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Dr. Protokol: Comprar bueno, porque lo valgo.
por: Dr. Protokol
Fuente: Caras

Las marcas reconocidas como buenas valen lo que valen gracias a que han logrado convencer a las aspiracionales masas de comprar, a meses sin intereses y compulsivamente, los grandes detonadores de estatus.

Al nacer, todos venimos desnudos. A las pocas horas, sin embargo, ya estamos arropados con el mundo al que nos tocó llegar. Es innecesario argumentar que es mejor toparse con un ropón de seda o lino, cucharas de plata de Christofle y la herencia de una familia respetada, que con una cobijita de poliéster, vasos de unicel y serias dudas de quién es el verdadero autor de sus días. O sea, el amor por ‘‘lo bueno’‘ empieza a asimilarse al inicio de la vida, aunque perfectamente puede aprenderse por el camino, si la generación de arriba no aportó el suficiente roce de sofisticación. Entre más se esté en contacto con calidad en ropa, mobiliario, joyas y relojes, buenos vinos, el gran mundo gourmet, coches, clubes y hasta en la manera de viajar, más se hacen indispensable vivir ‘‘bien’‘, y esto, tiene su precio.

El gran problema que representa ser adicto a la calidad es que el flujo de caja necesario para satisfacer este vicio no sólo es elevado sino que crece, y crece más, mientras la carrera por tener lo mejor de lo mejor se sofistica. Tener una bolsa Kelly de chez H, la maravillosa maleta LV, El reloj blanco de C y los trajes couture de V, son autocomplacencias costosas que ayudan a resolver –o hacer menos importantes– las dudas sobre nuestra vulnerable humanidad. La lista anterior únicamente se complementa con volar en primera clase –o Lear Jet propio–, circular sentado en deliciosos asientos de piel de coches con pedigrí, beber el mejor vino que se encuentre y ser miembro del club correcto donde están los otros AAL’s (Adictos Al Lujo). Money calls Money, dice el dicho, y contrariamente a lo que dicta la regla física de la atracción, + atrae a + y rechaza a -. La tesis es que el paso por el mundo es tan breve e inexplicable, que si éste puede llenarse de cashemere, lino, buenas pieles, ingredientes de primera, coches del top 10, equipos de sonido y cómputo al día, objetos bonitos y piezas de arte de las cuales se enamoró y adquirió, más llevadera se hace la duda existencial. Mientras la acumulación de trofeos sea para el hedonista goce personal y menos para que los otros lo acepten, mejor estará jugando el juego de la clase. Tener la habilidad de hacer dinero (lícito, hopefully) y saber cómo consentirse, será crucial para estimular el círculo virtuoso de la estética y la valoración propia. Entre más me quiero, más me consiento. ¿Me merezco buenas cosas? Sin duda.

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. Foto: Caras

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