Colgó los trajes de charro y regresó al pop con un disco llamado Quiéreme tal como soy, definido por ella misma como ‘‘maduro y novedoso’‘. Por primera vez en su vida se animó a renovar su imagen y a adaptarla al momento que vive como mamá y artista. Emocionada por comenzar la promoción de su álbum, nos confesó que de momento no tiene planes en televisión, que el año entrante podría regresar al cine, que se frustraría si se dedicara sólo al cuidado de su familia, que a sus hijos no los deja ver sus melodramas y, en definitiva, que ya no quiere más bebés. Platícanos de tu disco, ¿en qué momento personal llega esta experiencia?
Estoy muy contenta con el resultado de la producción en general. Me llega en un momento muy importante porque estoy en una etapa en la cual siento que hay evolución musical. Como cantante tenía muchas ganas de hacer algo maduro, decir cosas que a la gente le lleguen. Este disco es muy atinado para eso, porque las canciones son de un autor que tiene mucho tiempo escribiéndole al romanticismo, Rafael Pérez Botija.
Con esta producción te alejas de la música mexicana y vuelves al pop, ¿cómo te sientes con el cambio?
Mucha gente podrá decir: ‘‘Ah, mira, es Lucero, qué agradable que se atreva a hacer cosas novedosas’‘, porque de pronto se puede pensar que por la imagen que tengo, conservadora, un poco estancada, no puedo hacer cosas diferentes, pero este disco es atrevido, bastante propositivo y creo que puede atrapar a los jóvenes.
Háblanos de tu cambio de imagen, ¿por qué el pelo oscuro?
Siempre quise hacerme un cambio notorio, no radical, porque sería volverme punk (risas), y dije ‘‘bueno, dentro de lo que soy y mi rollo, quiero algo un poquito diferente, que la gente me diga en la calle ‘ay, ¿qué te hiciste?’’‘. El look me gustó muchísimo, me veo al espejo y me gusto, esta Lucero me late. El color oscuro me da un rollo padre, más sofisticado, sexy; físicamente me da esa madurez que tengo interiormente, refleja quién soy. En Alborada usaba escotes y a la gente le llamó la atención, pero nunca me he caracterizado por ser sex symbol, ni symbol [tener] cuerpazo, no es mi rollo. No soy femme fatal ni la diva que México dejó de tener hace años; soy Lucero, la típica de siempre, nada más con mis evoluciones, crecimientos y mucho más madura.
¿Qué te dijo Manuel cuando te vio?
Es al único a quien no le gusta (risas), le gusto más güera. No es que le gusten las supergüeras, pero sí prefiere a las mujeres más... tirándole a rubias. Su mamá siempre fue rubia y cuando se oscurece el pelo un poco, a Manuel no le gusta y le dice ‘‘mamá, ¿por qué te oscureces el pelo si tú siempre has sido rubia?’‘ (risas). Lo mismo conmigo, cuando me vio le pregunté ‘‘¿cómo me ves de morena?’‘, y me dijo ‘‘ah, caray, este... pero está muy oscuro, ¿no?’‘ (risas).
¿Alguna vez has pensado en dedicarte únicamente a tu familia?
Mi familia es, sin duda, mi prioridad, pero también debes realizarte como profesional, porque si no, te frustras. Además, al final del día nadie te va a decir ‘‘oye, gracias por quedarte encerrada cuidándome toda mi infancia’‘. Mis hijos no lo van a saber, mi marido tampoco lo va a percibir de esa manera, y al final nada más te amargas. Entonces sí vale la pena darte tiempo para todo. Para mí no es una disyuntiva complicada, ni lo pienso, primero está mi familia y nada más; creo que nunca me veré en una disyuntiva en el tema profesional y personal. Me hago mis tiempos para estar con los míos, además Manuel me apoya mucho, siempre está muy al tanto y cuando trabajo en algo, tipo una novela –que es muy absorbente–, él está en casa con los chavos, echándoles ojo, divirtiéndose con ellos. Nunca hemos querido tener niños abandonados; sí les dedicamos mucho y por ellos nos realizamos como profesionales, para no ser papás frustrados cuando sean grandes.
Tu hija Lucero está muy chiquita, pero ¿qué te comenta José Manuel cuando te ve en televisión?
Cuando estaba Alborada José Manuel tenía 4 años y preferí que no la viera, había muchos aspectos que no iba a captar, a entender. A veces los adultos mismos, como mi marido, quien de pronto dice ‘‘mmm, cámbiale, ¿no?, ya fue mucho romance con el otro protagonista’‘; entonces, si como adulto hay cosas que no son de su agrado –como ver que su esposa besa a otra persona–, pensé que mucho menos le iba a agradar a mi hijo. Más que los besos, hay ciertas escenas de violencia, como una vez en la cual me pegaron una superbofetada o al final de la telenovela, cuando me dieron latigazos y me tenían amarrada en la plaza pública... Creo que ese tipo de cosas lo hubieran perturbado mucho, porque es muy chiquito. Gente que sabe de este rollo me cuenta que los niños no diferencian entre fantasía y realidad hasta los 7 años; aunque entienden el concepto ‘‘es de mentiras’‘, les impacta mucho. Por eso en ningún momento permití que José Manuel me viera en escenas complicadas.
¿Manuel y tú han hablado sobre la opción de tener más hijos?
Ya nos vamos a quedar ahí, con José Manuel y Lucero, porque hoy en día, además de que las mamás y los papás tenemos tal vez menos tiempo para estar con los chavos, vivimos en un mundo muy complicado. Quién sabe si el día de mañana vas a poder estar aquí para acompañarlos... eso me da un poco de temor. Siempre soñé con tener dos hijos, un niño y una niña que se llevaran tres años, y Dios me lo concedió tal cual; obviamente se lo agradezco todos los días y todas las noches. Manuel sí era de la idea de tener más, porque en su familia son más hermanos, pero ahora también se está convenciendo de que ya no es tan fácil. Los niños son superdemandantes, eres papá para siempre, tienes que educarlos, cuidarlos, amarlos, guiarlos por el buen camino; es una labor bien complicada, y entre más tienes, más te divides y más se te complica la historia.
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