A lo largo de su dictadura (1979-2003), el amo y señor del antiguo imperio de Babilonia dormía en una cama diferente todas las noches. De hecho, el sueño y un lugar fijo para descansar eran los únicos lujos que no le pertenecían. Lo paradójico es que desde hace tres años sólo tiene a Morfeo como su acompañante dentro de las cuatro paredes blancas que lo rodean. Ese es el giro de 180 grados sufrido por Saddam Hussein después de la invasión estadounidense. De comer langosta y caviar importado de Rusia y Europa, ahora come –cuando no está en huelga de hambre– Raisin Bran y Doritos. De tener albercas y nadar a las 3:00 de la mañana, hoy se baña siempre resguardado por un militar y no puede ir en privado ni a su propia letrina. Esta es la crónica de un dictador que lo tuvo todo y que morirá con la esperanza de que su último mensaje ‘‘¡Viva el pueblo, larga vida a la nación, abajo los traidores!’‘ se traslade a una lucha que parece no cesará en un futuro próximo.
JORNADA DE UN DICTADOR
• La madrugada: El dictador despertaba, de acuerdo con Mark Bowden, periodista y autor de Tales of the Tyrant, a las 3:00 de la mañana y lo primero que hacía era nadar. Necesitaba el ejercicio para mantenerse en forma y porque la natación le ayudaba a su espalda –tiene un disco herniado–, aunque, la verdad, poseer una alberca en cada uno de sus diferentes palacios y mansiones era un símbolo más de poder y riqueza –sobre todo viviendo en medio del desierto.
• El tiempo de oficina: Después, por la mañana, se sentaba detrás de uno de sus inmaculados escritorios –el autócrata es un neurótico de la limpieza– que como las camas, por cuestiones de seguridad, estaban dispersos por todo el país, y realizaba varias juntas con sus diferentes ministros y generales donde discutía, nos imaginamos, diversos asuntos nacionales, desde el petróleo y las sanciones hasta la fábrica a la que le tocaba la visita sorpresa –que no tiene nada de sorpresiva cuando llega un centenar de agentes de seguridad antes que el dictador.
• Para chuparse los dedos: Llegaba la hora de comer y los chefs de todos sus palacios se ponían en movimiento. Había que aparentar que podía llegar a degustar sus sagrados alimentos en cualquier sitio, parte de su camuflaje de sobrevivencia. Su comida era importada dos veces a la semana para que estuviera fresca. El menú, detallitos que no cualquier iraquí podía disfrutar: langosta, quesos europeos, caviar, entre otros. Eso sí, antes de ser preparada era revisada por rayos x, científicos nucleares y sus mejores guardaespaldas por si estaba envenenada. El dictador mencionó que prefería el pescado a la carne y que le gustaba el vino Mateus Rosé, aunque no lo toma en público porque el alcohol está prohibido en la religión musulmana.
• Sumergirse entre libros: Cuando terminaba su segunda ronda de juntas en la oficina, se dedicaba a la lectura; le encantaba saber de todo y leía desde el libro de física hasta la novela romántica, aunque lo que más le apasionaba era la historia árabe y militar. También se dedicaba a escribir, incluso ya ha publicado dos fábulas románticas tituladas Zabibah y el rey y El castillo fortificado.
• Antes de dormir: Nunca era tarde para ver un poco de televisión. Le gustaba zappear entre CNN, Sky, la BBC y, por supuesto, Al-Jazeera. De cabecera, sus dos películas favoritas eran The Old Man and the Sea y The Godfather –cualquier semejanza con su vida es mera coincidencia, porque hasta mató a sus yernos por haberlo traicionado.
PENUMBRA DE PRISIONERO
• La decoración: Una celda de 3x4 metros, con paredes blancas –al estilo ‘bienvenido al manicomio’–, con cama, letrina, silla, toalla, algunos libros y una alfombra para rezar las cinco reglamentarias veces al día; ahí se acaban los lujos.
• Buenos días ‘Bagdad’: Creyendo y gritándolo a los cuatro vientos, se despierta como el ‘Presidente de Irak’, ya no a las 3:00 de la mañana para darse un chapuzón, pero sí a las 6:00 para bañarse y saborear sus deliciosos Raisin Bran. Eso sí, cuando le sirven Froot Loops se enoja por el resto del día. Antes de comer, limpia sus cubiertos al estilo Melvin Udall en As good as it gets –recordemos su neurosis por tener todo reluciente.
• Árbol que nace torcido: Afuera cuida de un pequeño jardín y, según lo describe el ministro de derechos humanos, Bakhtiar Amin, tiene una palmera a la que cuida mucho y la decora con piedras blancas alrededor. También, en este tiempo libre, lava su ropa y cuida de los pájaros –únicos visitantes asiduos a su prisión.
• La comida caliente: Después de la salida a su jardín, disfruta de su primera comida caliente: un plato de arroz o papa con brócoli, junto con pescado, carne o pollo –el prisionero rechaza la carne a la hora de la cena–. De postre, hay naranjas, manzanas y peras, aunque al dictador le gustan los Doritos, las galletas o los panqués.
• Trazando sus memorias: Después de la comida, lee el Corán, el cual dice haber encontrado en el hoyo en el que estaba metido, y escribe poemas, uno de ellos, según reportaron los soldados que lo cuidaban y el propio Bakhtiar Amin, sobre su archienemigo George Bush.
• Para que llegue a la horca: Todos los días le realizan chequeos médicos para que no muera antes de tiempo y se encuentre en perfecto estado de salud por lo menos en los juicios y, obviamente, cuando enfrente la soga el día de su ejecución. Este año decidió hacer huelga de hambre por unos meses y a tal grado llegó su enfermedad que le tuvieron que meter una sonda para alimentarlo; dos meses después recibía de pie su condena.
• Que la fuerza te acompañe: La noche siempre es el mejor momento de traspasar sus conocimientos a la juventud que lo cuida. Para el especialista O’Shea, esta frase fue la que más lo marcó: ‘‘Tienes que encontrar una guapa y buena mujer. No demasiado lista, no demasiado tonta. No demasiado vieja, no demasiado joven. Una que sepa cocinar y limpiar’‘. Sabias palabras para un hombre que tuvo una esposa y 20 mil amantes. Por supuesto, no podía dejar de decirles a sus guardianes estadounidenses que, ‘‘él no tenía nada, ningún arma masiva. Él (George Bush) sabe que nunca las encontrará’‘.
• A la camita: Llega la segunda comida caliente, se la come no con mucho agrado, oscurece, toma un libro y espera la monotonía que le brindará un nuevo amanecer. Pero puede que, de ser rechazada su apelación, la pesadez termine pronto.
Y... ¿DÓNDE QUEDÓ LA FAMILIA?
Su primera esposa, porque tuvo otras dos oficiales, Sajida Talfah, podía ir de shopping spree a Nueva York –cuando Reagan era presidente–, Roma, Zurich o París a gastarse unos cuantos cientos de dólares o euros en menos de una semana. Hoy es fugitiva de la justicia iraquí por crímenes de asesinato, robo y tortura. Sus hijos, Uday y Qusay poseían Porsches, Lamborghinis, tenían más de 20 palacios, casas de campo y hace dos años fueron asesinados por soldados estadounidenses.
Su hija Raghad, uno de sus tres tesoros, se casó con Hussein Kamel –asesinado por Saddam por haber traicionado su confianza–. Ahora está, junto con sus cinco hijos, en Amman, protegida por la realeza jordana, dirigida por el rey Abdullah II. Su hija Rana se casó con el hermano de Hussein Kamel, Saddam Kamel, quien sufrió el mismo destino que su hermano al haber traicionado la confianza del dictador. Su hermano Uday las puso en arresto domiciliario porque pensó que tanto Rana como Raghad habían planeado su asesinato. Ahora se encuentra con su hermana mayor en el exilio de Jordania bajo la protección del rey Abdullah II.
Hala, es la menor e hija consentida del gobernante totalitario. Se casó con el general Kamal Mustafa Abdallah Sultan al-Tikrit. En el 2003 se escapó con su madre y sus dos hijos y ahora se encuentra en paradero desconocido.
Artículo publicado en la edición de diciembre de la revista Caras, un mes antes de que Saddam Hussein fuera condenado a la horca por el Alto Tribunal Penal de Irak. Click aquí para leer la nota.
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