Estelares
Agustín Portillo
por: Laura Gamboa
Fuente: Caras

Su obra es una propuesta contemporánea con equilibradas influencias de expresionismo, pop art y muralismo. Rebelde, expresivo y cálido, Agustín es de nuestros pintores más internacionales.

De no ser porque hace unos meses tuvo que terminar su estancia en Estados Unidos y regresar a México, la suya sería la típica historia del artista ignorado en su país natal, conducido al ‘‘exilio’‘ por expresar su sentir sin cortapisas y reivindicado por su triunfo en el extranjero. Y es que a estas alturas, Agustín Portillo, nacido en la ciudad de México en 1960, no sólo ha expuesto en los mejores espacios de México. Museos internacionales –como el Truman College de Chicago, el Mexican Fine Arts Center Museum de Chicago, el Susquehann Art Museum de Pennsylvania y el National Hispanic Cultural Center Art Museum de Nuevo México, entre otros– albergan su obra de manera permanente. Instalados en la cochera adaptada como estudio en la casa de su gran amigo Eugenio Cortés, coleccionista de arte que lo apoya desde hace tiempo con sus relaciones públicas y la venta de sus cuadros, descubrimos que, más allá de un tipo enamorado del óleo como técnica pictórica y que disfruta el cine de autor de Andrei Tarkovski, Akira Kurosawa y Peter Greenaway, Agustín Portillo es un hombre gentil y muy sonriente que adora al D.F. y a Nueva York, y tiene entre sus mejores recuerdos las vacaciones pasadas en Ibiza y Puerto Vallarta.

ARTE VS. ESTABLISHMENT
Su padre siempre lo alentó para seguir una carrera en el arte, pero durante su juventud Agustín Portillo se inclinaba más por estudiar y hacer deporte, al grado de haber pertenecido al equipo nacional de natación. Su interés por los temas sociales lo llevó a elegir la carrera de ciencias políticas en la Universidad Iberoamericana, aunque después se inclinó por la pintura de forma definitiva. ‘‘Me interesaba más la teoría que volverme un político, así que el arte pronto dejó de ser sólo un hobbie para mí’‘. Se trate del clima político, social o cultural, lo cierto es que nunca ha tenido miedo a manifestarse frente a las injusticias: ‘‘Aunado a la pintura, también tengo un compromiso social y siempre me ha interesado que en este país las cosas se manejen correctamente’‘. Prueba de ello es que durante los dos sexenios anteriores, cuando Rafael Tovar y de Teresa fungía como titular de Conaculta, a él y a otros artistas les parecieron ‘‘inadecuadas’‘ algunas acciones realizadas por la institución, como el que las becas eméritas se le otorgaran a quienes, en su opinión, no necesitaban el dinero porque ‘‘una beca debe darse para apoyar un proyecto, no para hacer un reconocimiento’‘. Uno de sus actos de protesta más sonado fue la huelga de hambre que hiciera a lo largo de cinco días en la entrada de Bellas Artes en 1996.

Después llegó el 2000 y con él la victoria de Fox: ‘‘Yo era el más feliz, brincaba (risas), porque creía que ya no iba a estar en ‘la lista negra’’‘. Pero quiso la vida que permaneciera el mismo secretario particular de Tovar y de Teresa y que cuando Agustín llamara para ponerse en contacto con Sari Bermúdez, la nueva titular, dicho secretario lo amenazara con mandarlo a la cárcel. Finalmente agendó tres encuentros con ella –los dos últimos ciertamente ásperos, según cuenta– y su decepción se tradujo en grafitear una frase en contra del actual gobierno en la pared de Conaculta. Por ello fue arrestado, pero la institución no levantó cargos, aunque sí fue canalizado con Jorge G. Castañeda –entonces Secretario de Relaciones Exteriores– para ‘‘sugerirle’‘ que dejara el país. Así fue que llegó a Chicago, ciudad donde estaban algunos de sus entrañables amigos y donde trabajó en la serie América.

ARTE + EXILIO
En Estados Unidos, este admirador de Francis Bacon y José Clemente Orozco encontró las puertas abiertas e inauguró una de sus etapas más fértiles como creador. ‘‘Allá pude crecer, pues hubo interés de la comunidad cultural para adquirir mi obra y exhibirla. El año pasado, por ejemplo, tuve seis exposiciones individuales. Incluso la directora del Chicago Artists’ Coalition me habló y me dijo ‘¿Cómo le hiciste? Ningún artista en Chicago ha tenido seis individuales en el periodo de un año’. Esto demuestra el interés que despierta la obra’‘. Por su fuerza expresiva y capacidad para delatar la decadencia de nuestros tiempos, la serie América le ha consegui- do importantes reflectores internacionales. Así lo expresó Nathan Harpaz, curador de la muestra que en 2005 se presentara en la galería William A. Koehnline: ‘‘Aun cuando su estilo ha evolucionado de realismo fantástico a arte pop y, más recientemente, a realismo expresivo, su sincera y valiente observación de la erosión humana permanece’‘. Los caminos que lo llevarían a la concepción de la serie América iniciaron en los 80, cuando empezó a exhibir su trabajo en la galería Arvil, ubicada en la Zona Rosa. ‘‘En ese entonces estaba en auge un movimiento al que se le llamó mexicanismo, o no me acuerdo cómo nos llamó Monsiváis, creo que ‘nopalismo’ (risas) –cuenta–. El caso es que los artistas buscábamos retomar símbolos patrios mexicanos, y yo, influenciado con el expresionismo y el muralismo, empecé a trabajar en series de lugares comunes mexicanos como las cantinas, los bares, etcétera’‘. Llegados los 90, después de su tercera exposición individual en la galería Arvil, llamada Ánimas y exánimes, y que constó de 25 exánimes cuadros comprados por la misma casa de arte, Agustín se decidió a dejar dicho movimiento y descubrir otros, pues no quería encasillarse bajo un trazo. Ya en territorio estadounidense, con la nostalgia provocada por la lejanía de México y viviendo en una cultura de costumbres diferentes, retomó el expresionismo y a los muralistas mexicanos. Entre sus mejores experiencias del otro lado de la frontera está el haber conocido a Marcia y a Granvil Specks, matrimonio que ha formado una amplia colección de arte alemán expresionista, compuesta por grabados hechos con una técnica gráfica impecable y un potente comentario político. ‘‘Marcia y Granvil le han donado más de 400 grabados al Museo Milwaukee, tienen un salón con su nombre... En fin, que la relación con ellos y su colección influyó fuertemente en mí y esto, aunado a la nostalgia por mi país, hizo que me surgiera el tipo de trabajo que estoy haciendo ahora’‘. Admirador de las obras reunidas por los Specks, por José Pinto Mazal y por Vera Autrey, Portillo confiesa que aun cuando ya está trabajando en la serie México, le faltan varios cuadros para dar México por concluida América. ‘‘Me faltan unas América diez imágenes; por ejemplo, no tengo el cuadro donde las chicas en el Mardi Gras se ponen hasta atrás y nos enseñan a los caballeros los senos, ¡un cuadro de esos me falta!’‘. Y agrega: ‘‘Lo increíble de esto es que de cada cuadro pueden surgir series, es decir, a uno de drag queens le puede surgir una, y puede ser de lo más divertida, o bien otra serie de chicas en un wet t-shirt contest, o quizá contest otra de chicos mostrando las nalgas, porque ésa es la moda: ellas te enseñan los senos y los chicos se bajan los pantalones y enseñan las nalgas (risas)’‘. Amante del tequila y los moles, a este agudo observador la residencia en Estados Unidos también le sirvió para identificar diferencias importantes entre la sociedad norteamericana y la mexicana: ‘‘En nuestra forma de vestir somos un país muy conservador. En Chicago empieza a hacer un poco de calor y todos andan en short y huaraches. Aquí nos ponemos los pantalones. Allá están las gordas afroamericanas extraordinarias, voluptuosas, con los pelos pintados de todos colores, con los peinados más estrambóticos, enseñando las estrías y las lonjas con unos shorts pegados en colores fluorescentes (risas). Visualmente Norteamérica fue extraordinario. Aquí somos más conservadores y además yo uso fotografías de revistas, periódicos, etcétera, para encontrar a los modelos de mi obra, y la sociedad mexicana difícilmente se deja fotografiar en excesos’‘. Su trabajo evidencia algunos de los aspectos más negativos del ser humano, sí, pero en la personalidad y el arte de Agustín se aprecia una especie de espontaneidad y humor contagioso. ‘‘Yo pinto la imperfección, pero es cierto, lo hago con todo el positivismo. Siempre le busco el lado positivo a las cosas porque creo en el ser humano y en que tiene todas las posibilidades de salvarse, entonces trato de expresar su parte dramática en los momentos de goce, de bailar, de brindar’‘. Y es aquí cuando se desvela su deseo por ser ‘‘un cronista de nuestros tiempos’‘. Por eso, ante el lienzo en blanco, le resulta necesario tener definidos tres conceptos: ‘‘Los personajes que van a surgir, la vestimenta –que me va a dar mucho sobre la posición social y la edad– y el fondo, o sea, en qué ambiente se va a desarrollar todo eso’‘. Está claro que en su vida siempre ha buscado impactar, provocar una reacción, por algo prefiere que su trabajo sea descrito como ‘‘horrible’‘, mas no ‘‘bonito’‘. ‘‘Es importante como artista que mi trabajo capte la atención de la gente y, en este caso por ejemplo, sorprendentemente ha capturado mucha atención y ha recibido halagos. Unos me dicen que soy cruel, otros que soy injusto y otros quieren que los pinte’‘. Valientes deben ser quienes piden ser pintados, pues Agustín no tiene miramientos cuando se trata de revelar una verdad: ‘‘Bueno, yo no hago retratos, para mí son referencias, pero en la serie México el trazo de cierta manera es más sutil, no es tan fuerte ni demoledor como en América. Tal vez lo que me América modifica, lo que me detiene, es el hecho de que conozco a algunas personas y sé sus nombres. Ahora, en la serie México, la gente que se vea reflejada y tenga un poco de cultura y conocimientos podrá sentirse honrada, aunque también habrá quien pueda ofenderse’‘.

ARTE SIN VISA
En septiembre del año pasado, Agustín llegó a Chicago junto con su amigo, el coleccionista de arte Eugenio Cortés, pero un supervisor de inmigración del aeropuerto O’Hare les impidió la entrada y les canceló la visa, prohibiéndoles entrar al país durante los próximos cinco años. ¿El motivo? El pintor ha registrado y pagado los impuestos correspondientes a la venta de sus cuadros, pero las autoridades migratorias del país vecino alegaron que su entrada a Estados Unidos era ‘‘ilegal’‘ pues su propósito era trabajar. ‘‘Fue una experiencia terrible, el supervisor nos gritó y nos trató con toda la prepotencia del mundo. Al decirle que yo era un artista, que no me tratara como criminal, me respondió que un artista también podía ser un criminal, que no le interesaba ni mi arte ni la cultura mexicana. A Eugenio (Cortés) también le cancelaron su visa por el simple hecho de viajar conmigo’‘.

El que varias personalidades se hayan movilizado para remediar esta situación, confirma que tanto Eugenio como Agustín han dejado una imborrable huella artística y fraternal entre muchos norteamericanos, quienes lo mismo extrañan su arte y su amistad. A la embajada de Estados Unidos en México se han enviado cartas y ha llamado gente como la congresista Jan Schakowsky, los senadores Barack Obama y Richard Durbin, y el presidente del Centro Museo de Bellas Artes Mexicanas, Carlos Tortolero. También se han hecho ruedas de prensa, se ha recurrido a la oficina de Presidencia y hasta a la Secretaría de Relaciones Exteriores, pero el US Costume and Border Protection no ha reaccionado favorablemente. Ante ello, varios coleccionistas y amigos norteamericanos pagan de su propio bolsillo a un grupo de abogados para que ambos mexicanos regresen a Chicago. Independiente al ‘‘desaire’‘ de las autoridades norteamericanas, está su opinión sobre política: ‘‘Me tocó vivir allá lo del 11 de septiembre y la invasión a Irak, pero siempre estuve consciente de que no podía llevar a cabo acciones o manifestaciones porque ese país me estaba abriendo las puertas, así que entendí que la única manera en la cual podía contribuir o expresarme era con mi trabajo’‘. Respecto a su permiso para volver a Chicago sólo queda esperar. Lo bueno es que hay muchas maneras de hacerlo y la de Agustín es la mejor: ‘‘Prefiero pensar que lo que tiene que ser, va a ser... las cosas suceden por algo. Cuando salí de México hace cinco años había una campaña de desprestigio hacia mi persona y hacia mi obra, pero allá encontré que respetaban y valoraban mi talento, me recibieron con los brazos abiertos; allá hay muchos cariños y aunque la separación sea dolorosa, el lado positivo es este reencuentro y reconciliación con México, por eso ahora lo estoy pintando’‘.

Para facilitar su labor en la creación de sus cuadros, la familia de Eugenio lo exhortó a quedarse con ellos y le habilitaron la cochera como estudio. ‘‘Las pruebas que la vida pone se pueden transformar en momentos gloriosos cuando encuentras gente que te quiere; para mí, mis amigos son mis más grandes tesoros. La cochera donde pinto es uno de los estudios más hermosos que he tenido, porque no importa el espacio físico tanto como el sentimiento. Cuando vea estos cuadros en la inauguración, voy a sentirme contento por la historia que ya tienen’‘.

Esa obra colgará de las paredes de la galería Óscar Román durante noviembre, pero ahí no acaban sus planes. En cuanto esté lista la serie Francia (la cual aún no comienza), será expuesta en un recinto parisino el próximo año. América, México, Francia... Pareciera Francia que Agustín Portillo está dispuesto a explorar diversas culturas a través de su arte, pero para él, los países son sólo pretextos. ‘‘Al pintar sobre América o México estoy hablando de cualquier ciudad cosmopolita del mundo. Mi trabajo no es para colgarlo y decorar, es para cuestionar y hablar de nuestras miserias, nuestras frustraciones, miedos, soledades, es para hablar del ser humano, sin importar el color o la cultura’‘. En el trato, Agustín es cálido y no pone barreras, quizá por eso cuesta creer que una energía tan ‘‘inofensiva’‘ como la suya, capte tanto y no tenga el menor empacho en mostrar lo que esconden sus personajes. Cualidades valiosas si su real aspiración es convertirse en ‘‘un cronista de nuestros tiempos’‘.

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. Foto: Caras

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