¿Quién iba a decir que detrás de esos lentes de nerd, esa capita de mago y ese gesto temeroso e inocente estaba un tipo con las hormonas a flor de piel, dispuesto a mostrarse sin trucos (ni ropa) frente a cientos de personas en la obra Equus del West End londinense?
Mientras algunos se trauman porque jamás le van a volver a creer ni medio pase mágico a Harry Potter o porque sus hijitas ya no soñarán tan inocentemente con su héroe épico, los más open mind entenderán que a los 17 años, en plena ‘crisis de identidad’, es normal que el buen Daniel busque rebelarse contra los límites y mostrar el sex appeal para no sólo despertarle ‘ternurita’ a las niñas. Menos mal que a él no le pasó como a otros niños ‘adorables’ que luego se transformaron en patéticos ‘forevers’.