NUEVA YORK, Estados Unidos, nov. 22, 2004.- David Stern no quisiera estar a cargo de una NBA que necesite de barreras protectoras para separar a fanáticos de jugadores. Tampoco va a seguir el ejemplo del futbol de Europa y ordenar que se celebren juegos en campos vacíos. El comisionado de la NBA está buscando soluciones más prácticas para mantener el orden en un deporte en el que el componente íntimo -- los aficionados que pagan más están tan cerca de la cancha que casi pueden oler a los jugadores -- es parte de su atractivo.
"La realidad es que nuestra sociedad y nuestros campos existen sobre la base de un contrato social", dijo Stern. "Todo el mundo sabe que si 20 mil fanáticos decidiesen armar disturbios, tendríamos un grave problema ante nosotros. No importa lo que hagamos".
Luego de la trifulca que se extendió a las tribunas en el partido Detroit-Indiana el viernes, el reto de Stern en los días y semanas próximos será restablecer la barrera invisible que divide a jugadores y aficionados.
Dijo que la NBA va a reexaminar políticas desde la seguridad en las canchas hasta la venta de bebidas alcohólicas, en respuesta a una de las peores trifulcas en la historia de la liga.
"No importa qué medidas de seguridad están vigentes. Uno corre el riesgo de que un jugador pueda meterse en las gradas o algunos fanáticos se van a comportar en forma anti-social.
Ningún otro deporte profesional tiene al público sentado tan cerca de la acción, lo que provee una atmósfera excitante, pero a veces altamente peligrosa; especialmente si se tiene en cuenta a esos fanáticos que se dedican a hostigar verbalmente a los jugadores rivales.
"Es parte del juego", dijo el piloto asistente de los Pistones Gary Heard. "En Detroit había un tipo que era probablemente uno de los peores de la liga. Lo mismo en Washington".
Pero la mayoría de los jugadores en la época de Heard, y en años subsiguientes, sabían que había una línea que no podía ser cruzada -- no importa cuán fuertes fuesen los insultos.
Pero esta vez las cosas fueron demasiado lejos. Tras un rápido cruce de empujones en el terreno entre Ben Wallace, de Detroit, y Ron Artest, de Indiana, un fanático tiró un vaso de agua a Artest, quien saltó a las gradas y comenzó a repartir puñetazos. Varios otros jugadores le siguieron y se armó la gresca.
Al anunciar el domingo la suspensión de Artest por el resto de la campaña y otras sanciones, Stern dijo que no estaba listo para hablar de asuntos específicos de seguridad en el estadio de los Pistones, pero aclaró que no quisiera que fuese necesario separar con una barrera a jugadores y público. "Ese sería un resultado inaceptable".