por: María Joaquina Fuente: Caras
En pleno furor de fin de año, todos pensamos en dar y recibir. Pero antes de caer en el ataque de compras sin control, pensemos: ¿qué es mejor?, un regalo de Champs Elysées o la Quinta Avenida, o el que viene del corazón de los que más queremos. Mis queridísimos lectores, ya pasó otro año y estamos a nada de celebrar las divertidísimas fiestas decembrinas, de festejar un año más en esta tierra, brindar por el que viene y, por supuesto, de ver montañas de regalos debajo del árbol (bueno, eso espero) y descubrir en su interior regalos caros o carísimos. También estamos a nada de las ventas nocturnas, del shopping descontrolado buscando ese detalle que hará feliz a tu hijo, a tu esposo, a tu novio o a tus papás. Y es que ¿a poco no?, desde uno o dos meses antes de que sea Navidad, una ya está pensando qué va a regalar o qué le van a regalar, y por si se te llegara a bajar el ánimo, las tiendas te lo recuerdan con los múltiples arreglitos navideños que –desde noviembre o antes– decoran los anaqueles. Ya estando ahí, al borde del ataque de compras, lo primero que uno piensa es “si es de marca, mejor”, aceptémoslo; en nuestras cartas a Santa Claus siempre ponemos cosas como anillos de Tiffany, bolsas de Louis Vuitton, un viaje a Bora Bora para año nuevo y otras cosillas, pero yo los invito a meditar realmente y a preguntarse: ¿me hacen feliz esos regalos? Porque una cosa es ponerse contenta por algo material, pero las veces que más gusto me ha dado recibir algo no fue por su valor monetario sino por su significado. Por ejemplo, la última Navidad de mi abuelo él me regalo un peluche que, les juro, habrá costado –en aquella época, no que vaya a revelar mi edad– unos 50 pesos, a lo mucho. No obstante, es, hasta ahora, uno de los regalos más emotivos, por quien me lo dio. Y lo mismo puedo decir del tiempo, que ni siquiera es un obsequio constante y sonante, que me otorgaron familiares y amigos en algunos momentos difíciles. Eso sí que no tiene un precio, sino un gran valor. A pesar de eso, es curioso, yo, muchas veces, he caído en ese materialismo donde las cosas se aprecian más si provienen directamente de Champs Elysées o de la Quinta Avenida y no los voy a engañar. La verdad, ¿no me digan que no les encanta esa bolsa Ferragamo último modelo o la chamarra Burberry? Yo sé que a mí sí, pero, no obstante, a veces creo que nos enfocamos demasiado en el regalo y perdemos la perspectiva de todo lo demás, incluso del porqué estamos regalando. No sé si ustedes piensen lo mismo, pero ya estamos en un punto donde damos nada más en automático. Es Navidad y tengo que dar algo espectacular para decir cuánto significas para mí. No importa si la regué en todo el año, me porté pésimo con mi pareja, me saqué las peores calificaciones y les hice sudar la gota gorda a mis papás, ni modo, todo lo compensa el superregalo carísimo porque en el gran día de ‘dar y recibir’, todo se perdona con algo así de increíble. Por lo menos, eso hemos llegado a pensar, ¿o me equivoco?, porque en estas fechas se detonan a la quinta potencia las ganas de regalar. Es tal nuestra confusión que nunca falta la persona a la que le regalas un detalle, no caro, pero especial, lo ve, dice “gracias” y lo relega a un lado. Pero eso sí, que no tenga junto las llaves de un coche último modelo porque agarra a besos hasta al vendedor. Por ello, con todo esto quiero decirles que no importa tanto el dinero que uno gaste en el regalo, sino el porqué lo damos. Y lo mismo sucede cuando nos dan a nosotros algo, no importa cuánto se hayan gastado en él, sino cuánto pensaron en nosotros y en lo que significa. Es más, si no hay regalo, no hay nada como un abrazo y la presencia misma de la persona para estar agradecidos. Nuestro mundo está lleno de dinero y placer instantáneo que ciega al hombre y lo convierte en un ente egoísta. Buscamos en lo material salidas falsas a la felicidad y al amor. No se preocupen, siempre es un buen momento para cambiar y darnos cuenta de que valemos por lo que somos y no por lo que damos o recibimos. Así que disfruten de estas maravillosas fiestas con sus seres queridos. ¡Besotes y estén listos para comenzar la celebración! Visita nuestra fotogalería, haz click aquí Revista Caras México estilo sociedad mexicana moda espectáculos
|  |  . Foto: Caras
|