Se presenta como algo cercano a una biografía, narrada a través de 13 temas donde participa una cantidad impresionante de talentosos músicos y productores que, a su vez, conforman una gama diversa de estilos, ideas y corrientes. Personajes con los que la atractiva cantante se involucró durante los largos procesos de composición y grabación. Evitando marchas forzadas, Paulina ha sido meticulosa –quizás ahora más que nunca– para hacer de esta entrega, una donde la cautela derivó en una serie de tomas de decisión que evitaron eclipsar ese brillo que desde un inicio deseó conseguir. Ananda, el término, va más allá del significado de felicidad en sánscrito –lenguaje utilizado en rituales hindúes como los mantras– puesto que es así como nombró su casa en Miami, donde también tiene su propio estudio de grabación; ahí registró su voz para este disco y también se presenta como coautora de tres canciones. Con Coti Sorokin escribió “Ayúdame”; a lado de Aureo Baqueiro compuso “Lo que pensamos”, mientras que “Tú y yo” terminó de aterrizar con la propuesta de Tricky Stewart.
Es sorprendente la cantidad de personas que participa en este trabajo...
No pensamos hacer un disco con gente de renombre, más bien es un concepto de amigos más que nada, sin la pretensión de hacer un disco. Fueron reuniones superbohemias en mi casa en Miami.
¿Las ideas fluyeron y así es como se fue dando?
Soy de la filosofía de no forzar nada y cuando las cosas no se dan, entonces no insisto. Y así soy en todas las cosas de la vida. Me gusta que las cosas sean y tengan una razón de ser y esto fue así. Un día fui a la casa de Juanes a escuchar la canción “No te cambio” donde invitamos a Toy (Hernández), después con Julie (Julieta Venegas) y Coti para el tema “Que me voy a quedar”. Y es que este año he estado súper en contacto con ellos, estuvimos en España varios meses juntos y de ahí incluso salió otra canción. Más adelante en Miami con Coti nos reunimos para hacer “Ayúdame” y luego con Aureo para “Vamos todos juntos”. Después vino Cachorro López que es uno de los grandes productores latinos que ha hecho de todo en cuestión de géneros y mi rollo es muy pop rock. De hecho, considero que con este disco me vuelvo un poco más rockera.
Enriquecedora la experiencia de trabajar con personas tan diferentes...
Aprendes de cada una de ellas al momento de hacer algo juntos. Entonces siempre hay un antes y un después de convivir así con Juanes, con Coti, la Julie o con Toy, quien desde que me conoce siempre me dice que llevo una fresa por dentro (risas).
Fungen como un complemento...
Sí, es superbonito.
¿Por qué invitar a Slash?
¿La verdad? Me dio la idea Alejandro Sanz. No me dijo concretamente: “Invita a Slash”, sino que un día llegó a mi casa a las 3:00 de la mañana en un barco junto con Jesús López (presidente de Universal Music) y Antonio de Ketama cuando estábamos grabando y me comentó que en “Nada puede cambiarme” tendría que sacar lo más salvaje de mi persona. Me quedé en shock porque de cambiar esas guitarras tenía que regrabar la canción, ése era el problema y lo que me preocupaba en un principio. En la compañía me dijeron que el disco tenía que salir en junio, pero les dije que no porque era mi cumpleaños (risas). Mi management me puso en contacto con Slash. Fui a Malibu (California) donde él estaba grabando, me presenté y nos identi- ficamos porque ambos traíamos el pelo en la cara (risas). Le enseñé la canción, hizo las guitarras y obviamente tuvimos que grabarla de nueva cuenta, pero valió la pena.
Y Cachorro López es el productor más buscado en la música latina actual...
Tengo una relación muy intensa en el sentido de que nos reunimos la primera vez hace como un año y tuvo que ir a verme a Brasil. Me entendió muy bien. Una de sus canciones se llama “Sin final” que me imagino es como la forma en la que Quentin Tarantino ve a México: como un desierto con cuatro perros que te muerden y te da rabia, y un mariachi, ¿me entiendes? El disco tiene un poco de ficción. La gente puede imaginar cosas con la música, así como yo puedo fantasear cuando la escucho. Incluso cosas como la conciencia colectiva al plantear el hecho de que estamos viviendo un momento de caos, de apocalipsis, como lo que tenemos aquí porque no saben perder (risas), en Cuba con Castro, España con sus incendios, el segundo tsunami, la guerra en Líbano...
Un panorama devastador...
Soy una mujer superpráctica y positiva, no me voy a poner a llorar. Yo creo que tengo que sembrar la semilla del consciente colectivo. Estudio Kabbalah, que no es una religión, sino una sabiduría que habla mucho del efecto mariposa. De salir de tu casa de mal humor, casi chocar con otro coche, tirar el cigarro... Todo eso, aunque la gente no lo entienda, provoca el caos y da como consecuencia guerras e incendios. Entonces la canción es un mensaje general de lo que yo quiero sembrar en las cabezas de mis amigos, de una generación. Es como decir “vamos todos juntos a decir lo que pensamos de una forma propositiva”. Se trata de un movimiento que debería generalizarse, pero nadie está trabajando más que para sí mismo, como los políticos o la Iglesia. ¿Qué pasará con las nuevas generaciones?
¿Analizar, proponer y actuar?
Creo que mi disco no es intelectual y eso me encanta, ¿no? Porque luego se echan un tequila los intelectuales y cantan todas mis canciones, ¿me entiendes? Pero creo que soy una mujer de actualidad, una mujer culta, una mujer que puede enriquecerse espiritualmente con un buen guía. Puedo hacer yoga para mantenerme bien, para no estresarme tanto, para dormir bien y eso también ayuda a la gente que trabaja conmigo. Hay que ser tolerante con todos y no juzgar. Esa es la actitud y creo que ese también es mi mensaje en el disco.
Todo esto parte desde el título...
“Ananda” quiere decir felicidad y así se llama la primera casa que tengo en serio. Sueño que ahí viviré mis mejores momentos. Imagino que voy a tener hijos, que ahí voy a criarlos, que van a venir los amigos, que vamos a romper las piñatas y que vamos a festejar Navidad. Como soy superpositiva escogí ese nombre. Es un sitio para pensar, para crear; me encanta porque como escenario tiene el mar y, por lo tanto, ese contacto con la naturaleza. Además es un open house porque todo mundo llega a visitarme. Estoy en un momento que hasta mis vecinos son mis mejores amigos. Quise reflejar todo lo que me hace sentir bien, cuando estoy tranquila. Transmitir esa paz como el adulto joven que soy y que ahora se encuentra en equilibrio. Antes me valía... (risas)
Hablamos de diferentes etapas...
Sí, creo que estoy en ese momento de balance, de sembrar una semilla que será para el futuro y que me dará estabilidad. Estoy en un momento personal superequilibrado, no todos los días, no todo el tiempo, claro; pero estoy bien y eso quise dejar plasmado en el disco.
El yoga ha contribuido para encontrar ese balance...
Y para tomar decisiones inteligentes. No quiero decirte que soy ultradotada, pero trato al menos de buscar esas decisiones acertadas y evitar las precipitaciones. Sigo madurando y creciendo. Debemos aprender a observar la vida, dejar que pasen las cosas y no criticar, sino contemplar. De hecho, esa es la primera filosofía del Kabbalah: “No juzgar a nadie”.
¿Esa postura te ha permitido mantenerte bien?
¿Sabes qué es importante? Hacer las cosas que te gustan hacer y creo que también por eso me siento muy privilegiada porque hago música. No me imagino ser un doctor o un abogado. Mi hermano lo es y, bueno, yo no podría. Es también bueno el contemplarte desde afuera de la caja, no estar dentro de ti todo el tiempo porque de lo contrario pierdes la perspectiva.
Poder desprenderse de uno mismo...
Para verte, eso es básico. Cuando te enojas, por ejemplo, es necesario para darte cuenta de lo que realmente tocó esos botones. Soy muy analista. Es superimportante poder verte desde afuera. El yoga no es sólo para verte bien, sino para tomar decisiones, para dormir mejor, para poder ser mejor amante, ama de casa, empleado o jefe. Ser mejor persona.
Y también son importantes los espacios de descanso...
Te permite regenerar. Es muy bueno dejar pasar un tiempo entre un disco y otro, sobre todo porque llevo toda la vida haciendo esto. Es importante para cambiar la piel, para volver a tu centro. Llevaba cinco giras seguidas y necesitaba ese espacio porque es desgastante. Llega un momento en que la actividad constante hace que te repitas y eso lo aprendí con el yoga. Tienes que cerrar el capítulo para pasar al siguiente.
En el caso hipotético de que no fueras cantante, ¿qué serías?
Pues sería una mujer muy frustrada, muy amargada, sinceramente.
¿Qué harás después de ser cantante?
Ya lo tengo claro. Soy una persona supercreativa y rápida. Me encanta la publicidad, la música, el teatro, la televisión. Eso puede concentrarse en una agencia de publicidad y de producción. Eso es lo que voy a hacer. Porque aparte quiero retirarme joven y guapa y no dar pena. El ego tiene que quitarse y debes de- finir etapas de la vida para comenzar una nueva en el futuro. Como tengo tanta energía, entonces tiene que ponerse en cosas positivas.
¿Cuál ha sido tu viaje más reciente por placer?
Fui a Tánger. Conozco muy bien África, pero nunca había ido a la costa de Marruecos. Soy amiga de la familia real y estábamos en un hotel donde ellos veranean. Fue maravilloso ver al heredero del rey que tiene 3 años con sus tres nanas y una enfermera que todo el tiempo lo cuidan. La Reina es una mujer muy joven, políglota; es ingeniero en computación, tiene ojos verdes y es superbonita. Fue maravilloso hacer sobremesa con ellos, porque es un mundo completamente distinto.
Fue como meterte en un cuento...
Fue maravilloso. En el hotel veíamos cada vez que el Sol se ocultaba detrás de España.
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