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Los nuevos ricos de Moscú
por: Simon Nicholas
Fuente: Caras

Rascacielos impactantes, mujeres coloridas de pies a cabeza, grandes centros comerciales, exclusivos bares y hoteles... Lo que sea con tal de formar parte del mundo que les estuvo vedado hasta hace 15 años.

Mientras los rascacielos se elevan al más puro estilo Manhattan, los espectaculares y el bótox son las señales más claras de un nuevo Moscú. La economía está floreciendo y L’Oréal es el nuevo Dios. Pero, ¿qué puede decirse sobre la moda de las mujeres rusas? Tras ver a las jóvenes citadinas taconeando por la Plaza Roja cual versión barata de Paris Hilton (si eso es posible), uno no puede dejar de cuestionar los gustos locales. Perdiéndose a través de GUM, la tienda departamental más exclusiva de la ciudad, no se le ve fin a la masa de moscovitas con cabello desteñido, implantes de seno y una aplicación, más allá del exceso, de productos cosméticos. Parece ser que hay dos razones para tal exageración femenina. Una es el efecto de haber estado décadas bajo el régimen comunista, donde los únicos colores permitidos eran el gris y el rojo –ropa y política, respectivamente–.

Cuando se desplomó la Unión Soviética y el mercantilismo inundó el vacío formado, L’Oréal se aseguró de que las caras llevaran el color más allá del reconocimiento. Los espectaculares aparecieron por todos lados, así como los vestidos. Pero también hay otra razón para la predilección de Moscú por mujeres ligeras de ropa: los hombres. Para los estándares europeos, las nociones de género son todavía conservadoras en Rusia, incluso en una ciudad tan cosmopolita como ésta. La sociedad es tradicional y patriarcal cuando se trata de los roles masculinos y femeninos.

Aquí, los hombres son hombres y las mujeres se enorgullecen de ello. Cada año, el 8 de marzo, Rusia celebra el Día de la Mujer. De hecho, es una celebración internacional establecida por las Naciones Unidas para festejar a las mujeres y sus logros sociales, pero en ningún lado del mundo esa fecha se conmemora con tanto brío como aquí. Se acostumbra darle a las mujeres regalos y flores en gratitud de su arduo trabajo y devoción a sus maridos. Sí, suena más al Día del Hombre. En lugar de celebrar a la mujer por quien ella es, se tiende a reconocer sus ‘logros’ sólo en relación con lo que hace por el sexo opuesto. Sin duda, esta es otra razón por la cual las mujeres rusas tienden a enfatizar su femineidad: es un requerimiento para ellas. Las faldas cortas están in; el cabello corto, definitivamente out.

Pero hay esperanza para aquellas desviadas por los deseos masculinos, representada por una trayectoria de choque con el caos de moda y cosmético. Viene en la forma de Igor Chapurin, el diseñador de moda estrella de Moscú. Chapurin abrió su casa de alta costura en 1996 y fue galardonado con el Maniquí de Oro tres años después. Tiene múltiples boutiques en la capital y sus creaciones habitan las pasarelas de París y Milán. En una publicación de la revista de moda FashionWATCH, él mismo defendió los FashionWATCH cambiantes gustos nacionales: ‘‘La imagen de que a las mujeres rusas les falta gusto no es justo, para nada’‘. ¿En serio? Consciente de la necesidad de explicarse añade: ‘‘Nuestros diseñadores necesitan alejarse de las cosas coloridamente rusas. Necesitan rechazar ese estilo kitsch’‘. El buen gusto, los diseños de clase mundial y los textiles de calidad están reemplazando a los corsés y los ligueros rojos que realmente sólo pertenecen a una vitrina de Ámsterdam.

Un área cultural de la vida donde las nociones de sexo y sexualidad están comenzando a ser desafiadas es en la industria musical. Ciertamente hay artistas en el mundo del pop como Alsou, que están tratando de convertir el talento de una ‘sucia’ Christina Aguilera en un ama de casa bien portada y reluciente. Pero hay un número creciente de mujeres rockeras, quienes con sus atuendos grunge, provocadoras presentaciones y malas palabras está tratando de borrar la tradicional imagen de las rusas. Cuando las jóvenes de 16 años Julia y Lena, del dueto t.A.T.u., explotaron en la escena internacional popera como dos lolitas lésbicas en el 2000, no sólo provocaron un shock en Londres y Tokio, también ayudaron a echar abajo algunos de los prejuicios del público joven, más homofóbico y conservador que en otras latitudes del continente europeo.

Lo cierto es que la rica vida cultural moscovita está encontrando formas de expresarse gracias a la apertura política del país, aunque ‘El Gran Hermano’ siga vigilando tras las murallas del Kremlin. Una de las celebridades de la máquina cultural es Fyodor Bondartchuck, un hombre que parece estar ‘hasta en la sopa’. Es el fundador del Art Pictures Group, una de las primeras compañías productoras de Rusia especializada en la creación de comerciales y videos musicales. También es actor, director de películas, presentador de televisión y dueño de un popular restaurante, el Vanilla.

Desde el año pasado también se coló en los libros de récords por hacer historia en la industria cinematográfica. Su película más reciente, Ninth Company, sobre seis adolescentes que se enlistan al ejército y terminan peleando en Afganistán, fue todo un éxito de taquilla al recaudar más de 20 millones de dólares y ser vista por cinco millones de personas durante sus dos primeras semanas en cartelera. Y es que la guerra para quitarle a los Mujaidín el control de Afganistán en los 80, la cual le costó la vida a más de 15 mil soldados, todavía es motivo de vergüenza. Pero Bondartchuk decidió que era tiempo de restaurar el honor de los soldados a través de un filme que muestra a los jóvenes como héroes –el cual fácilmente compite con el patriotismo estadounidense.

Este año, el cineasta hizo equipo con el fotógrafo y antiguo bailarín del ballet Bolshoi Vladimir Glynin para el proyecto Vremya Nastoyashee I Ego Geroi ( Nuestro tiempo y sus héroes) –una colección de 115 retratos fotográficos de figuras rusas importantes–. La exhibición se inauguró el verano pasado en el Pasaje Novinskii y acudieron docenas de celebridades televisivas y políticas. La alfombra roja es, relativamente, otro concepto nuevo. Se extiende en el Festival Internacional de Film de Moscú realizado en el Palacio de Film, llevado a cabo por primera vez en 1935, y el segundo más antiguo a nivel mundial después del de Venecia. En este prestigioso evento, los actores más aclamados recorren la alfombra, cual estrellas de Hollywood, con la esperanza de llevarse un San Jorge dorado (el equivalente al Oscar).

En las Montañas de Lenin, que hoy día llevan el nombre menos político de Colinas de Cuervo, los villanos y víctimas de la moda se reunieron recientemente para celebrar el décimo aniversario de la edición rusa de la revista Elle. La Elle marchita ex estrella de rock Zhanna Aguzarova estuvo ahí, escondiéndose detrás de un par de lentes oscuros y envuelta en una bufanda. ¿Estaba tratando de esconder su más reciente cirugía o sólo es tímida? Como tantas otras cosas en Moscú, el choque entre lo viejo y lo nuevo puede ser difícil y discordante. Desde el lugar donde la fiesta se efectuó, los invitados tenían una vista asombrosa de la Universidad Estatal Lomonosov – producto del socialismo clasista y una de las ‘catedrales’ de Stalin–. En dirección contraria, se apreciaban los rascacielos estilo Manhattan alzándose hacia arriba del río Moskva, así como el futurista hotel de cinco estrellas Swissotel y su Sky Bar de 140 metros de altura, con una de las vistas más fantásticas del Kremlin.

Más evidencia de la lucha de la ciudad para estar al corriente del Primer Mundo son las cuadras repletas de penthouses Riviera, los modernos centros de congresos y la central de IBM. Si se mira en dirección contraria, se apreciará la arquitectura soviética del Hotel Ucrania y la central de Duma. Para los jóvenes moscovitas y los nuevos ricos, la vida en la metamorfizada metrópoli es dulce y lujosa. Para los habitantes con más edad, los pordioseros babushkas y el legado arquitectónico de Stalin son recuerdos de una era muy diferente.

Para los turistas, el choque de culturas puede ser desorientador. Comienza cuando cruzas el Prspekt Marksa, rumbo a la Basílica de San Basilio. Caminas a través de cantantes de pop que nunca antes han sido escuchados, pero que están dando un concierto improvisado en el parque. Las mujeres mayores –ya sin horario preestablecido para comprar pan– ahora gastan su tiempo vendiendo muñecas de madera pintadas a mano, conocidas como Matryoshkas, mientras dos hombres, réplicas exactas de Lenin y Stalin, esperan afuera del Kremlin a los turistas japoneses que buscan esa fotografía especial para llevársela como souvenir sobre su viaje a Moscú. Cruzando la Capilla Iverskaya, con el Icono de la Madre de Dios en las Puertas de Resurrección, lo primero que atrapa la atención no es el colorido de las torres de San Basilio, sino un espectacular gigante anunciando los relojes Rolex.

Junto a éste, dos monjes budistas con sus trajes color azafrán y sus sandalias están tomándose fotografías el uno del otro. Eventualmente, se llega a la atracción más famosa de Moscú: GUM. Y, por supuesto, a la catedral construida por Iván el Terrible en el siglo XVI, la cual se añade al mosaico de confusión al ser un símbolo de las influencias europeas y asiáticas en Rusia. Se estima que un quinto de la población moscovita vive por debajo de los límites de pobreza. A pesar de ello, la brecha entre los ricos y los pobres continúa expandiéndose en esta metrópoli con diez millones de habitantes. Moscú es la ciudad más cara del mundo y, después de Nueva York, tiene la más alta concentración de millonarios.

Algunas zonas de la ciudad están bajo desarrollo, como la ‘Ciudad de Moscú’ –también conocida como el Centro de Negocios Internacional, localizado en el área de Presnya–. Se espera que la construcción del proyecto, con un área de un kilómetro cuadrado, atraiga negocios e inversiones de todo el mundo. Cuando se termine, será un lugar donde los más millonarios vivirán, trabajarán y encontrarán entretenimiento. Como símbolo de la lucha de Rusia para competir con Nueva York y los tigres de Asia, la Torre Rusa se proyectó con la intención de ser el edificio más alto del mundo, aunque aún está por construirse. Ahora que los inversores finalmente se han encontrado, la fantasía arquitectónica que ha estado en planeación por más de una década será un hecho en 2010. La menos ambiciosa, la Torre de la Federación, estará completa el próximo año y será el edificio más alto de Europa.

¿Pero qué hacen los rusos ricos nadando en rublos? Podrían pagar la membresía anual de 2 mil 500 euros de su centro de ejercicio de primer mundo –el más grande y exclusivo de la ciudad–. Fotografías deportivas de la era soviética decoran las paredes, mientras que jóvenes aburridas matan una hora en sesiones spining. Parte del tiempo efectivo que se va en el aburrimiento puede ser aprovechado en el Petrovka Shopping Arcade, donde las tiendas de diseñadores y las boutiques prometen una fuente infinita de Prada y Gucci. Si de casualidad uno se clasifica como persona VIP, se puede ser miembro del club de yates Gals y asistir a la Regatta de Moscú. Aquí, en una reserva, el círculo de millonarios compite para ver quién tiene el yate más grande amarrado en las aguas de la mayor fuente de agua potable. Otro lugar in es el club ecuestre Otrada. Aquí sólo asisten los más ricos: hombres fumando puros y mujeres con sombreros estilo Ascot y frentes sin arrugas sorbiendo champaña y comiendo fresas. Vamos, la créme-de-la-créme de la socialité moscovita.

Si se cuenta entre quienes disfrutan observar mujeres desnudas columpiándose en un trapecio, el Golden Palace es el lugar para hacerlo. En este lugar, el entretenimiento se enfoca en un espectáculo de circo erótico –las estrellas son las Golden Girls, quienes pueden ser vistas y admiradas todas las noches–. Es el encuentro de Playboy con el Circo Estatal de Moscú. Si no se está satisfecho viendo a las mujeres acróbatas, también se las puede ver bañándose después del show. Esta es tan sólo una de las opciones de entretenimiento de buen gusto que ofrece la intensa vida nocturna. En el Dolls, el primer club de strip-tease que abrió sus puertas hace casi una década, vemos hombres de negocios con problemas de dinero y sus esposas, que despilfarran su cuenta bancaria. ‘‘El 90 por ciento de estas jóvenes Ivanas e Irinas tiene una educación universitaria’‘, señala el director del club Dimitri Zakharov.

El Casino Korona, en el Nuevo Arbat, ofrece un pequeño sabor a Las Vegas, mientras que el Vodka Bar ofrece un diferente tipo de experiencia. Las mujeres más atractivas de Moscú reciben invitaciones al exclusivo antro Diaghilev y atrapan contratos de modelaje con agencias como Point, cuyos agentes están siempre en la búsqueda de talento en los antros de la ciudad. Diaghilev es también el lugar adonde las jóvenes –estudiantes de negocios, periodismo y política– asisten de día y buscan maridos potenciales de noche –más grandes, ricos e influyentes. Cuando se trata de las delicias gastronómicas de Moscú, no todo es blinis (pan con el que acompañas al caviar), pelmini y borscht. Mientras que el caviar siempre ha sido popular, muchos jóvenes prefieren ahora al pez que puso dichos huevos. El restaurante japonés Seiji ofrece un sushi supremo, así como el mejor pollo teriyaki de la ciudad. Para una noche más tranquila, el lugar para observar la agitada vida nocturna es el Sky Bar del Swissotel, donde puedes disfrutar de un Ruso Alto y Negro –el coctel.

Los moscovitas con dinero son el verdadero poder que mueve la economía, incluso si está coludido con corrupción, nepotismo o mafia y dirigido por un presidente que quita los almacenamientos de gas a otras naciones para impulsar precios más altos y que acaba con compañías con demasiado poder político, enviando sus CEO’s a Siberia. Los nuevos ricos de la capital rusa tienen dinero, pero no confían en él. Prefieren acumular riqueza material –las generaciones más grandes tuvieron la mala experiencia de despertarse una mañana y ver que los ahorros de su vida se convirtieron en nada de la noche a la mañana–. En tan sólo 15 años, desde que cayó la cortina de hierro, Moscú se ha renovado. Es ‘‘au revoir tristesse’‘ (adiós a la tristeza) y ‘‘ bonjour economía floreciente’‘. Gas a precios elevados y niñas de escuela lesbianas sobrevaloradas son tan sólo el principio. ¡Cuidado: vienen los rusos!



. Foto: Caras

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