Para los artistas italianos, mostrar la naturaleza a través de sus obras se
fue transformando, paulatinamente, de apenas una nueva tendencia a una obsesión
que los llevó, incluso, a pretender una rivalidad con la propia naturaleza.
Y si una empresa como ésta no puede ser considerada hoy sino como la enorme
necesidad de reencontrar una vocación, lo cierto es que sus efectos conformaron
un nuevo espíritu de nacionalismo y renovación en las distintas comunidades
artísticas.
Una de las obras cumbre de este periodo es, sin duda alguna, el Nacimiento
de Venus, del pintor florentino Sandro Boticelli, nacido en 1446 y muerto
en 1510. La obra, encargada al pintor por Lorenzo Pier-franceso de Médicis,
representa uno de los más conocidos pasajes de la mitología clásica, el nacimiento
de la diosa del amor y la belleza, Venus
(Afrodita para los griegos), recuperado por el arte cuando el Renacimiento volvió
la vista hacia las culturas precristianas.
El cuadro capta el momento justo del surgimiento de la diosa desde el mar,
cuando por efecto de la emasculación de Urano, sus apéndices van a dar al mar,
lanzados por Cronos, embarazando a Pontos, dios de la Ola marina.
La concha, que sirve de carro a la nueva diosa,
es impulsada hacia la playa por Eolo (dios del viento), a quien acompaña Iris
(mensajera de los dioses).
Como Venus se dispone a bajar de su concha hacia la arena, la diosa es recibida
por una de ninfa de la Horas, quien la recibe con una capa roja estampada de
flores.
Para algunos críticos, la obra de Boticelli carece de rigor académico en lo
concerniente a los cuerpos de los personajes, que no parecen ser tan armónicos
como pudiera esperarse; particularmente en el caso de la propia Venus, cuyo
cuello resulta desproporcionadamente largo.
También se critica que los hombros de Venus están demasiado caídos
y
que su brazo izquierdo cuelga extrañamente de los hombros.
El resto de la obra se halla ornamentado con elementos orgánicos, como las rosas
que parecen flotar en el aire, alrededor de Eolo e Iris, las espigas
en el lado inferior izquierdo del cuadro y el follaje que cubre el lado derecho
hasta el ángulo superior. Incluso el tranquilo oleaje del mar muestra rasgos
peculiares, que semeja pequeñas aves.
Este magnífico cuadro, realizado por Sandro Boticelli hacia el año 1485, bajo
la técnica de Temple sobre lienzo, mide 1.72 x 2.78 metros y se halla en exposición
en la Galería de los Uffizi, en Florencia, Italia.
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