle a jugar con sus amigos, y no le daba el sol.
La pobreza en que vivía la familia Watt no le permitió mandarlo a la escuela, pero aprendió gracias a su ingenio, habilidad y observación.
Jaime construía aparatos y resolvía por instinto pequeños problemas de mecánica. Cuando fue mayor de edad, se estableció en la cuidad de Glasgow, Escocia. Puso un tallercito muy cera de la Universidad y los profesores no pasaron por alto sus aptitudes, así que inmediatamente se interesaron por él y con frecuencia le encargaban la reparación de instrumentos de física.
Además, dedicaba sus ratos libres a la lectura y gracias a eso, amplió mucho sus conocimientos. El ya sabía que el gran físico matemático Isaac Newton, en uno de sus escritos publicados en el año de 1680, había dicho que la fuerza del vapor podía mover un vehículo, y describió una máquina muy parecida a una tortuga con su gran caparazón de hierro, ruedas en vez de patas y una larga chimenea en lugar de cabeza.
Jaime Watt logró perfeccionar el descubrimiento de Newton, condensando el vapor en un vaso separado del cilindro, el cual se comunicaba por medio de un tubo. Lo patentó y fue tan grande su descubrimiento, que le valió ser reconocido como el inventor de la máquina de vapor.
La máquina de vapor no está considerada sólo como uno de los mas importantes adelantos mecánicos del siglo XVIII, sino también de los tiempos modernos. Gracias a que se ha perfeccionado, ahora la locomotora corre a velocidades asombrosas y las distancias se han hecho mas cortas.
Esta máquina constituye uno de los mayores triunfos del ingenio y de la inventiva del hombre. Al mismo ritmo que ella ha evolucionado, han ido cambiando la vida y las costumbres de los pueblos por donde pasa.