Las horas atrapados en el tráfico, los baches, la corrupción, los engorrosos trámites y la inseguridad son algunos de los males citadinos que no existen en Vancouver, la tercera ciudad más importante de Canadá calificada, por segundo año consecutivo, como la tercera mejor ciudad del mundo para vivir, después de Zurich y Ginebra. Casi no nieva en invierno y el calor no es extremoso durante el verano. Llueve, eso sí. Más de 190 parques, sumados a innumerables calles arboladas alientan a sus habitantes a caminar de un lado a otro. Cientos de kilómetros de ciclovías y estacionamientos especiales hacen de la bicicleta un medio de transporte habitual. Metro y autobuses conforman una red de transporte muy eficiente. Se le considera una de las urbes más innovadoras. Hay infinidad de programas sociales y comunitarios, para niños, jóvenes, gente de la tercera edad... ¿Suena al paraíso? Sí, claro. El detalle está en que, en ciudades con el nivel de calidad de vida como ésta, los reglamentos, a diferencia de los nuestros, sí se hacen valer y acarrean onerosas multas a quien no los cumple. Así sea por el simple hecho de cruzar la calle por donde no se debe (justo a la mitad), por no recoger los desechos de nuestra mascota o hasta por hacer más ruido del debido (¿una bacanal casera?, imposible).
Cuestionados por Caras, este par de mexicanos Caras nos lo asegura: Vancouver es una delicia.
KARINA VELASCO
Desde hace más de un año, Karina y su esposo viven en un apartamento en pleno centro de la ciudad canadiense. Ella estudia actuación y él produce y graba su música. Aunque no descarta volver algún día al D.F., para Karina, vivir en esta ciudad canadiense ha sido una gran experiencia. ¿Reglamento imposible de cumplir? No realmente, aunque un poco de flexibilidad no estaría mal.
Ser una de las ciudades con mejor calidad de vida no es un rango que cualquier ciudad pueda obtener. Además, Vancouver le ofrece la bienvenida a la gente immigrante que desea pertenecer a ella. Así que me di la oportunidad de vivir en un lugar en el que hay mucha naturaleza, en el que existe una conciencia ecológica fuerte, ya que es de las ciudades más limpias del mundo, la sociedad es totalmente multicultural y todas las razas y religiones viven respetándose unas a otras y en gran armonía. Existe una gran calidad de vida, hay mucha seguridad y se siente una paz increíble, a pesar de ser una ciudad en crecimiento y muy cosmopolita.
Adaptarse a la nueva serie de reglamentos no fue difícil, ya que cuando ves que son para mantener un orden, respeto y calidad de vida, son fáciles de seguir, aunque a veces me gustaría que la gente fuera un poco más flexible. Por ejemplo, un día estacioné mi coche en un parquímetro, llegué tres minutos tarde a echarle otra moneda y me pusieron un ticket de 30 dólares; la ventaja es que en esta ciudad te hacen todo más fácil, no como en México, así que llegando a mi casa me metí a internet y lo pagué. Nada de ir a ningún lugar ni de mordidas; el único contacto que tienes con la policía es el ‘‘buenas tardes’‘.
Todo es cuestión de adaptarse y del tipo de educación recibida en casa. Algunas normas, como el entrar al mall y que te multen por no comprar, no creo que sea cierta; ocho meses al año llueve y la gente pasea en esos malls subterráneos y muchos de ellos no compran. Acerca de los límites de velocidad, efectivamente en la ciudad es de 50 km y en carretera de 80 a 90. Sacar tu licencia es un rollo, los exámenes son superdifíciles. ¿Volvería a vivir en la ciudad de Mexico? Nunca hay que decir ‘de esta agua no beberé’, más si es tu ciudad, con tu familia y raíces. México podrá ser muy caótico y corrupto, pero nuestra cultura y ciudad está viva, algo que le falta a Vancouver, que podrá ser precioso, pero le falta ese sabor. Aunque me costaría mucho trabajo volverme a adaptar a respirar contaminación y a vivir la mitad de mi día en el caos del tráfico.
SERGIO TOPOREK
Tiene 36 años y se mudó a Vancouver hace 10, luego de visitar a unos amigos que vivían allá. Una semana con ellos le bastó para enamorarse de la ciudad. Un par de años luego de mudarse conoció a una niña de Laos, con quien vive desde entonces. Acá se dedicaba a diseñar portadas de cd para artistas como Café Tacvba o Luis Miguel, pero desde que radica allá también trabaja en algunas campañas publicitarias y da clases en el Vancouver Film School y el Emily Carr Institute of Art and Design.
El cambio de ciudades ha sido complicado, no tanto por la diferencia de reglamentos, sino por las diferencias climatológicas y culturales. Es un mito que Vancouver tenga un reglamento tan estricto, de hecho es una ciudad en la que, sin problemas puedes estar fumando mariguana al lado de un policía. También es un mito que te multen por no comprar en un centro comercial. El reglamento que existe en la ciudad se basa en un gran respeto por la naturaleza, así como en promover un mejor entendimiento entre todos los habitantes. Hoy estoy contento en Vancouver, sin embargo, sí extraño a mi familia y amigos (y la comida por supuesto).
México sigue siendo uno de mis lugares favoritos, después de todo, ahí nací y crecí, y en mi mente siempre será mi casa. Por los serios problemas ecológicos y de seguridad que enfrenta el D.F. no me gustaría volver a vivir ahí, pero me encanta ir de visita y con todo gusto me mudaría otra vez a México, pero a algún lugar en provincia.
Orden, ante todo
He aquí algunas de las normas contempladas por el reglamento cívico de Vancouver, mejor conocidas como By-Laws, que quizá más de un mexicano encontraría difíciles de cumplir:
•El límite de velocidad para transitar por cualquier vía es de 50 km/h; en zonas escolares es de 30 km/h y en callejones aledaños a casas y edificios, de 20 km/h. La multa por violar el reglamento de tránsito va de los 50 a los 2 mil dólares canadienses.
•No en todas partes está permitido estacionarse. Además de que no se pueden bloquear hidrantes, pasos peatonales o paradas de autobús, hay zonas exclusivas para el uso de los residentes de la manzana o cierta área.
•Las tareas de jardinería deben hacerse únicamente dentro de los horarios permitidos; y en los lugares públicos, hacer ruido no es cosa fácil, pues hay muchas limitantes.
•Si eres un habitante común y corriente, no puedes tener más de tres perros; y por cada uno hay que pagar una cuota anual de 65 dólares canadienses. Tener mascota también implica no poder soltarlo en la calle, dejarlo sin vigilancia y recoger sus desechos. De lo contrario puedes pagar entre 250 y 2 mil dólares.
•Echarse una ‘cascarita’ no puede ser en cualquier zona, así se trate de un parque, pues hay zonas designadas para ello.
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