Es conocido por su gran trabajo a favor de la gente más pobre y necesitada; tanto, que el año pasado fue nombrado en el Foro Económico de Davos como el emprendedor social del año. Hoy recuerda aquel primer llamado –esa vez que conoció a la Madre Teresa de Calcuta–; desde entonces, ha seguido su gusto por ayudar gente y ahora toda su familia participa activamente con él. Quisimos saber qué hay detrás de uno de los fundadores de Gente Nueva, el creador de Un Kilo de Ayuda, y comprobamos que a pesar de todos sus logros y de ser reconocido en todo el mundo por su trabajo, sigue siendo un hombre sencillo y humilde. ¿Qué tan importante y qué significa para ti la familia?
El ser humano no se entiende sin la familia, o sea, no somos seres individualistas; nuestra manera de entendernos en sociedad es gracias a la familia. Ese es el nicho en el que hemos nacido y tenemos que morir. Entonces la familia para mí es el valor más grande sin lugar a dudas.
¿Cuál es el valor más importante que te inculcaron tus papás?
Bueno, yo creo que mis papás le dieron más profundidad al valor de la familia en mi vida, y ahora yo con Verónica (mi esposa) y con mis hijos la familia es lo más importante, pero lo hemos incorporado. Somos una familia con sentido, no somos una familia por el puro hecho de estar juntos y de cuánto nos queremos y nos mimamos entre nosotros, sino que creemos que nuestra familia tiene un sentido y un propósito, y ése es extender nuestra familia lo más posible para que lo que nosotros tenemos sea algo que puedan tener todos los demás.
¿Qué recuerdos tienes de tu familia? Cuéntanos alguna anécdota divertida...
Tenía como 9 años, y un día con un hermano, tratando de llenar una alberca, inundamos la casa y la fábrica de mi abuelo (risas). Fue algo totalmente accidental y un riesgo no calculado obviamente, pero gracias a Dios mi abuelo lo tomó con mucha filosofía, más bien le causó gracia. Abrimos un tinaco grande de acero, de ésos que están en las torres de las fábricas, abrimos una compuerta para que bajara el agua a la alberca y pues es muy fácil quitar una tuerca, pero con la presión del agua saliendo pues es imposible volver a regresar la tuerca a su lugar. ¡Fue un desastre!
¿Cómo eras para la escuela?
Las ciencias sociales por las que siempre he tenido predilección son el civismo y la historia, aunque aquí en casa dicen que son las matemáticas porque se me dan fácilmente y los ayudo con eso.
¿Desde cuándo te empezó a interesar el tema de la conciencia social?
Siempre me lastimaban las diferencias sociales y en la niñez fue igual. Quizá mi niñez se caracteriza mucho por eso, porque siempre traté de que los demás notaran esta inquietud.
¿Cómo hiciste para que tus amigos se interesaran en ese mismo aspecto de crear conciencia?
Obviamente teniendo el respaldo de un llamado, por así decirlo, o una inspiración que me había hecho la Madre Teresa de Calcuta; para mí fue fácil con esa imagen poder convocar amigos. Entonces así fue como convocamos a los primeros miembros de Gente Nueva; en el primer año de apertura del grupo teníamos a más de 1,500 miembros, eso creó toda una generación de gente que hoy tiene gran vocación social, muchos de ellos están trabajando en fundaciones y en obras filantrópicas. Creo que somos una generación privilegiada en ese sentido.
¿Tu esposa sigue participando en las labores sociales contigo?
Pues ella tiene los suyos (risas). Ella también se dedica a atender causas sociales, trabaja mucho por mujeres que viven en pobreza haciendo congresos de formación e inculcarles más poder a esas mujeres. Como familia también trabajamos juntos, pero bueno, ahí sí todos tienen un llamado a darse a los demás. Ahora Verónica, mi hija, va a entregar todo su verano a obras de la iglesia, entonces en esta familia todos hacemos lo mismo, viene con el apellido, lo traen en la sangre del papá y de la mamá. Me acuerdo de una anécdota: cuando estaban chicas mis hijas se peleaban por un dulce o por un juguete con los niños de las comunidades que visitábamos, y les decía “Oigan, denles los dulces a los niños”, y un día me dice mi esposa: “Oye, es que ellos no se ven diferentes, por eso se pelean, y si tú estás obligando a tus hijas a que se los den, tú estás marcando la diferencia”... y es cierto. De mis hijos he aprendido mucho a cómo interactuar, y gracias a esas experiencias que me dieron mis hijos desde chiquitos en comunidades, es muy fácil hoy para la familia moldearnos adentro de una comunidad, lo hacemos porque nos gusta mucho.
¿Qué sientes de que tus hijos estén siguiendo tus pasos?
Yo como papá tengo que lograr más bien que ellos marquen su propio camino y tengan sus propios pasos, porque no puedo buscar que sigan los míos; pero lo que sí tengo que perseguir es que sus pasos sean inteligentes y generosos. Para mí hay tres grandes lecciones con mis hijos: una, que no mientan, porque el que no miente sabe escuchar la voz de su conciencia. Segunda lección: que no digan groserías, porque el que gobierna su lengua puede gobernar toda su persona y todo su cuerpo. Y tercera, es que sean generosos, que lo que tenemos es prestado, y todo lo que tenemos hay que compartirlo con los demás. Si me cumplen esas tres, estoy seguro que sus pasos serán mucho más grandes que los míos, y ojalá sea yo el que algún día tenga que seguir los de ellos.
¿A qué personalidades has podido conocer gracias a tu trabajo social?
Tenemos mucha relación con gente del medio artístico, pero a veces me pongo unos quemones sabrosos porque, por ejemplo, no sabía quién era Catherine Zeta-Jones (risas)... pero participo en algunos círculos de filántropos internacionales en donde hay gente que conozco, como a uno que otro actor como Michael Douglas, Richard Gere, Bono; son personas con las que me toca participar mucho en eventos de ayuda social.
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