Firmas
Dr. Protokol: Salvar a las calles
por: Dr. Protokol
Fuente: Caras

En estas épocas prenavideñas, cuando el mundo se viste de ofertas, miles de luces hacen resaltar fachadas y aparadores, sólo para evidenciar el desorden estético de nuestras calles y avenidas.

Amediados del siglo XIX, Jorge Eugenio Hausmann, impulsado por Napoleón III, se dio a la tarea de darle a París –la debatible ciudad más bonita del planeta– un claro y uniforme lineamiento urbano que mantiene hasta nuestros días: fachadas armónicas, anuncios reglamentados en tamaño y forma; banquetas perfectamente alineadas y hasta botes de basura pensados para no agredir al ojo educado. No me gusta pecar de malinchista, pero algunos admirables países tienen resuelto este tema con efectivos colegios de urbanistas que se ponen de acuerdo en cómo debe presentársele la ciudad a propios y ajenos. Cuando la máxima autoridad de lineamiento se tambalea, sucumbe ante la corrupción o está simplemente manejada por marsupiales, las calles se tiñen de abusivo mal gusto, provocando irritación artística entre los estetas y fomentando el circulo vicioso de la “naquez” en los desprotegidos de mínimas bases de cromática y proporcionalidad. El buen gusto es uno y uno solo. Un grupo de notables podría reunirse –convocados por la ciudadanía– para frenar el afeamiento al que nos tiene sometidos las incompetentes e intoxicadas dependencias que queridas ciudades.

Plásticos y más plásticos inundan todo: las puertas de las cocheras, anuncios luminosos, toldos de marquesinas, sillas y mesas cerveceras, el Santa Claus inflado con todo y sus renos, las esferas y tiras brillosas... todo, absolutamente todo se hace de plástico. No tengo nada contra este noble y maleable producto que sirve para infinidad de funciones prácticas de la vida; el problema surge cuando se emplea con fines decorativos. Otros fantásticos materiales son el aluminio y el vidrio, pero cuando el marco es dorado y el vidrio tiene la superficie rugosa y otra tonalidad que transparente, la imagen saca chispas de ordinariez.

En México tenemos un uso maravilloso del color para pintar nuestras casas, pero cuando el color es chillón o eléctrico, dan ganas de convocar al FNCMG (Frente Nacional Contra el Mal Gusto) para sembrar un par de detonantes en el edificio ofensor y acabar de raíz con el problema. Gran parte del malestar visual es provocado por las apabullantes multinacionales, sedientas de llamar la atención con espectaculares cada vez más llamativos.

Yo los convoco, querida lectora o lector, a empezar por su calle. Póngase de acuerdo con sus vecinos y arregle el tiradero de basura de la esquina; exíjale al señor que construye que quite su cascajo de la banqueta; pónganse de acuerdo en colores neutros y tenues y pinten sus fachadas en armonía cromática; vuelvan a las maderas, a jardineras limpias de envolturas de miscelánea, a fachadas sin grafitti. Demos a nuestras calles una imagen pulida. Creemos un círculo virtuoso donde las generaciones que vienen se acostumbren a lo bonito y no den por hecho el atropello visual en el que vivimos. Salir de nuestra casa y tomar el conflicto como propio será el primer paso en la reconquista de nuestros tan deteriorados espacios comunes.



. Foto: Caras

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