Desde que me quede viuda vivo solo para trabajar y poder darle una carrera universitaria a mi hijo Eduardo... él es mi orgullo. En cambio Sebastián, ese es un bueno para nada, un vago que solo sabe dar problemas.
Me choca que Eduardo lo quiera tanto, lo idolatra pues cree que son hermanos cuates.
A estas alturas de mi vida conocí a un hombre que me alborota todita, Ricardo Sandoval, un caballero que me llena de ilusión.