El Duque cumplió 85 años, 59 al lado de la reina Isabel II. Tiempo durante el cual se ha hecho famoso por sus frases sarcásticas y salidas en falso. Dos periodistas recopilan los más destacables en el libro Duke of Hazard: The Wit and Wisdom of Prince Philip. Y nosotros platicamos con uno de ellos. Felipe es uno de los personajes más queridos por los ingleses. Lo admiran y respetan porque durante poco más de medio siglo ha cumplido a cabalidad su papel de príncipe consorte de la reina Isabel II. Salvo al comienzo de su matrimonio, cuando dijo sentirse como ‘‘una condenada amiba’‘, no se ha quejado en público por estar a la sombra de la soberana. Tampoco ha protagonizado escándalos memorables, aunque se supone ha tenido una larga lista de amantes, incluidos algunos masculinos. Más allá de su lealtad y su discreción, los británicos le quieren por su franqueza para decir lo que realmente piensa. Esta actitud, que bien raya en la mala educación, y un carácter mordaz lo han convertido en un personaje provocador y extravagante. Por eso, en más de una ocasión ha hecho saltar por los aires el protocolo de la corona y se ha mostrado muy poco diplomático y falto de tacto. Un turista sueco, por ejemplo, se acercó con su hija a la carroza real y le comentó al Duque que ese día la niña cumplía 6 años. El esposo de la Reina, fiel a su personalidad le respondió en forma despectiva: ‘‘Y a mí qué’‘. La pequeña se puso a llorar. Hace poco mostró la misma displicencia cuando un medio de comunicación canadiense le preguntó por los Juegos Olímpicos de 2012, los cuales se llevarán a cabo en Londres. ¿Su respuesta? ‘‘Son un fastidio’‘. Pero es dicha apatía por las formas lo que lo ha acercado al corazón de sus compatriotas, quienes saben apreciar ese espíritu tan cáustico y burlón.
UN TESORO NACIONAL
Hace poco, Felipe de Edimburgo, quien nació en la isla de Corfú y estaba llamado a ser rey de Grecia, cumplió 85 años. En el marco de esta celebración, dos escritores, Phil Dampier y Ashley Walton, publicaron el libro Duke of Hazard: The Wit and Wisdom of Prince Philip, en el que recopilan las embarradas más memorables y divertidas del esposo de la soberana en los últimos 60 años. El título es un juego de palabras en alusión a la película Dukes of Hazzard, y en español Hazzard traduce El duque del peligro: el ingenio y la sabiduría del príncipe Felipe.
Caras entrevistó en Londres, vía tele- fónica, a uno de los autores del texto, Phil Dampier, reportero del diario The Sun, que cubre desde hace dos déca- das los temas vinculados a la realeza. Sobre el texto, Dampier dijo: ‘‘Es una colección de situaciones divertidas. No tratamos de criticar al duque. A nosotros nos gusta; es nuestro tesoro nacional. Es honesto y dice lo que piensa’‘. En una ocasión, allá por 1996, por ejemplo, cuenta Dampier, ‘‘entró al cuarto de ‘Fergie’ (Sara Ferguson) y del príncipe Andrés y dijo que parecía el de una prostituta’‘.
Los escritores de este volumen también recopilaron otras anécdotas que dan cuenta del fino sentido del humor de Felipe. Dampier señala que el 20 de noviembre de 1947, el día de su matrimonio, éste fue detenido en la carretera por exceso de velocidad. A los policías que lo pararon les dijo: ‘‘Lo siento, pero tengo una cita con la Reina y el arzobispo’‘. Los comentarios ácidos o ingeniosos constituyen sólo una parte de la compleja personalidad del príncipe consorte que revelan las páginas de este volumen.
‘‘El texto en conjunto es toda una revelación sobre su forma de ser. Tenemos un capítulo sobre el Duque y el medio ambiente y otro acerca de su familia. Lo mostramos en todos los aspectos de su vida. Hace 50 años, en una entrevista en Nueva Zelanda, habló del sobrepeso que sufrirían los niños si no hacían ejercicio, y en esa época no existía ese problema tanto como hoy día’‘, dice Dampier, quien lo considera un sabio.
Y ¿qué piensa Isabel II de su esposo? El autor está firmemente convencido de que ‘‘a ella le gusta como es. Muy pocas veces se molesta por sus expresiones y lo acepta. Alguna vez lo mandó a callar delante de la gente, pero le divierte su forma de ser’‘. Tanto, que ya se acostumbró a su irónico comentario cuando se entona el himno de Inglaterra y se oye la estrofa: ‘‘God save the Queen’‘, después de lo cual el duque de Edimburgo no tiene empacho en tararear: ‘‘Y a mí que me parta un rayo.’‘
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