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Uno de los grandes artistas mexicanos del siglo XX; hombre que con visión, talento, disciplina, dignidad y una propuesta vanguardista e imaginativa llevó el arte mexicano a plataformas internacionales y cambió la manera de ver y pensar la fotografía en México; el maestro de la lente, don Manuel Álvarez Bravo, fue objeto de un homenaje de cuerpo presente en el Palacio de Bellas Artes, encabezado por Saúl Juárez, director general del Instituto Nacional de Bellas Artes, tras su deceso, por causa natural, el pasado 19 de octubre a las 6:50 de la mañana en su casa de Coyoacán.
Recibido con una alfombra de aplausos, cerca de las 18:00 horas llegó al Palacio de Bellas Artes el féretro con los restos mortales de este artista generador de una propuesta novedosa, impactante y fresca, plasmada en una obra fotográfica sorprendente y fulgurante que compartió en gusto y concepto con figuras como Diego Rivera, Frida Kahlo y Tina Modotti.
Artistas, funcionarios y amigos se dieron cita en Bellas Artes para ofrecer el pésame a la viuda, hijos y demás familiares del maestro y montar diversas guardias de honor; quizá la más emotiva fue cuando sus compañeros fotógrafos colocaron sus cámaras sobre el ataúd en un reconocimiento silencioso a su colega y maestro.
“Don Manuel Álvarez Bravo es una de las figuras centrales del arte en nuestro país cuya obra trascendió fronteras; indiscutiblemente es una gran pérdida. Hay tristeza en la institución y en el medio artístico pero tenemos la satisfacción de haberle hecho un homenaje nacional en vida, con importantes exposiciones en México y en países como Francia, Cuba, Italia, Países Bajos y los Estados Unidos”, reconoció Saúl Juárez durante la ceremonia luctuosa.
Habría que decir que en 1935 Manuel Álvarez Bravo expuso por primera ocasión en el Palacio de Bellas Artes y que este mes de noviembre, como parte de Álvarez Bravo. 100 años de luz. Homenaje nacional este espacio nuevamente albergará su obra junto a la de Cartier Bresson y Walker Evans, en la muestra Miradas convergentes.
“NOS ENSEÑÓ QUE LA FOTOGRAFÍA HABLA TODOS LOS IDIOMAS”
Una de las presencias más significativas fue la de su colega, discípulo y amigo Héctor García quien aseguró que “la fotografía es el lenguaje más universal; para comprenderla no se necesita estudio, habla todos los idiomas, eso nos enseño Álvarez Bravo”.
Su obra, agregó García, “cuenta la historia de un rancho, una ciudad, un país y las características y situaciones de su gente, de sus espíritus. Sus fotografías de los años 30 son como fantasmas, cada ser que va por la calle o por el cerro nos transmite que es un ser muy importante y a ese país le llaman México, es una invención de Álvarez Bravo”.
El escritor Carlos Monsiváis señaló que la obra de Álvarez Bravo es parcialmente desconocida, “por ejemplo sus retratos apenas se conocen y son excepcionales. Fotos sorprendentes, de una calidad única como El colchón enrollado se dieron a conocer apenas hace cinco o seis años”. Por tal motivo, Monsiváis destacó la necesidad de realizar un catálogo razonado de la obra del fotógrafo y de que su colección fotográfica, que consta de tres tomos que publicó el Centro de Arte Contemporáneo, se coloque en un lugar.
“Se fue, pero quedan sus fotos. Creo que se fue con una gran alegría porque tuvo una vida plena, llena de satisfacciones y amor, qué mejor forma de irse de este mundo”, esas fueron las palabras con que la fotógrafa Yolanda Andrade se refiriera al “mejor fotógrafo que ha tenido México, reconocido en todo el mundo”.
Más allá de sus habilidades como fotógrafo, la maestra Andrade lo recordó como “un melómano extraordinario. Siempre que lo visitábamos en su casa escuchábamos ópera, música clásica y sus pláticas sobre el arte y la vida en general; era un hombre con una enorme curiosidad por todas las disciplinas del arte”.
Álvarez Bravo también tuvo una relación estrecha con el medio cinematográfico, y entre muchas otras personalidades de manera especial con el cineasta Enrique Gómez Badillo, quien definió a don Manuel como “un mexicano auténticamente universal. La obra de Álvarez Bravo, agregó Gómez Badillo, es un orgullo de México porque, “con una vida llena de plenitud y de luz, fue un hombre que nunca perdió su sencillez y su amor a México”.
Maestro de varias generaciones, entre sus alumnos estuvo Alfredo Joskowitz, cineasta y actualmente titular del Instituto Mexicano de Cinematografía quien destacó, como la principal virtud de Álvarez Bravo, “el brindar la posibilidad de entender a través de sus imágenes algo más de lo que la vista mira.
“Creo —añadió Joskowitz.— que deja un importante legado estético. Siempre le importó mucho la limpieza de la técnica. Fue mi maestro en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM en 1967 y recuerdo con cariño sus enseñanzas”.
Para el pintor Manuel Felguérez, “evidentemente fue el más grande pero, como amigo, lo que más se extrañará es su calidad humana, su humor extraordinario, su amor a la vida y su gusto por la fotografía que le entusiasmó hasta el último momento.
“En su trabajo no importa tanto lo que fotografía sino cómo lo fotografía, con un estilo personal en el que era tan importante la sombra de un árbol como un cable de luz, todo era luz y sombra, todo era fotografía con la intención de hacerla un documento preciso, ponía su vida en una sola foto”, comenta Felguérez.
HOMBRE SABIO CUYA OBRA FUE PURA Y SINCERA
Cuando cumplió 99 años la también fotógrafa Paulina Lavista le hizo una entrevista para la revista Milenio en la que terminó de convencerse de que su obra nunca fue contaminada por ningún oportunismo o amarillismo, “fue una obra pura y sincera, tanto sus títulos como sus fotos nos reflejan a un hombre sumamente culto e inteligente, un sabio”.
De la obra de Álvarez Bravo Paulina destaca el elemento poético, “sabía bien dónde poner los ojos y ese instante que escogía era muy significativo. Por ejemplo, en sus fotografías Subir al cielo, El ensueño o La buena fama dormida, en el título estaba la idea, fue un hombre de ideas que sabía extraer la esencia poética de las cosas”.
Álvarez Bravo se relacionó con prácticamente todas las personalidades del medio artístico y cultural en nuestro país. Uno de estos personajes es el maestro Juan José Gurrola, quien consternado dijo: “Yo sólo lloro con el mar y con la solidaridad humana pero hoy tengo los ojos llenos de lágrimas por la grandeza de su generosidad”.
Para Gurrola, “la línea que trazó Álvarez Bravo en el arte mexicano es insondable, irrepetible… ojalá México se parezca a sus fotos. Quizá en este momento no entendamos la grandeza de este hombre y su arte, de su mirada profunda, acuciosa y amorosa que tuvo de nosotros, nuestro cuerpo, nuestra soledad y del vacío. En sus fotos siempre hay un espacio de reflexión extraordinaria” concluyó Gurrola.
El cuerpo de Manuel Álvarez Bravo permaneció hasta las 21:00 horas del pasado sábado en el Palacio de Bellas Artes y posteriormente se trasladó a una funeraria ubicada en la calle de Félix Cuevas, donde fue velado para recibir el último adiós de familiares y amigos. Finalmente, este día 21 fue sepultado a las 12:00 horas en el Panteón Americano.
Octubre, 2002.
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