| |  | Firmas |  |  |  | Dr. Protokol: Avión y yate, juguetes básicos |  |  |  |  | por: Dr. Protokol Fuente: Caras
Si todo el mundo tuviera el presupuesto, serían muy pocos los que dirían no a las mieles de los grandes iconos del poder y el lujo: libertad total, motorizada Volar a la isla de Saint Barthélemy, en el Caribe, desde la ciudad de México, sin escalas, en un Grumman Gulfstrem V de ocho plazas, tomando Pinot grigio y comiendo quesos franceses, para aterrizar y embarcar en un navío de 120 pies, con más tripulación que pasajeros, es indebatiblemente el mejor de los placeres terrícolas. Gran cantidad de achievers sucumben ante la posibilidad de poseer un pedazo de mar y cielo, aunque éste sea un proyecto inviable, lleno de astronómicas facturas de gasolina, mantenimiento, pago de pilotos, servicios de amarres en muelles y megatarifas de aterrizaje y despeje. No hay mejor afrodisiaco que el poder y como bien decía Freud, todo lo que hacemos lleva el fin último de seducir de manera física, amistosa o negociadora, o bien buscando pertenecer a un club difícil de accesar. Nunca se puede ser demasiado rica o demasiado flaca, dicta la sometedora frase de sociedad; por la misma ruta, los barcos y aviones nunca pueden ser demasiado elegantes o grandes. Los que brincan al agua fría empiezan por preguntarse, ¿qué importa el costo si la remuneración es gozar a las anchas y volverse el más popular entre los amigos con menos flujo de caja? ¿Cómo no justificar un desembolso –y los que vienen después– si uno mismo se convierte, como los nuevos juguetes, en un producto deseable para ‘‘todos’‘? Subconscientemente, todos sabemos que el verdadero amor es incomprable, pero con estos aliados mecánicos es mucho más fácil conseguirlo. Al verle provisto de semejantes embellecedores, la mayoría de las personas olvidarán su ‘‘naqués’‘, turbio pasado y hasta defectos físicos y psicológicos, para ser suplantados por la pregunta ‘‘¿Cómo haré yo para seducirle?’‘ No todos pueden acceder a ‘‘la grande’‘ pero descuide, hay alternativas. Mi primo Fabián –que siempre vivió iluminado por las glorias de guerra de un tío abuelo piloto que capitaneaba un legendario Spitfire en la Armada inglesa, durante la Segunda Guerra Mundial– compró un avión por correspondencia que armó él mismo y que le costó menos que un coche ‘‘normalito’‘ nuevo. Ni de chiste puede tomarse un martini a bordo, ni viajar más de dos horas a baja velocidad, pero si la pasión es ver el mundo desde las alturas, este es el camino más viable. Si se usa continuamente, también se puede comprar una lancha con cabina, en copropiedad y cómodas mensualidades, similares a la letra de un coche mediano. Si no se tiene la pasión por el agua y el aire pero sí ganas de vivirlos de vez en cuando, la mejor alternativa es alquilar: se usa y se deja sin ningún remordimiento post mortem. Así, con menos desprendimiento financiero, se consigue experimentar la magia de estos vehículos que, aunque no garantizarán sacarlo del bajo mundo, sí lo acercarán a una vida contemplativa de espacio y naturaleza que le darán filosofía y mejor juicio, haciéndolo mejor persona de lo que ahora es. Mar y cielo: una receta infalible para acercarse al Olimpo. Visita nuestra fotogalería, haz click aquí Revista Caras México estilo sociedad mexicana moda espectáculos
|  |  . Foto: Caras
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