El Haras fue construido hace más de 300 años y hay zonas de la casa que datan del siglo XIII. Durante generaciones, la propiedad ha pertenecido a los actuales propietarios, y en el transcurso de los siglos, gracias a una serie de restauraciones ha sido posible alcanzar el actual y elevado nivel de refinamiento. Cuando llegas por primera vez, te quedas sorprendida por los prados, pues sientes que estás viendo un cuadro natural, donde seguramente se inspiraron los pintores impresionistas. Hay una variada e impresionante colección de plantas de orquídeas, las cuales vas viendo florecer y llegar a los distintos salones de la casa, pero lo que más te impacta al llegar es un campo de golf privado, con los greens impecables; y para los invitados que no juegan al golf, ni al tenis, siempre existe la posibilidad de dar un paseo a caballo. Otra cosa que me llamó mucho la atención en este Haras, son las grandes plantaciones de manzanas, cuya cosecha se realiza en diciembre. Vi cómo producían los jugos para hacer sidra, y después de muchos procesos de fermentación aparece el famosísimo y muy fuerte licor de manzana llamada ‘‘calvados’‘ –es una especie de cognac, pero más refinado aún–. De este licor nace el famoso ‘‘Trou Normand’‘, que es un helado (parecido a una nieve sabor licor manzana) que se toma entre plato y plato; el nombre ‘‘Trou’‘, quiere decir agujero, esto es una especie de espacio para poder seguir comiendo. Ir a Deauville, que está a 20 minutos de esta propiedad, es una de las máximas atracciones de Normandía. Ahí se encuentran las mejores y más seleccionadas tiendas del mundo y los restaurantes son magníficos debido a la gran calidad de pescados, mariscos y quesos que se fabrican en esta zona –el mejor es Pont l’Eveque–.
La playa de Deauville es muy agradable, pues caminas por el deck de madera: el aire fresco y las gaviotas te acompañan deliciosamente, y a la vez, gozas los magníficos edificios del Hotel Normandy y el Casino. En Francia, el nombre Deauville nos hace pensar en la imagen de una mujer refinada y elegante caminando por la banqueta paseando un perro miniatura. Las sombrillas del pasado ya no están más, pero los pequeños perros siguen paseando. La ciudad de Deauville se mantiene con sus jardines maravillosos, que florecen todo el año, y por su extraordinaria y sofisticada clientela continúa siendo un punto de reunión internacional de lujo.
Después de dejar este precioso lugar, en el camino de regreso te encuentras la Ville de ‘‘Honfleur’‘, sitio privilegiado donde vivieron grandes pintores impresionistas como: Boudin, Renoir, Corot, Monet... muchas galerías de arte –donde destaca el Museo Eugene Boudin –, un pequeño puerto lleno de flores que huele a lavanda y los restaurantes decorados con cuadros de algunos pintores que vivieron ahí.
Ya acabando la tarde, por el camino de regreso a la casa de la familia Guinness, pasas por la Ville de ‘‘Lisieux’‘, donde visitas el Santuario de Santa Teresita, donde te sientes que estás en la Villa de la Virgen de Guadalupe en México.
Toda la Normandía está pensada para recorrerla y desear regresar pronto, los colores nos recuerdan a la pintura impresionista, los maravillosos verdes, campos de trigo, huertas de arboles frutales, todo esto enmarcado por una extraordinaria puesta de sol se queda para siempre en nuestra memoria.
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