Quizá por su ausencia de varios años nos habíamos olvidado un poco de lo guapo que está, pero en breves segundos recuperamos la memoria y nos acordamos de que, además de ser un bombón y toda una leyenda del mundo de la música, a sus 35 años es un tipo reflexivo que carga sobre sus hombros el peso de mil problemas sociales que está dispuesto a combatir. Laura Gamboa Después de poner a bailar a medio mundo con su ‘‘Living la vida loca’‘, de presentarse en escenarios de todo el planeta y de desquiciar a millones de fans con sus movimientos de cadera, Ricky Martin se esfumó durante varios años. Ahora, todos lo sabemos, ha vuelto a la escena. El pretexto ha sido la grabación de un disco unplugged donde canta en vivo algunos de sus temas y aporta tres nuevas canciones. Pero mucho ha cambiado el Ricky que brincaba de un lado a otro con Menudo, quien luego vino a México a triunfar en la tele, en el teatro y en la música, y quien después acaparó al mercado mundial entrando por la puerta grande de Estados Unidos posicionándose como la quintaesencia de la ‘bomba latina’. Él no es el primero ni el último de los artistas en declarar que la fama lo ha contactado con realidades donde se ha transformado y donde se le ha fabricado el deseo quemante de hacer algo por los demás. Tristemente, la vocación altruista a veces parece más una pose de las celebridades del mundo actual. La diferencia entre Ricky y el resto de esta ‘fauna del espectáculo’ es que, ya sea por la mezcla de enojo y dolor con la que habla sobre su causa, o bien, por las acciones concretas que ha emprendido desde hace más de seis años, a él se le nota que, aunque quisiera con toda el alma hacerse de la vista gorda frente a la problemática que padecen los niños a quienes quiere ayudar, olvidarse de ellos es un lujo que no se puede dar ni con todos los millones que ha ganado. ¿Acaso sus canciones, sus conciertos, el cariño de sus fans y todo lo que conlleva el fenómeno ‘Ricky Martin’ es, más que una meta, un medio para lograr un fin de mayor trascendencia según la conciencia de Enrique Martín Morales (su verdadero nombre)?... Precisamente ésa es la sospecha que nos quedó después de platicar con él, aunque bueno, a partir de estas, sus palabras, cada quien puede elaborar sus propias conclusiones.
EL UNPLUGGED: SU PUERTA DE REGRESO
¿Cómo describes el momento profesional que atraviesas?
Estoy en pleno desapego porque tengo una cantidad de emociones dentro de mí que tengo que canalizar. Unas son muy blancas, pero otras son oscuras y tengo que deshacerme de ellas para poderlas ver y lo hago a través de la música. Estoy satisfecho y sin obsesiones, sin la necesidad de ser el número uno, el primero, el mejor, ni vender todos los discos.
Sabemos que estuviste en un receso donde resolviste cosas tuyas. Ahora que en el Unplugged interpretas temas del Ricky anterior, ¿cómo te sentiste de habitarlos otra vez?
Maravilloso. Al principio se me hizo difícil la elección de temas porque la pregunta era ‘¿qué tengo que cantar?’, pero cuando cambié la pregunta a ‘¿qué no tengo que cantar?’, se facilitó mucho más porque hay momentos musicales en mi carrera a los cuales quiero volver y hay otros a los que no quiero regresar ni aunque me paguen la fortuna de la vida (risas). Y no por arrepentimiento ni mucho menos, simplemente porque no quiero volver ahí.
EL CONGRESO: UN NUEVO ESCENARIO
Recientemente hablaste frente al Congreso de Estados Unidos, un escenario muy diferente a los que estás acostumbrado...
Pues ahí es donde mejor me siento el día de hoy. Los últimos seis años mi fundación ha sido mi prioridad porque es tan tétrico, tan horrible lo que está pasando, que dije ‘yo le tengo que llegar a los líderes para que creen leyes que protejan a los niños’. ¿Y cómo podemos proteger a los niños?, pues yo propongo que creemos una ley universal donde los niños sean niños hasta los 18 años. Hay muchos países donde legalmente un niño se convierte en adulto a los 12, y para mí eso no tiene ninguna lógica, porque entonces quiere decir que a esa edad los niños pueden ser explotados sexualmente, pueden trabajar, y yo pienso que a los 12 un niño tiene que estar estudiando y jugando. Por otro lado, el 50 por ciento de los niños que nacen no son registrados, entonces son invisibles, y para los traficantes de humanos eso es lo mejor que puede pasar, porque si un niño no existe pueden hacer lo que quieran con él, pueden desaparecerlo, donar sus órganos, convertirlo en un esclavo. Literalmente yo estoy trabajando en contra de la esclavitud.
¿Qué sentimientos tenías ese día, frente al Congreso?
Tenía muchas ansias pues uno no todos los días está al frente del Congreso de Estados Unidos o de cualquier otro país exigiendo que se creen leyes, pero yo tenía mucho coraje y muchas cosas que decir. Me había pasado casi una semana intercambiando ideas con otros activistas, con personas que están haciendo un trabajo bien fuerte en la calle, que están ahí con las víctimas; y yo me preguntaba ‘¡¿será posible?!’. Por muchos años trabajé en silencio y con mi fundación, pues no quería que se confundiera el trabajo humanitario que hacía. Siempre está la persona pesimista que dice ‘a lo mejor está haciendo eso por llamar la atención de los medios’, pero yo hablé con estos activistas, personas que me decían ‘Ricky, tengo diez años –por decir un número– trabajando con esto y nadie me escucha; loco, tienes que hablar, a ti sí te escuchan’, y bueno, por la convocatoria que me regala la música puedo llegar a las masas, y yo les dije ‘‘bueno, pues prepárense porque voy a hacer un escándalo con esto’‘. Mucha gente me pregunta si tengo miedo, porque al fin y al cabo esto es crimen organizado, y mi contestación es ‘‘miedo tengo a seguir viviendo como estamos viviendo’‘. Entonces creo que en el Congreso me escucharon y pienso que hay cosas buenas sucediendo.
Por supuesto el problema que atacas es terrible, pero ¿por qué te inspira abanderar ese tema en particular?
Hice un viaje a la India donde doné mi tiempo a una organización cuya misión es rescatar niños de la calle. En ese momento pasaba mucho tiempo en India pues estaba estudiando sobre la filosofía del budismo, y ya que pasaba tanto tiempo allá, dije, ‘aparte de los estudios, voy a buscar otras cositas a las que pueda dedicarme’, así que un colega me llamó y me dijo que fuera a ver lo que él estaba haciendo. Para hacer una historia larga, corta, llegué con él a un orfanatorio y me dijo ‘venga, vamos a las calles a rescatar niños’, y esa noche rescaté a tres niñas que en cualquier momento podían ser vendidas a los traficantes para entrar al mundo de la prostitución. Yo no tenía idea de que esto pasaba, y eso que viajaba muchísimo. De ahí empecé a buscar en el internet y me informé sobre la trata de personas, ¡y es bien loco!, es una industria que genera ¡de 12 a 32 billones de dólares! En cuanto a ganancias primero está el tráfico de armas, luego sigue el tráfico de drogas y en tercero está el tráfico de humanos, pero el tráfico de humanos es el que más crece, y las armas se usan, se rompen y se dejan de usar, las drogas se usan y no se pueden usar más, pero un niño puede ser utilizado sexualmente 25 veces al día. Es un dato así de crudo, no tengo manera de plantearlo de una forma más sutil porque es la realidad. Yo sé que de por sí tenemos ya muchos problemas en el hogar o en el trabajo, entonces no quiero asustar al mundo con esta realidad. Lo que yo quisiera es que nos eduquemos y veamos que está sucediendo, y lo peor de todo, que cualquiera puede caer en las redes porque están en todo el mundo.
Hablas de una realidad fuerte y oscura que contrasta con ‘Ricky, el artista’, ¿cómo piensas integrar esta información tan devastadora que ya conoces con lo que conlleva la promoción de tu disco?
Estamos aquí para hablar de mi música y terminé hablando de mi fundación (risas), y es que una cosa alimenta a la otra. Honestamente, si no fuese por la música no hubiese conocido a estas niñas en la India. Me he dado cuenta que mi música simplemente ha sido una herramienta, o quién sabe si una excusa, para lo que de verdad se puede llegar a hacer. No es una persona la que está en el escenario y otra persona la que se va a la India con la barba hasta el pecho a rescatar niños, las dos personas soy yo. Todo eso es parte de mi vida, y es gracias a mi música y mis letras que puedo seguir; por ejemplo, en el nuevo disco hay una canción que se llama ‘‘Asignatura pendiente’‘, y mucha gente escucha la letra y piensa que me estoy quejando de la vida, pero al contrario, para mí esta canción es un despertar. Cuando yo tenía 12 años empecé a trabajar y me fui de mi casa. A esa edad dejé a un lado al niño porque quería convertirme en un hombre de negocios, quería ser un adulto, y luego del trabajo humanitario me he dado cuenta de que hay que estar en contacto con el niño, porque cuando estás en contacto con él tus decisiones son menos compulsivas, menos obsesivas, son decisiones más puras, y esto me lo enseñó el Dalai Lama, por eso mezclo lo humanitario con la música, porque uno va con lo otro.
Después de todo lo que has visto, ¿sigues creyendo en el ser humano y en su capacidad de cambiar?
Definitivamente hemos perdido el valor de la vida, como si el cuerpo fuese un pedazo de carne y ya. Yo me aferro al agradecimiento, porque si no todo sería muy doloroso, porque cuando te pasas una semana hablando con activistas y te metes en un orfanatorio de niñas rescatadas y escuchas sus testimonios, te puedes pasar la vida con odio, sin confiar en nadie. Yo todos los días trato de nombrar diez cosas por las cuales estoy agradecido, cuando voy por la siete, ya tengo una sonrisa porque honestamente ¡tengo días que no paso de la tercera! (risas), pero si voy por la séptima digo ‘estamos bien, sigamos caminando y tratando de hacer una diferencia’. También creo que es importante consentirse, quererse, porque yo soy bien exigente conmigo mismo, por mucho tiempo veía mis fallas más que mis virtudes, y pues no, eso tampoco es justo para nadie.
LA INFANCIA: UNA DEUDA PENDIENTE
Si tuvieras frente a ti al Ricky de 12 años, al que dejaste en Puerto Rico para convertirte en adulto, ¿qué le dirías?
Primero le ofrecería mil disculpas.
¿Crees que no te ha perdonado?
Uy, sí me perdonó, sí cómo no (risas)... Es que en la vida uno comete faltas y hiere a otros, y lo único que uno puede hacer es ofrecer disculpas. Si esa persona te perdona o no pues ya es su problema, pero uno tiene que disculparse. Una vez yo, en mi meditación, le dije al Ricky de 12 años ‘bueno compadre, no fue mi intención pues estaba haciendo lo mejor con mis capacidades en ese momento, yo tenía una misión y era ser artista’. ¿Y además de pedirle perdón le darías algún consejo, alguna guía?
Es que el niño me está guiando a mí. Él sabe más. Frecuentemente me pregunto ‘si yo fuese niño, ¿qué haría en una situación cómo esta?’. Qué romántico suena todo ¿no?, pero sí, yo creo que él es un buen punto de referencia. ¿Y tu niño de 12 años se sigue divirtiendo en el escenario?
Barbaridades. De una forma increíble. Mucho, me gusta el escenario, no sé hacer otra cosa, es lo mío.
¿Con qué otras cosas te diviertes?
Bueno, de vez en cuando una buena motocicleta, de vez en cuando un buen paracaidismo, ¿no? Le gusta lo extremo (risas). De niño como que no le tenía mucho miedo a los motores ni a subirme a los árboles. Me fracturé el brazo un par de veces por estar trepándome a árboles, me caía, me quitaban el yeso y volvía otra vez. Pero no era travieso, era más bien aventurero y activo.
EN LO MÁS ALTO: DIJO ADIÓS
Estabas en el momento de más éxito de tu carrera, ¿cómo se gestó en ti la decisión de decir ‘basta’?
Tenía la obsesión de ser el mejor, el número uno, vender todos los discos del mundo y llenar los conciertos, y esas obsesiones me hacían trabajar y trabajar y olvidarme de todo. No creo haberle hecho daño a nadie en este proceso, pero para mí esta necesidad de llegar a una meta se volvió... no me atrevería a usar la palabra ‘automático’, mmm ¿‘compulsivo’ podría ser?, no, tampoco me atrevería a usar compulsivo... Digamos que no había espacio para decir ‘no’, simplemente era ‘sí’ a todo, era un ‘sí, vamos’, ‘sí, estoy listo’, ‘sí, estoy preparado’, ‘sí, vamos al escenario’, ‘sí, vamos a las entrevistas’, ‘sí, vamos al próximo país’, ‘sí, vamos a romper fronteras’. Tampoco me puedo quejar porque esa actitud me ayudó a encontrar un lugar dentro de la historia de la música, porque creo que con el trabajo que hemos hecho, si se escribiera un libro de la historia de la música, en un pedacito, por algún lado, voy a estar yo, pues rompí fronteras y llevé mi idioma a diferentes partes del mundo. Y de repente me llegó un papel que decía que mi disco en inglés había vendido 18 millones de copias, wow! Fue bien bonito, pero a la vez existe algo de rencor con ese tiempo ¿no?
¿Viste Matrix?
Cuando Neo se toma la Matrix pastilla roja y ya no hay posibilidad de vivir ignorando la realidad que acaba de descubrir, ¿en qué momento sientes que tú te tomaste esa pastilla?
Pues sabes que de ahora en adelante voy a utilizar este escenario que me acabas de presentar, y voy a utilizar la película Matrix como metáfora... Para mí fue cuando vi a esta niña, o a estas niñas en la India literalmente viviendo en una bolsa plástica. Ya no fui el mismo. De la misma forma te puedo decir que no fui el mismo cuando en 1998 fui al carnaval de Río de Janeiro (risas), yo era una persona antes de ese carnaval y luego fui otra.
¿Y qué te pasó ahí?
Pues que nunca había estado rodeado por 500 tambores tocando a la vez. Musicalmente fue un descubrimiento fuerte, donde ya todas mis canciones tienen una influencia, con mucho respeto ¿no? Entonces, de la misma forma que puedo decir de ese despertar musical, también puedo hablar de la India. Al año de que rescatamos a estas tres niñas me encontré con su mamá y me dijo ‘mira Ricky, me pude comprar estos lentes’, claro, porque ¡eran tres bocas menos las que tenía que alimentar, entonces se pudo comprar unos lentes!, ‘I can see you’, me decía, ‘¡te puedo ver, te puedo ver!’, y es cabrón eso...
¿Sigues al budismo como una religión?
No puedo decir que soy budista, porque después no puedo ser nada más y no creo en las limitaciones, estoy abierto a estudiar y a crecer, y si me sirve, me funciona, ¡me lo llevo! Yo leo el Corán, he leído un poquito de la Biblia, he leído lo que venga, lo que me llega. Muchos me preguntan si estoy creando mi propia religión, pero no, sólo estoy cuidándome.
ARTISTA LATINO: SU ETIQUETA ODIADA Ya con la distancia, ¿cómo ves el título que te pusieron de ‘bomba latina’?
Pues muy raro, porque, por ejemplo, yo en México siempre me sentí como en casa, y si iba a la Argentina también me hacían sentir como en casa, en todos lados me hicieron sentir como en casa y no se me veía como ‘el artista latino’. Yo soy latino y llevo mi bandera latinoamericana a todas partes con orgullo, y donde quiera hablo y trato de educar sobre lo que somos, y estamos hechos, pero cuando empecé a trabajar en Estados Unidos en inglés, me convertí en ‘el muchacho latino’, cuando en otros países simplemente era un artista internacional que estaba de visita. A mí no me gustan las etiquetas, mi cabeza no funciona de esa manera, porque al poner etiquetas existen los estereotipos, el cliché, las limitaciones. Y me dicen ‘es que tú has creado la explosión latina’. ¡¿Qué explosión latina?!, la explosión latina estaba aquí desde la colonización (risas), ¿me explico? Y me preguntan a veces ‘¿qué puedes decirle a esos artistas que luego de ti han podido crear un crossover a Estados Unidos?’, les digo ¡mil disculpas, no fue mi intención! (risas).
¿Qué sentimiento te causan estos artistas, les deseas suerte nada más?
No, no, no, espera. Me dan orgullo, porque si ves a Shakira, por ejemplo, es ¡ay! El otro día estaba en Berlín, prendí la radio y estaba ‘‘La camisa negra’‘ de Juanes en la estación pop, y eso me encanta, porque es nuestro idioma, es nuestra gente, es nuestra cultura y eso nos abre puertas para seguir educando de lo que estamos hechos; es fascinante, qué cool ser latinoamericano (risas), y que vengan más, porque somos muchos, no hay límites a la hora de encontrar talento latinoamericano, que puede seducir al Oriente Medio, a África, a Asia, a cualquiera.
¿Te gustaría decirle a estos artistas que buscan triunfar que también se den tiempo para ellos mismos?
Es que no importa lo que yo diga. Ellos van a encontrar una luz, o a la mejor la luz va a estar frente a ellos pero no la verán, ¿no? Yo digo que mi salvación es el silencio, el silencio me da mucha calma, me crea una atmósfera donde puedo encontrar mis ángeles y también mis demonios, y donde puedo limpiar el hogar, mi templo, y me refiero a mi cuerpo. Eso me ha ayudado muchísimo, pero que ellos disfruten lo que están viviendo al máximo...
Visita nuestra fotogalería, haz click aquí
Revista Caras México Estilo Sociedad Moda cine espectáculos