SATURNO, SEÑOR DEL TIEMPO
Para los antiguos romanos -siempre los inventivos romanos y sus maestros griegos-, Saturno fue el nombre dado, ni más ni menos, al dios del Tiempo; menuda tarea, asignada a un poderoso dios pre-olímpico, aquellas deidades que las civilizaciones clásicas identificaron como antecesores de los dioses del Olimpo; o sea, Júpiter, por cierto hijo de Saturno, y el séquito de aquél, conformado, entre otros, por Venus, Marte, Mercurio, Febo, Minerva y Diana.
Resulta que el gran Saturno, al que suele representarse como un hombre mayor, con alas (obvio ¿verdad?, si se trata del tiempo, que pasa volando) de mirada taciturna, y que en una mano empuña una hoz (que representa el hecho de que nada escapa a la suerte aniquiladora del tiempo), mientras en la otra sostiene un reloj de arena, era uno de los llamados titanes, hijos todos ellos (seis varones y seis hembras) de Urano (el Cielo), frente a quien se rebelaron –sólo los varones- por instigación de su propia madre, Gea (la Tierra), con la original idea de gobernar el Universo.
El nombre de los titanes procede del de uno de ellos, el mayor, llamado justamente Titán, quien en compañía de Saturno derrocó a su papi (pasa hasta en las mejores familias). Luego, Titán hubo de ceder el mando a Saturno porque éste era el consentido de Gea, aunque lo hizo con la condición de que Saturno matara a sus hijos en cuanto nacieran, a fin de que algún descendiente de Titán gobernara posteriormente. Pero nada, que uno de los chavales de Saturno, nada menos que Júpiter, se libra de la muerte y les devuelve la pedrada a Saturno y sus tíos los titanes, remitiéndolos sin más trámite al Tártaro (una especie de infiernito para dioses).
SATURNO, EL PLANETA
Tal vez, el Tártaro no sea otra cosa que el gélido espacio en el que todavía hoy se encuentra Saturno, el otro Señor de los Anillos (para recordar brevemente a J. R. R. Tolkien), que en forma del segundo planeta mayor del Sistema Solar, apenas superado, desde luego, por Júpiter, se halla rodeado por una corte encabezada por su hermano Titán, los también titanes Japeto (padre, a su vez, de la raza helena) e Hiperión, además de otros pequeños acompañantes, que suman un total de entre 21 y 23.
Saturno en cifras:
Distancia desde el Sol: 1,430 millones de kilómetros
Diámetro: 120,000 kilómetros
Periodo de rotación: 10 horas 40 minutos
Periodo de traslación: 29.4 años terrestres
Atmósfera: Hidrógeno 96%, Helio 3%, Metano 1%
Temperatura promedio: -180° centígrados
Posee un sistema múltiple de anillos, de 272,000 kilómetros de diámetro y 16 kilómetros de espesor
Satélites naturales: Entre 21 y 23, 18 de ellos conocidos (Pan, Atlas, Prometeo, Pandora, Epimeteo, Jano, Mimas, Encélado, Tetis, Telesto, Calipso, Dione, Helena, Rea, Titán, Hiperión, Japeto y Febe)
Velocidad orbital: 9.6 kilómetros por segundo
Densidad menor a la del agua (7/10)
EL SATURNO DE GOYA
Saturno devorando un hijo es el título de este mural de Francisco de Goya y Lucientes, que el autor realizó como un mural para decorar un muro de su quinta a orillas del río Manzanares, en España. Esto ocurrió alrededor de 1820. La obra que hoy observamos pertenece a la llamada época negra de Goya, donde se evidencia su frágil equilibrio emocional en la última etapa de su vida.
Una de las características de esta y otras obras del mismo periodo es que su gama de color está reducida casi al blanco y negro, con ciertos tonos castaños o dorados verdosos; también lo es el hecho de que la temática de la obra tiene una negra significación y un pesimismo sombrío.
Basada en la historia mitológica del dios titánico Saturno, el cuadro -pasado a un lienzo, de 1.46 x 0.83 metros, en 1873 por su entonces poseedor, el barón belga Émile d’Erlanger, y obsequiado por el mismo al Museo del Prado en 1881, que lo tiene catalogado con el número 763 de su acervo-, nos muestra el momento preciso en que un monstruoso Saturno devora a alguno de sus hijos, que puede ser cualquiera de ellos, salvo Júpiter que fue rescatado por su madre, haciendo una analogía con la maldad del mundo y la crueldad del tiempo, que no perdona a sus hijos, los hombres.
Recordemos que en ese tiempo Goya era ya un decrépito anciano sordo y marginado de su ambiente natural, que era la corte española. La avidez bestial con que Saturno ha arrancado ya la cabeza, un brazo y la mitad de otro a su hijo, refleja una expresión atormentada de Saturno, que acaso sea el propio Goya, que se sabe próximo a la muerte.
Ésta y otras obras de Goya, puedes conocerlas también en las fotogalerías de EsMas.com.
Marzo, 2001.
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