Estelares
Steve Irwin
por: Luis Diaz
Fuente: Caras

El Cazador de Cocodrilos vino a México en dos ocasiones. Caras te presenta el relato de sus visitas cuando fue invitado a acompañar al biólogo Marco Lazcano, en proyectos de conservación del medio ambiente en las playas de Tampico y Cancún.

Para un hombre que se podía parar frente a la serpiente más mortífera del planeta sin tener miedo o alimentar cocodrilos como si fueran amigables delfines, aquel documental en la barrera de coral australiana iba a ser un juego de niños. Pero de pronto sucedió... Irwin, de 44 años, nadaba demasiado cerca de una mantarraya que al asustarse lanzó su aguijón de más de 15 centímetros justo para encontrarse con su corazón. John Stainton (productor de su programa) y el mar fueron los únicos testigos del trágico momento cuando Steve arrancó la bayoneta de su pecho. Eso fue lo último que hizo. Pero antes de despedirse, Steve Irwin dejó todo un ejemplo para el mundo, el máximo recuerdo de amor para su familia, un sinnumero de cápsulas para sus televidentes y finalmente un legado de sabiduría para sus amigos. En exclusiva te presentamos el relato de uno de sus amigos, el biólogo mexicano Marco Antonio Lazcano Barrero, quien convivió con él en Tampico y Cancún unos días de aventura e investigación entre pantanos, lagunas y por supuesto, muchos cocodrilos.

EL LEGADO DE STEVE IRWIN

POR MARCO LAZCANO

En noviembre del 2002, la Dirección de Ecología del Municipio de Tampico me pidió que asesorara un proyecto sobre cocodrilos en la laguna del Carpintero –inmersa en la ciudad y con una población importante de cocodrilos–, dado que existía una preocupación por parte del municipio en torno a la posibilidad de que surgieran ataques a personas. Fui invitado, debido a la experiencia que tengo en torno a la conservación y manejo de cocodrilos en diversas regiones del país. Y durante los últimos siete años había estado estudiando los problemas de la coexistencia entre el hombre y los cocodrilos en la laguna Nichupte en Cancún, Quintana Roo.

Durante mi primera visita a Tampico en febrero del 2003, me informaron que habían invitado también al Cazador de Cocodrilos, y que llegaría al día siguiente con su equipo de filmación. Para mí fue una sorpresa, dado que yo veía a Steve Irwin como un actor exitoso, un comunicólogo, y tenía mis dudas sobre su experiencia en relación a problemas de conservación de fondo.

Al día siguiente lo conocí. Junto con su equipo de filmación, guiados por el MVZ Manuel Carrera y el Dr. Alejandro Fierro, de la Dirección de Ecología del Municipio, recorrimos los pantanos, así como la laguna del Carpintero. Intercambiamos experiencias e ideas con respecto a la situación de los cocodrilos en la laguna, los esfuerzos en marcha y las necesidades a futuro. Quedé convencido y sorprendido de la capacidad de este hombre. Además de ser simpático y ocurrente, Steve era un conservacionista serio y profesional, tenía muy claros cuáles eran los problemas que aquejan a la fauna silvestre, sus causas y los mecanismos para combatirlos.

NACE UNA LEYENDA
Steve Irwin nació –con todo y sus bermudas color caqui– en Essenden, suburbio de Melbourne, Australia, un 22 de febrero de 1962 (el día del cumpleaños de su mamá). No es difícil imaginarnos cómo era de chiquito: obviamente le encantaba subirse a los árboles para agarrar lagartijas y arañas; sin embargo, comparado a los animales que dominaría años después, esas eran aventuras de lo más light.

Sus padres Bob y Lyn Irwin lo describen como un verdadero monstruo. Su padre (fundador del Quensland Reptile & Fauna Park y a quien Steve veía como su héroe y mentor) relataba: ‘‘Siempre estaba en otro lado, perdido, buscando salamandras... la manera más efectiva de controlarlo era atándolo a un camión...’‘ Así era desde pequeño el Cazador de Cocodrilos. En su sexto cumpleaños le regalaron un bellísimo pitón amarillo de escasos tres metros, ‘‘un juguete cualquiera’‘. En la escuela hizo buenos amigos y logró que se amoldaran a sus preferencias con dientes y escamas. Cuando tenía 9, realizó lo que él consideraba como ‘‘el momento de más orgullo de toda su vida’‘ al capturar su primer cocodrilo, –de nada más dos metros–. Él decía: ‘‘La naturaleza, la vida salvaje, siempre ha sido mi pasión’‘. Su otra afición era el surfing. ‘‘No hay mayor adrenalina que olas de más de tres metros y tiburones blancos a tu alrededor, ¡qué belleza!’‘, decía. Sin embargo, cuando iba a cumplir 20 años decidió tomar su profesión como ecologista y conservador de animales en peligro de extinción muy en serio.

¡CRIKEY MATE! LO TENGO ENTRE MIS BRAZOS
En la década de los 80 decidió actuar y salvar a esas maravillosas criaturas que ‘‘invadían’‘ los suburbios humanos. Se hizo uno con la naturaleza, luchaba mano a mano junto con su primer perro ‘Chili’, un bull terrier con más espíritu y valor que un elefante africano. Llevaba más de 100 cocodrilos capturados antes de cumplir los 30 años y comenzó a sentirse, por momentos, demasiado ‘‘confiado’‘. Su padre le había advertido: ‘‘Si estás demasiado seguro te van a patear el trasero’‘. Y estuvo muy cerca de que eso sucediera cuando, en una ocasión, no pudo asegurar a uno de sus cocodrilos y éste le perforó el tobillo haciéndole ‘‘tres pequeños hoyitos’‘.

A mediados de este periodo su papá le regaló una cámara y comenzó a grabar sus aventuras. Sus dos mejores capturas, que ya se pueden ver en la televisión, fueron ‘Agro’ de 3.65 metros y ‘Acco’ de casi cinco metros, ambos de más de 300 kilogramos, verdaderas hermosuras del ecosistema australiano. Estos estupendos especímenes lucharon ferozmente, Steve comentó que ‘‘eran un poco agresivos’‘. Especialmente con ‘Acco’, el cazador tuvo sentimientos encontrados porque tuvo que remover al rey de su elemento natural –pero lo hizo porque los lugareños querían matar al reptil. Uno de sus momentos de mayor tristeza fue la muerte de su mejor amigo ‘Chili’, el que falleció por una bala que no iba dirigida hacia él, sino a un puerco. ‘‘Fue el mejor amigo de mi vida y murió haciendo aquello que más amaba. Esa perra fue uno de los amores de mi existencia, ha sido el mayor dolor que he sentido...’‘, comentó mientras sollozaba. Lo bueno es que su segundo amor no tardaría en revelarse...

¡QUÉ MIEDO!… ME VOY A CASAR
En 1991 sus padres le entregan el mando del zoológico, el cual ya se llama Australia Zoo y comienza a realizar shows en vivo con los cocodrilos. A uno de sus espectáculos asistió una ecologista de Oregon, Estados Unidos... su nombre: Terri Raines. ‘‘Fue amor a primera vista. ¿Quién puede decir que tiene una foto del primer día en que se conocieron?’‘, comentó ella en una entrevista para Animal Planet . Se casaron seis meses después, en 1992, sobre lo que él mismo comentó: ‘‘Casarme fue definitivamente el momento de mayor pánico de toda mi vida; los encuentros con las serpientes venenosas más peligrosas del mundo no se comparan con aquel instante’‘. De luna de miel viajaron a Australia para grabar el primer programa de lo que se convertiría en una de las series más famosas en el Discovery Network y su filial Animal Planet, Cazador de cocodrilos. Definitivamente, fue una escapada romántica, llena de privacidad –sólo había otras 30 personas con ellos– y tranquilidad –el encuentro entre Terri y la mamba no cuenta–. Gracias a este programa y a su exuberante y apasionada forma de conducir, el Cazador de cocodrilos fue visto en más de 120 países y por, aproximadamente, 200 millones de espectadores. Pero sus aventuras con cobras, mambas negras, cascabeles y cocodrilos no lo prepararían para su mayor aventura... ser padre.

ES UNA NIÑA... Y UN NIÑO
El 24 de julio de 1998, todo el equipo de grabación del programa fue al hospital a capturar otro momento. Pero ahora no tendría que ver nada con cobras o cocodrilos, sería un encuentro maravilloso. Steve agarró aquella cabecita y la jaló, ¡era una niña! Se llamaría Bindi por su cocodrilo favorito y Sue por su segundo bull terrier, ‘Sui’. Al verla dijo: ‘‘Soy el padre más orgulloso en la faz de la Tierra. ¡Vean esta pequeña preciosidad!’‘. El primer viaje de Bindi Sue para buscar serpientes venenosas, fue a las dos semanas de nacida al desierto de Sonora en México. Su segundo hijo nació en diciembre del 2003, Robert Clarence, y su primer acercamiento con los cocodrilos fue con ‘Agro’ al mes de nacido. Muchos pensaron que Irwin había arriesgado demasiado a su hijo; sin embargo, declaró: ‘‘Yo tenía toda la situación bajo control, mi hijo nunca estuvo en ningún peligro’‘. No cabe duda que sus hijos eran sus mayores tesoros y ‘‘la razón por la que fue puesto en la Tierra’‘, pero en su carrera había mucho más.

LA ATRACCIÓN AUSTRALIANA MUNDIAL
Después de Cazador de cocodrilos, Steve cocodrilos y Terri grabaron más de 53 episodios de la serie nominada al desierto de Sonora Emmy Croc Files y una serie del ‘‘detrás de cámaras’‘ de la vida de Steve en su zoológico titulado The Crocodile Hunter Diaries. Con el Diaries dinero que se ganaron por su programa, compraron 60,000 acres de tierra para rehabilitarla y procrear ahí a los fantásticos animales que se encuentran en peligro de extinción como el koala, la tortuga gigante o el dragón komodo. Su otro pequeño oasis, el Australia Zoo, resguarda esas y otras maravillosas criaturas; y en el 2003 le dieron el título de ‘‘La mejor atracción de turismo en Australia’‘. Ese mismo año, el primer ministro John Howard lo invitó a comer barbacoa con el presidente Bush. Un año después, ganó el premio a la Exportación Turística del Año. Nada mal para alguien a quien describen como un ‘‘exuberante’‘. Descubrió una nueva especie de tortuga que ahora lleva su nombre, Elseya Irwini, en la costa de Quensland . Tuvo apariciones en televisión con Oprah Winfrey, Jay Leno y Larry King; actuó en Dr. Dolittle 2, ha sido parodiado en South Park, Los Simpsons, La Navidad de los Muppets y hasta su imagen ha sido puesta a la venta en muñecos con su figura.

SEE YOU LATER, ALLIGATOR
Aunque fue el mismo Steve Irwin quien dejó dicho que su regla número uno era que la cámara siguiera grabando, pasara lo que pasara, ‘‘aun si un enorme cocodrilo está mordiéndome, quiero llegar hasta el final y hacerlo ¡justo antes de morir! Eso sería mi máximo’‘, continúa la polémica entre los que quieren transmitir el video del momento en que murió y los que se oponen. Mientras la discusión sigue, su familia, sus amigos y sus fans no dejarán de recordarlo. Para prueba, basta contar los 17 minutos que fueron suficientes para que se agotaran las 3,000 invitaciones al funeral de Steve Irwin en su zoológico privado.

Los homenajes nunca serán suficientes. No obstante, su familia y los amantes de la naturaleza lucharán porque el esfuerzo de Irwin no haya sido en vano.

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. Foto: Caras

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