Espía
Jean Paul Gaultier
por: Caras
Fuente: Caras

Hace tres décadas el mundo conoció su transgresora propuesta. Tardó un poco en ser comprendido, pero al cabo se estableció como un visionario.

Sin contar los múltiples apelativos que lo aluden, el francés nos confiesa cómo le gustaría ser recordado: como Jean Paul Gaultier. Así de sencillo. Así de complicado. Sobre Gaultier todo parece haberse dicho y escrito. Desde que fue el responsable de convertir la ropa interior en exterior y hacer de los tatuajes y piercings un accesorio de las pasarelas, hasta que la irreverencia es sinónimo de su propuesta, pasando por el término tan usado para describirlo: enfant terrible. Ni hablar del emblemático vestuario que diseñara para The Blonde Ambition Tour de Madonna o su decisión de contratar modelos ciertamente alejados de los estereotipos de belleza.

Luego de tres décadas de traducir con acierto ironía y atrevimiento en piezas de vanguardia, cualquiera pensaría que poco o nada le queda por hacer al creador francés. Aunque él opina justamente lo contrario: ‘‘Por hacer me quedan tantas cosas. Este es un camino que día a día te da mucho por hacer; como persona creo que me resta seguir divirtiéndome como lo he logrado hacer hasta hoy’‘.

Alguna vez fue ridiculizado por la prensa, sí, pero hoy, elevado a la categoría de referente obligado, Gaultier, tan identificable por su pelo platinado y arracadas en ambas orejas, es un perfeccionista del oficio que desde niño permeó sus juegos.

Lo mismo se ha enfocado a trazar prendas femeninas y masculinas que a dar forma a singulares perfumes y cosméticos. Amén de sus desfiles Haute Couture, encargados de cerrar las pasarelas parisinas. Todo acompañado de la palabra éxito. Después de Yves Saint Laurent, el mundo ve en este hombre de 54 años al siguiente ‘rey de París’. Con semejantes expectativas a cuestas, ¿cómo hacer para ir de un campo a otro a través de los años sin repetirse? ‘‘Creo que uno no se repite a lo largo del tiempo, uno genera un estilo propio que se ve reflejado colección tras colección. A eso se le suma la inspiración de cada temporada y las vivencias que nutren el poner un botón aquí o bien usar a una Frida Kahlo allá. En sí, más o menos eso es lo que ocurre’‘, responde en entrevista.

Treinta años han pasado desde que presentara su primera colección. Treinta años en los que trabajó a las órdenes de Pierre Cardin, perdió a su pareja sentimental de 15 años a causa del sida, se instauró como vestuarista recurrente de algunos directores de cine –Luc Besson y Pedro Almodóvar–, destacadas celebridades –Nicole Kidman o Cate Blanchett– y hasta Hermès lo puso al frente de su departamento de diseño. Todos, pasos importantes, pero ninguno con el peso suficiente como para hacerlo cambiar la percepción sobre su propia persona: ‘‘Siempre seré el mismo’‘, señala lacónico. Quién si no él para afirmar que, aun cuando la moda puede llegar a ser algo fascista, la gente tiene que ser como es, pues sólo así será hermosa.

AUTOR DE OBRA ÚNICA
Describir sus diseños implica sumar calificativos como provocadores, sexys, humorísticos, espectaculares; implica afirmar que su teatralidad encarna a la perfección el concepto de Epifanía. ‘‘Son como sueños en la Tierra’‘, según su propia descripción. Sea como sea, lo innegable es que los trazos de Jean Paul Gaultier son únicos y desafían el concepto preconcebido del ‘buen gusto’. ‘‘Me he mantenido fiel a mis ideas y a mis ideales’‘. A eso atribuye su prevalencia en el ámbito. Y vaya si se ha aferrado a ellos, pues no cualquier autodidacta llega adonde lo ha hecho este fanático de combinar texturas. Mucho menos partiendo de una edad tan corta como son los 18 años, cuatro antes de dar forma a su primera colección, gracias a la cual la crítica le vislumbraría como una verdadera promesa de la moda.

Otro rasgo que se ha mantenido sin cambios son sus musas: ‘‘Las mujeres fuertes, sexys, atrevidas, mujeres inteligentes en cualquier momento, pero sobre todo, fuertes’‘. Son ellas las que de niño, cuando su habilidad para el dibujo suplía la de no jugar bien al futbol, le dieron material suficiente para dar forma a sus primeros trazos en casa de su abuela, quien leía el tarot. Así tenga tres décadas diseñando colecciones sin perder un ápice de vitalidad, al creador siempre hay algo que le preocupa: ‘‘que luzca como la imaginé, que le guste a mis clientes pero, sobre todo, que sea fiel a como la soñé’‘. Suponemos que no será fácil satisfacer las exigencias de este hombre, tan reservado en su vida privada como apasionado de su trabajo.

Eso sí, se trate de la correspondiente a primavera-verano u otoño-invierno, ninguna sigue el mismo proceso de confección. ‘‘Hay colecciones que hemos construido a partir de un concepto rector. Hay otras que hemos ido modificando conforme pasa el tiempo de construcción. Otras, como Hermès, que han ido retomando elementos inspiradores a lo largo del tiempo’‘, explica. Si las mujeres lo inspiran, el sexo, o la sexualidad, como se prefiera, es su mayor fijación. Lo comprueba su fetichismo con la ropa interior, en particular con los corsés; pero también el ambiente que rodea a cada uno de sus desfiles.

Teorías al respecto puede haber muchas, pero para Gaultier es muy simple: ‘‘De ahí provenimos todos’‘. Si del sexo provenimos todos, entonces todos compartimos al menos un par de rasgos en común. Si a nosotros son los amigos quienes nos hacen reír, también a Jean Paul. Si una buena película o las noticias es lo que nos hace llorar, lo mismo le sucede él. Por supuesto, cuando de evaluar el punto en el cual se halla su carrera se trata, la respuesta no es la de cualquiera. Con el control de su propia firma y el de una casa como Hermès y consciente de lo que su nombre significa, bien podría decirse en la cima. Sería arrogante, sí, pero también se le perdonaría. Es Jean Paul Gaultier. Pero no. Aunque quizá se lo diga a sí mismo, al mundo prefiere señalarle: ‘‘Siempre estaré en esa búsqueda’‘.

Mientras siga por ese camino, el mundo mantendrá los reflectores sobre su rubia cabecita. Mientras trabaje, seguirá anhelando ‘‘disfrutar de la vida... debería de hacerlo más’‘. Y se ríe, antes de cerrar con un ‘‘gracias’‘ la entrevista. Entonces, a nosotros nos queda la idea de que sin importar lo mucho que pueda decirse sobre este hombre, para él, su logro más grande es: ‘‘Seguir siendo Jean Paul Gaultier, un diseñador que da nombre a su propia casa de moda en París’‘.

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