SAN ANTONIO, Estados Unidos, jun. 23, 2005.- La única gran figura que hay en la serie final de la NBA, el alero Tim Duncan, se encuentra ante el gran reto de demostrarlo con su juego en el séptimo y decisivo partido que enfrentará a su equipo, los Spurs de San Antonio, con los Pistones de Detroit. Los "Bad Boys" de Detroit, que defienden su título de campeones, no tienen a ninguna estrella, pero sí al base Chauncey Billups, el profesional que mejor controla el juego y el balón cuando todo es presión e intensidad en el campo.
Ambos serán decisivos para lo que puedan hacer sus respectivos equipos en la primera final de la NBA que se va a decidir en el séptimo partido desde 1994.
Duncan es consciente de que no ha respondido como se esperaba de él en la final y si los Spurs todavía tienen la opción de luchar por el título ha sido por las genialidades del escolta argentino Emanuel Ginóbili y por el cierto del veterano alero Robert Horry, que con sus triples les regaló un triunfo salvador en el quinto partido.
El alero estrella de los Spurs, premio al Jugador Más Valioso (MVP) en las dos Finales que ganó su equipo en 1999 y 2003, todavía no ha surgido como el líder que haya decidido ninguno de los tres triunfos que tienen frente a los Pistones.
Además, sus fallos, especialmente desde la línea de personal, le costaron la derrota en el sexto partido, y el quinto lo salvó Horry con un triple milagroso cuando sólo faltaban 5.8 segundos de la prórroga.
"Nadie me tiene que decir que no he estado bien y que yo mismo me metí en hoyos profundos en algunos partidos, pero ahora sólo debemos pensar en el séptimo partido y darlo todo en el campo", declaró Duncan. "Mi aportación será importante, pero también la del resto de los compañeros".
Aunque Duncan es el máximo encestador de los Spurs con promedio de 19.8 puntos y 14.7 rebotes, su porcentaje del 43.1 por ciento en los tiros de campo no es lo mejor para su equipo.
Además, existe otro problema grave para Duncan, y es que se le ha visto falto de agresividad para superar el poder físico de la defensa de los Pistones, que han trabajado su marcaje con los aleros Rasheed Wallace y Antonio McDyess y el pívot Ben Wallace.
El entrenador de los Pistones, Larry Brown, conoce muy bien a Duncan y ha hecho que se sienta incómodo y no haya podido situarse en las zonas del área en las que es infalible cuando tira a canasta.
Duncan, en su línea de diplomacia y respeto a los compañeros, no ha querido hacer ningún comentario para justificar sus problemas ante la defensa de los Pistones, pero se sabe que no se siente muy contento con el apoyo que ha recibido hasta ahora de los hombres altos de su equipo, incluido el pívot Nazr Mohammed y el propio Horry.
El entrenador de los Spurs, Gregg Popovich, es consciente de esta realidad y ha trabajo horas extras para que en el séptimo partido los compañeros de Duncan, especialmente Ginóbili, le busquen más a la hora de hacer el último tiro a canasta.
El base francés Tony Parker es consciente de esa realidad y admitió ayer, miércoles, que si querían ganar el séptimo partido, Duncan tendría que jugar el gran partido de la serie.
Los Pistones también entienden esta realidad y su defensa está preparada, lo mismo que Billups, el premio MVP de las pasadas Finales, y que si su equipo revalida el título lo tiene también garantizado.
A diferencia de las grandes estrellas, Billups da en cada partido un lección de lo que debe ser los fundamentos del baloncesto para el cerebro del equipo, que debe controlar todas las acciones en el juego de transición.
"No tengo ningún interés en ser llamado a los Partidos de las Estrellas, lo que me interesa son los anillos de campeones de liga y eso lo queremos conseguir si ganamos el séptimo partido", comentó Billups. "También quiero que mis compañeros tengan confianza en mi juego".
Billups no sólo tiene los mejores promedios del equipo con 21.7 puntos; 6 asistencias y 5.2 rebotes, sino que además se ha ganado el respeto y la confianza de todos ellos que saben la garantía que poseen cuando está en el campo y el balón en sus manos.
Pero quizás la mejor virtud de Billups sea la gran tranquilidad con la que actúa en el campo, la frialdad con la que tira a canasta desde fuera del perímetro y la línea de personal y el convencimiento que tiene de no fallar en los momentos decisivos.
"Cuando todos sienten la presión y les afectan los nervios, es cuando más me gusta que me pasen el balón para demostrar que estoy tranquilo y que sé lo que tengo hacer mientras mis compañeros recuperan la calma", explicó Billups. "Espero que en el séptimo partido vuelva a tener la oportunidad de ayudar a mi equipo y a los compañeros".
Pero Billups quiso dejar muy claro que el triunfo final sólo será posible con la aportación de todos los compañeros y haciendo el mejor juego de equipo de toda la serie.