Fue en un lunch que nos ofreció en una vajilla de Compañía de Indias del siglo XVIII. Jamás olvidaré cuando uno de los meseros se llevó los platos y todos sentimos cómo tronaban los pedazos de porcelana en el suelo, los rompió ¡todos! ¿Cómo reaccionó el Conde? Sereno, con una sonrisa dijo: ‘‘No ha pasado nada’’ y siguió platicando naturalmente. Yo me hubiera desmayado. Pensar que cuando entras a un buen anticuario y quieres comprar una pieza de Compañía de Indias cada plato cuesta 3 mil dólares y ese día el maître del hotel ¡rompió 12! La personalidad del conde de Ganay es arrolladora, mide 1.90 metros, es guapísimo, se viste en Londres, es soltero y siempre tiene novias de gran belleza, pero nadie ha logrado casarlo jamás. Su conversación es fascinante, una cultura extraordinaria y es el “perfect guest”. Lo invitamos a México y vino en 1970 a pasar unos días con la familia Corcuera, en México, D.F., donde mi hijo Luis acababa de nacer y ambos compartían el baño; en Cuernavaca pasamos unos días inolvidables en la casa de mi cuñada Tana Corcuera de Cortina y luego en Acapulco en nuestra casa.
El conde Paul se dedica a sus negocios: por parte de su madre, Rosita Bemberg, son dueños en Argentina de la Cervecería Palermo, tienen grandes haciendas en ese país y hay una en particular que me encanta, al Sur, en San Martín de los Andes, donde ellos organizan unas cacerías de ciervos maravillosas, grandes torneos de polo y llegan invitados de todo el mundo. En Francia tienen dos castillos cerca de París: Fleury y Courances, los dos de gran belleza arquitectónica, donde pasamos varios fines de semana mi esposo Enrique y yo.
Los de Ganay son seis hermanos, todos hombres, uno más guapo que otro, viven entre Francia y Argentina. Paul jugó polo toda su vida, su equipo se llama Courances. Acaba de pasar 15 días en Acapulco con nosotros, en mi casa de Las Brisas; también estuvo en Careyes, donde pasó Año Nuevo. Le fascinó Careyes, las casas, la gente, el clima, el paisaje, no hace más que platicarnos de la maravilla de la costa Careyes y quiere regresar cada año para visitarnos nuevamente.
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