La arquitectura, considerada una de las bellas artes, se convierte en un auténtico libro de historia de los pueblos que la producen. Es una de las expresiones del hombre que ha estado presente en toda sociedad concreta. En consecuencia, su producción obedece en mucho al comportamiento económico, político e ideológico de cada sociedad. A lo largo del desarrollo histórico de la humanidad, el espacio arquitectónico (y el urbano) producido, corresponde estrechamente con el modo de producción de una sociedad determinada.
Las condiciones sociales, aunadas a las condiciones físicas (temperatura, precipitación pluvial, topografía, orientación, etc.) de cada región del globo, condicionan sustancialmente la forma, el tamaño, la altura e incluso, los materiales utilizados en cada edificación.
A través de la forma arquitectónica podemos ubicar y conocer los diferentes estadios de desarrollo alcanzados tanto por la población en general, como de los propios usuarios o habitantes del edificio en particular. Es indispensable señalar que en todas las culturas, la pintura y la escultura han jugado un papel sumamente importante en la arquitectura, al grado de que por el empleo específico de éstas, se ha designado a ciertas corrientes o estilos arquitectónicos.
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