Firmas
Dr. Protokol
por: Dr. Protokol
Fuente: Caras

''Si ver inquisitivamente al prójimo ayudara a perder peso, los restaurantes de ‘moda’ serían más efectivos que los gimnasios.''

Como en los perros, a la humana socialité wannabe le es necesario estar constantemente ''oliéndose'' los unos a los otros, midiendo su ''nivel'', belleza y poder. En este juego doble de voyeurismo existen los que se alimentan más de ver y los que prefieren enseñar. En cualquiera de los casos, esta actividad muestra –como un grito desesperado– la sed de pertenecer.

''¿A que no sabes a quién vi hoy?'' diría la triunfante coleccionista de avistamientos públicos sin saber que es parte del tambaleante club de ''voy a los mismos lugares a los que va fulanita; por ende existo''. Este deporte nacional resulta evidente cuando entra una mujer guapa al recinto y a la sed social se le suma la envidia femenina y el deseo masculino: la revisión es total mientras la pavoneante criatura alimenta su ego con cada zancada.

¿Y qué le ven? Bueno, primero, qué ropa trae puesta; eso denota ''nivel''; segundo, actitud; eso denota aplomo; y tercero, IDDS (índice de deseabilidad social), ese no sé qué que hace que con la simple presencia del personaje llene el cuarto de mágico glamour. Si además sale en Caras y tiene alguna historia reciente, digna de chismear, el pópulo alimentará con creces su deseo visual.

Casi tan superficial como ver es la imperiosa necesidad de ser visto. Típico es el caso del inseguro adolescente que aunque se esté muriendo de gripe, tenga sueño y no le caiga bien el anfitrión convocante, va a la fiesta porque si falta, no sale en la foto, nadie lo ve y no figura. Aún más insólito resulta el adulto omnipresente en todas las fiestas que en respuesta a la pregunta ''soy o no soy'' provoca aparecer en revistas; elige restaurantes por su concurrencia, no por su nivel culinario; se organiza para ser invitado o colarse a las fiestas donde pueda enseñarse y frecuenta destinos de vacaciones donde podría encontrarse a los que ''valen''. Alas –en casi todos los casos– nuestro especímen wannabe no tiene nada particularmente interesante que ofrecerle al mundo.

Al final de todos los análisis sociológicos sobre el caso podemos deducir:

1. El interés desmedido por el who’s who y los detalles de vidas de personas que ni conocemos responde a una triste realidad que espero no sea la suya: una vacía y aburrida vida propia.

2. La sed por ser visto no es más que una muestra de inseguridad barriobajera.

Pero no todos los que ''enseñan'' están en pecado mortal. No. Los artistas, coordinadores de eventos y aquellos que se ganan la vida vendiendo su imagen y que muestran un ''yo'' externo hecho a la medida del mercado, ganan trabajo pero pierden –parcial o totalmente– su verdadera identidad.

¿Qué necesidad hay de firmarse cheques impagables? La gente de arriba (y no me refiero a la cúspide económica) alimenta su interior; no espera que los otros lo llenen. Usted ¿qué juego quiere jugar?

drprotokol@hotmail.com

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. Foto: Caras

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