La reina del rock nos deja entrar en su ‘‘guarida’‘ y conocerla un poco más. Nos habla de sus pinturas –un talento que no ha hecho público–, de ese 9 de junio de 2003 cuando tocó fondo y vio pasar de frente a la muerte, de su relación con su hija Frida, sus mascotas, su música y de todo lo que ha hecho y sigue haciendo para salir adelante en la vida. La hija de Silvia Pinal y Enrique Guzmán nació un 9 de febrero de 1968 en la ciudad de México, y aunque su vida ha sido muy pública, primero gracias a la fama de sus papás y después por su propia rebeldía y talento, Ale nos dejó entrar a un lugar al que considera ‘‘sagrado’‘ y no le abre a cualquiera: la intimidad de su hogar. Ahí fue donde llegamos desde las 10:00 de la mañana un jueves para hacerle esta entrevista que más bien se transformó en una amena plática, en donde hubo risas, lágrimas, momentos de silencio, melancolía y de emoción. En el fondo, todos tenemos a una ‘‘Alejandra Guzmán’‘ dentro, todos en algún momento de nuestra vida nos hemos sentido decepcionados por nuestros padres, solos y hemos hecho locuras o actos de rebeldía (consciente o inconscientemente) hacia la vida o hacia los demás. En el fondo no somos tan diferentes a ella, las historias de adicciones se dan todos los días y también las de recuperación. Alejandra ha vivido intensamente, ella es fuerte, vulnerable, alegre y auténtica. También le gusta ayudar a los niños necesitados y como madre a veces no sabe qué consejos darle a su hija, pero nos cuenta de las reglas que hay en su casa, de los amigos y el amor.
Su casa, su esencia...
Vivo aquí desde hace 10 años. Me la compré cuando me fui a BMG (su disquera) y siempre me han gustado las casas con una historia. Yo viví toda mi vida en la casa de mi madre, en el Pedregal, donde voy cada Navidad, cada Día de las Madres y es una casa con muchos escondites que recuerdo de mi infancia; pero esta casa para mí significa el ‘‘ya llegué’‘, el ya llegué a ser independiente, a tener mi espacio, a tener esta casa que es mi patrimonio y que tiene toda mi mano, yo le hice todo, no hay un decorador, yo hice todo lo que ves; está llena de antigüedades, de cosas con una historia, me gustan las cosas y la gente con historia, que me dicen algo.
Aquí murió mi nana, que es una persona muy importante en mi vida; aquí murió también una mano derecha que tuve durante ocho años, entonces yo creo que sí se deja esa energía, tu alma no se va. Yo creo en la reencarnación, que fui y sigo siendo una alma con mucha luz, con mucha energía, así he sido siempre y no sé de dónde venga, pero a veces me entran unas melancolías... y como que no he llegado adonde tengo que llegar, creo que fui artista en otra vida..., a fuerza, porque el momento en el que más feliz soy es cuando estoy en un escenario, ahí se me olvida cualquier tontería, me deja de doler hasta el estómago si me duele, es un momento en donde estoy feliz y no hay futuro ni pasado. Pero mi casa es sagrada para mí, es mi cueva, mi escondite, es mi lugar donde recargo pilas, donde me pongo a meditar o a hacer ejercicio o a pintar o a comer o a cagar feliz güey, porque nadie me está molestando ni viendo y es en el único lugar donde puedo ser yo y lo soy. No sé, creo que la casa de alguien dice mucho.
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