Estelares
Elena Garro
por: Montserrat Ruiz
Fuente: Caras

A la escritora sólo le tomó una conversación para que Octavio Paz, futuro Premio Nobel de Literatura, quedara flechado. Un día después, el escritor le regaló unas camelias y un poema...

Elena Garro es una mujer llena de contradicciones desde su fecha de nacimiento –ni sus biógrafos se ponen de acuerdo en la fecha, unos dicen que fue en 1916, otros que en 1920–, de altibajos, de relaciones tormentosas, de amores y desamores, desencuentros y mucho misterio. Tanto, que hoy es noticia por su relación con el espionaje. Por si fuera poco interesante su historia, su confusa biografía, su relación con Octavio Paz y sus grandes obras literarias, este personaje aún nos atrae más por entrar en la categoría de los espías, esos héroes o villanos –da igual– que son audaces, inteligentes, intrépidos y algunos hasta sexy, así formen parte de la realidad o la ficción.

Los espías siempre causan interés y excitan a la imaginación, sólo basta pensar en James Bond o en la Mata Hari. Pero, ¿quién iba a imaginar que Elena Garro, intelectual, escritora y ex esposa de Octavio Paz, fuese integrante de este selecto grupo de personas? Pues de acuerdo con el Archivo General de la Nación (AGN), esta contradictoria literata podría formar parte de los informantes del Gobierno mexicano entre la década de los 60.

Y ahí comienza la relación ficciónrealidad que cubre la vida de la mayoría de los espías y, por supuesto, de nuestra actual protagonista, Elena Garro, una señora por demás... polémica.

El flechazo con Octavio Paz
Mujer que dice conoció y olvidó su felicidad en la infancia, vivió en tiempos de la guerra cristera en el pueblo de Iguala, Guerrero, lugar y tiempos que tomaría para escribir su obra maestra, Los recuerdos del porvenir (luego vinieron Felipe Ángeles, La culpa es de los tlaxcaltecas, entre muchas otras). A los 18 años, se mudó con su tía a la ciudad de México para estudiar literatura en la UNAM, coreografía y teatro. Fue en una fiesta de la universidad donde se reunían estudiantes de derecho y letras, donde a Elena Garro tan sólo le tomó una conversación para que Octavio Paz, futuro Premio Nobel de Literatura, quedara flechado. Un día después, el escritor le regaló unas camelias y un poema; así comenzó su relación torrencial que duraría 22 años hasta su separación en 1959 y su divorcio en 1967. De novios, el poeta se mostraba enamorado e incluso soñaban con tener un hijo llamado Felipe. No obstante, los padres de Garro no aprobaban la relación y cuando ella no se casó por la Iglesia ofendió a su padre, que era un ferviente católico. El carácter de esta mujer siempre fue contradictorio y desde su matrimonio comenzaba a ver formas de ocultarle cosas a Octavio Paz.

‘‘Adelante de los pasos de un hombre siempre van los pasos de una mujer.’‘
Su matrimonio, aunque tuvo momentos buenos, entre ellos el nacimiento de su única hija Helena Paz Garro –con la cual también tuvo una love and hate relationship–, por lo general fue un tormentonship–, tormento. Garro manifestó varias veces que Paz no le daba ningún momento de privacidad y que, incluso, en el tiempo en que vivió en París, ella sólo tenía un pequeño gabinete con llave que siempre quería ser abierto por su marido. Aunque muchas personas dicen que Paz la apoyaba, esto, de nuevo, queda en la incertidumbre y en la opinión de cada bando. De hecho, algunos intelectuales señalan que Elena Garro no hubiera comenzado a escribir sin Octavio Paz, mientras que otros manifiestan que Garro era una guionista, escritora y periodista nata, y que era Paz quien detenía su genialidad al arrebatarle y quemarle sus manuscritos.

Y fue en sus estancias en Europa y por su más que no agradable matrimonio, que estableció una relación con Adolfo Bioy Casares, gran escritor argentino, intelectual y amigo de Borges. Incluso, en unas cartas que Helena Paz vendió a la Universidad de Princeton se encuentra la correspondencia de los dos enamorados. Prueba de que no se llevaban, cuando enviaron a Paz como embajador a la India, Garro decidió volver a México. Fue en esta época que sacó sus más grandes obras donde, por supuesto, sobresale Los recuerdos del porvenir (1963).

El 2 de octubre no se olvida
Pero bueno, ¿cómo apareció la palabra ‘‘espía’‘ en la descripción de este personaje? Todo fue a partir de que el editor Alfredo Herrera Patiño (director del sello Verdehalago) pidió información resguardada por el AGN para su libro. Ahí se descubrieron nexos que implican a Garro como espía del Gobierno mexicano de la década de los 60.

De hecho, y por increíble que parezca, fue el mismo Alonso Lujambio, comisionado presidente del Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), quien confirmara a través de una carta a diferentes periódicos como Milenio , Excélsior, Reforma y El Universal, que los resultados de esta investigación indican que la escritora e intelectual mexicana sí era espía para el gobierno de López Mateos y Díaz Ordaz durante ese periodo, así como también era espiada por el mismo.

Obviamente, su hija, Helena Paz Garro, y su biógrafa Patricia Rosas, la defendieron y manifestaron que no era posible que la escritora fuese espía, ya que discrepaba del propio gobierno de Díaz Ordaz al apoyar a los campesinos y a Carlos Madrazo, en ese entonces personaje conflictivo para el gobierno del PRI. Además, ella nunca estuvo ligada con el movimiento estudiantil.

Las contradicciones apenas comienzan: después de la noche de Tlatelolco, el dirigente estudiantil Sócrates Santos Lemus la había llamado ‘‘... instigadora del movimiento estudiantil’‘ y mencionó que los había apoyado económicamente y que propuso a Carlos Madrazo como su líder. Garro por supuesto, no sólo desmintió esta declaración, además declaró en contra de todos los intelectuales, incluso su ex marido, y señaló que ellos habían incitado a los estudiantes.

‘‘Yo culpo a los intelectuales de ser cuanto ha ocurrido. Estos intelectuales de extrema izquierda que lanzaron a los jóvenes estudiantes a una loca aventura... que ha costado vidas y provocado dolor en muchos hogares mexicanos. Ahora como cobardes, esos intelectuales se esconden... Son los catedráticos e intelectuales izquierdistas los que los embarcaron en la peligrosa empresa y luego los traicionaron. Que den la cara ahora. No se atreven.’‘

Pero sólo los acusó como intelectuales, mas no dio un solo nombre porque, según ella, todos estaban firmados en los manifiestos y no era necesario. No obstante, al día siguiente los periódicos escribieron los nombres como si ella los hubiera señalado.

Nexo con la CIA
Aún más impresionante, Elena Garro conoció a Lee Harvey Oswald en una fiesta en la ciudad de México, y existen memorándums y documentos desclasificados de la CIA y del FBI que la relacionan con la filtración de información sobre este hecho. Por tanto, de acuerdo con las organizaciones norteamericanas, Garro fue un testigo fundamental al culpar a Oswald en dicho asesinato. Para algunas personas, es un montaje y se utiliza a la escritora como un chivo expiatorio. Esto no lo sabremos hasta el 2038, cuando la CIA abra los archivos que resguardan toda la investigación de este hecho histórico.

The Twilight Zone
Así que realmente todo queda en el misterio. La verdad sólo la sabrá Garro y sus 14 gatos con los que pasó sus últimos días en Cuernavaca. Después de todo, si era espía del Gobierno, ¿por qué corrió el rumor de que fue expulsada por el propio Díaz Ordaz? ¿A qué se debió su exilio realmente? ¿Fue una Mata Hari o simplemente un chivo expiatorio en un mundo contradictorio? Como ella misma lo escribió al comienzo de su libro Los recuerdos del porvenir, ‘‘... la verdadera realidad es lo que no ocurrió.''

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. Foto: Caras

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