A los 17 años uno puede escalar al cielo y descender al infierno cada cinco minutos. Pero a veces el libreto no lo permite: las estrellas deben seguir un guión, laboriosamente labrado por toda esa gente que suele acompañar a un talento juvenil. Para una niña con la adolescencia a cuestas, parada ya en la cúspide de la fama (discos, películas y programas televisivos suman páginas a un extenso currículum), el síndrome de la madurez acelerada no parece un reto sencillo. Pero Belinda, la estrella pop subida a los escenarios de un modo u otro desde sus 10 años, se sacude la presión que implica asociar su nombre a una marca valiosa en la industria del entretenimiento: ella habla sin tapujos, con frescura y busca el sentido en cada cosa que hace, mientras en un día típico su padre se dedica a organizar los detalles de la gira del próximo año, su madre a desarrollarla como un icono de la moda y los ejecutivos de la disquera a organizarle decenas de entrevistas.
Ella sonríe, acaricia a su perrito, cita a Schopenhauer sin haberlo estudiado, extraña sus clases de equitación, evoca a John Lennon, admite haber cruzado por etapas de mucha tristeza, se acerca a Freud a través de su papá, teje alianzas con la soledad, lee a Paulo Coelho, busca días perfectos en que nada esté planeado, coincide con el concepto de tiempo de Salvador Dalí, se declara indecisa, exigente y perfeccionista, compone canciones en español y en inglés, admira a Gandhi, desmiente rumores de un supuesto intento de suicidio, se refugia en Chopin, exhalta al amor, se dice muy mujer, le declara la guerra a la injusticia y a la corrupción en México y sueña con batir su récord personal de 12 conciertos al hilo en el Auditorio Nacional capitalino. Belinda y sus utopías.
Cuando te mueras, ¿qué te gustaría que dijera tu lápida?
Lo más importante que he aprendido es que muchas veces nos pasamos la vida esperando que algo pase y lo único que pasa es la vida, así que hay que vivir cada momento como si fuera el último. Esa es una frase que siempre digo porque muchas veces esperamos un día en especial, llega ese día y no fue como lo esperábamos. Eso me gustaría que dijera.
¿De dónde sale esa frase?
No sé, una vez la vi en un libro, y de ahí la fui como aplicando siempre a mi vida diaria. Yo no sólo lo digo, sino lo aplico; porque muchas veces la gente dice cosas y no las aplica.
¿Lees?
Me gusta mucho leer. A Paulo Coelho, por ejemplo. Mi libro favorito es El Alquimista. También Schopenhauer. Hay una canción en mi disco que se llama ‘‘Never Enough’‘, que se inspira en eso que dijo Schopenhauer sobre que las cosas materiales nunca te van a satisfacer. Siempre se va a querer más y más y más. Yo quería hablar de eso.
¿No importa que Schopenhauer desdeñara tanto a las mujeres?
Pues creo que también Dalí y, de cualquier forma, es una persona que admiro. No tuve la oportunidad de conocerlo, pero sus obras me encantan. Compré una litografía original, firmada, en Barcelona, de un reloj que se derrite. Me fascina porque coincido con ese concepto del tiempo: el tiempo no existe. Para mí son sólo instantes de felicidad...
Hablando del tiempo, tú que empezaste todo esto tan chica ¿no extrañas tener tiempo para ti?
Pues el tiempo para mí (pausa)... mira, si te soy sincera, a veces sí. Pero la verdad es que como de tan chiquita he estado en esto, ya es parte de mí. Mi tiempo ya es parte de mi carrera. Pero claro que a veces extraño a mis amigos.
¿Sabías siempre que serías estrella?
No. Siempre me ha gustado esta carrera, pero uno nunca se imagina lo que va a pasar. Dios nos da sorpresas y oportunidades, y me subí a este tren de vida en el momento preciso. La gente se arriesga o no, y yo lo hice. Al principio mis papás no estaban muy de acuerdo, pero vieron mi interés real y me apoyaron.
Desde que empezaste, a los 10 años, hasta ahora a tus 17, es la etapa en que los niños están metidos en cosas muy distintas a las tuyas. ¿Cómo cambia la dinámica de las relaciones con otros niños? ¿Es difícil establecer relaciones?
Pues es difícil porque a veces la gente te juzga sin antes conocerte y eso es algo que odio, porque sí me ha pasado que hay gente que dice cosas de mí que no son porque no me conocen o por envidia. Durante una época en la escuela (sexto de primaria y primero de secundaria) fue muy difícil.
¿Cómo te mantienes centrada?
Pues yo creo que mi centro es Dios y yo misma. Cada vez que me siento mal o siento que estoy perdiendo algo de mi esencia, trato de concentrarme y de hablarle a Dios. También recurro a la gente que me quiere por quien soy, que es muy poca, y me ayuda.
Lo que pasa es que en tu caso debe ser muy complicado porque te rodea demasiada gente y nunca sabes qué intenciones tienen.
Pero hasta eso que Dios me ha dado el don de darme cuenta rápido. Antes era más difícil, pero ahora me doy cuenta muy rápido y me alejo de esa gente que no me aporta nada bueno.
¿Don o intuición femenina?
A lo mejor también, no ves que las mujeres podemos hacer más de dos cosas al mismo tiempo y los hombres no. (Risas)
¿Y eres muy mujer?
Sí, soy muy mujer.
¿Muy religiosa?
Bueno, yo creo en Dios, pero también creo que a los seres humanos la vida nos pone pruebas y no todo se debe a Dios y a cosas religiosas.
¿Cómo es un día perfecto para ti?
Sin presiones. Un día perfecto es en el que no se planea nada, sin presiones, porque así no puedo funcionar.
¿Hace cuánto que no tienes uno así?
Uy, no sé, creo que el día de mi cumpleaños, de mis 17, que me hicieron una sorpresa. No tenía el día planeado y salió muy bien.
¿Te puedes escapar a veces del mundo?
Ahora sí, antes no. Ahora que soy más grande me dan mucha más libertad en ese aspecto. Y la verdad es que tengo una familia que me entiende y me da esos espacios.
Estás en un escenario con miles de personas gritándote... Piensa en una palabra que describa la sensación.
Intensidad. El escenario es un lugar muy intenso, en el que tu vida pasa súper rápido. Una intensidad increíble.
Cantar o actuar: ¿qué te mueve más?
Me choca escoger. Soy una persona tan indecisa que mejor hago las dos cosas. En varios aspectos soy muy indecisa; tengo que aprender a ser más segura en algunas cosas.
Y a no exigirte demasiado, supongo.
Eso sí, soy muy exigente y perfeccionista; eso siento que está bien, a veces, sin exagerar. Pero sí soy muy perfeccionista, sobre todo con este último proyecto en el cual ya soy más madura y sé lo que quiero y a dónde quiero llegar con este disco, Utopía. Creo que quedó muy bien.
¿Por qué Utopía?
Quise mezclar la cultura con los sentimientos. Hay canciones que escuchas más de diez veces y te das cuenta que no aportan nada, sin ningún tipo de mensajes. Por eso yo hablo de Freud o de Dalí, quizá con la intención de captar a otro público.
¿Compones?
Sí. Las 13 canciones están escritas por mí, dos de ellas en inglés.
¿Por qué en inglés? ¿Para el crossover?
Para mí la música es universal, mucha gente piensa que uno canta en inglés para hacer el crossover. Así lo hacen algunos y lo aceptan; yo no. En mi escuela, el Miraflores, me enseñaron inglés y español, porque el francés lo aprendí con mi mamá y con mis abuelitos, que son de allá. Pero el inglés me encanta, y por eso hice dos canciones en ese idioma.
Sé que lo has desmentido, pero por ahí creció una historia alrededor de un intento de suicidio...
Y ahora con este disco van a inventar más cosas, por una canción que se llama “Amiga soledad”. Muchas veces creamos un sentimiento negativo hacia la soledad.
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