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Beisbol
El Parque del SS, un coloso que se extraña
por: Manuel Aguilar Caloca
Fuente: esmas.com

Se cumplen 49 años de la inauguración del desaparecido Parque Deportivo del Seguro Social, catedral y piedra de sacrificio del beisbol en la Ciudad de México

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CIUDAD DE MÉXICO, México, abr. 14, 2003.- No alcanzó a cumplir medio siglo, fue catedral, piedra de sacrificio y tumba, fue maravilla de su época, punto de referencia obligado y terminó en borrón del paisaje urbano, en el faltante más doloroso del aficionado al Rey de los Deportes en la capital de la República Mexicana.

El ya desaparecido Parque Deportivo del Seguro Social cumpliría 49 años de su apertura oficial, pero ahora ya es simplemente un terreno gigantesco sobre el que pesada maquinaria tiene semanas de haber iniciado los trabajos de construcción del que será un nuevo centro comercial, como sino abundaran en la ciudad más grande del mundo.

Más que una historia, ésta es una nostálgica remembranza.

El romanticismo del antiguo Parque Delta tuvo que ceder paso al moderno recinto de cemento, que comenzó a construirse luego de la tragedia ocurrida en 1952, cuando una tribuna de madera se derrumbó por el peso de los espectadores que la ocupaban a su máxima capacidad y produjo la muerte de dos jovencitos.

Desgraciadamente, comenzó demasiado tarde a ‘taparse el pozo’, pero el gobierno capitalino y el Instituto Mexicano del Seguro Social apoyaron la edificación de un estadio que cumpliera con las medidas básicas de seguridad que requerían las multitudes que encumbraban al beisbol como el deporte favorito y de más arrastre en México en aquellos tiempos.

El Parque del Seguro Social transformó el rostro de la ciudad. Ya se contaba con el Estadio de la Ciudad de los Deportes, la Plaza de Toros México y el Estadio de Ciudad Universitaria, pero el surgimiento de un recinto dedicado al beisbol, con actividad prácticamente todos los días y con buena asistencia resultó todo un acontecimiento.

En abril de 1955, se inauguró la nueva catedral beisbolera con una serie de dos partidos entre los campeones de Japón, los Gigantes de Yomiuri y una selección de jugadores mexicanos, que terminó en división de honores.

Todo quedaba listo para inaugurar con un partido oficial la nueva casa de las dos novenas capitalinas, Diablos Rojos del México y Tigres, el conjunto recién admitido en el circuito veraniego y propiedad del magnate Alejo Peralta.

Correspondió al equipo más añejo, el México Rojos –como también se le conocía- escenificar el primer partido de Liga Mexicana en el flamante estadio y ello ocurrió el 14 de abril de 1955, en un duelo que terminó en ‘feria de batazos’ al vencer 18-14 a los Sultanes de Monterrey.

La ocasión resultó doblemente histórica porque en la misma fecha se oficializó el ingreso del beisbol mexicano al sistema organizado de Estados Unidos, es decir, se convirtió en parte de la National Association, que rige a todas las Ligas Menores, status que adquirió la Liga Mexicana desde entonces. Fue tan distinguido este hecho, que a aquel primer partido el entonces alto comisionado de las Grandes Ligas, Ford Frick, asistió para realizar el lanzamiento ceremonial de la primera pelota.

En 45 años, se escribió todo lo habido y por haber en el añorado Parque del S.S. Surgió la gran rivalidad conocida como la ‘Guerra Civil’ entre Diablos Rojos y Tigres, equipos que sumaron 18 campeonatos de la LMB en esa casa, incluyendo el primero de los felinos en su debut en la liga en 1955 y el decimosegundo de los escarlatas, en 1999, la última vez que un campeonato se definió en ese diamante.

Todas las grandes figuras se presentaron forzosamente en el coloso que formaba las esquinas de las avenidas Cuauhtémoc y Obrero Mundial; desde los estelares importados de leyenda como Alonso Perry, Al Pinkston, Jack Pierce, Willie Aikens; las estrellas nacionales más grandes como Héctor Espino, Panchillo Ramírez, Ramón Arano, Alfredo Ortiz, Vicente Romo, Jesús Sommers, Nelson Barrera, Andrés Mora, Miguel Suárez, Daniel Fernández, Alex Ortiz y Matías Carrillo.

No faltaron los mexicanos que brillaron y que también desde ahí dieron el salto a la ‘Gran Carpa’ como Beto Ávila, Aurelio Rodríguez, Aurelio López, Fernando Valenzuela, Teodoro Higuera, Vinicio Castilla, Esteban Loaiza, Francisco Córdoba, Erubiel Durazo, Elmer Dessens, Ismael Valdés, Antonio Osuna, Ángel Moreno, por sólo mencionar algunos.

Los dugouts se llenaron de los talentos de manejadores irrepetibles como Lázaro Salazar, Preston Gomez, Tomás Herrera, José Luis ‘Chito’ García, Benjamín ‘Cananea’ Reyes, Francisco ‘Paquín’ Estrada, entre muchos otros. Vinieron también a hacer las delicias contra las novenas mexicanas equipos de Grandes Ligas como Piratas de Pittsburgh, Yanquis de Nueva York, Dodgers de Los Ángeles, Indios de Cleveland, Mets de Nueva York, sin olvidar una que otra visita de la selección cubana que también brindó grandes batallas.

Y también ahí se forjaron y en muchos casos se consolidaron las carreras de maestros de la crónica deportiva que dejaron constancia de las hazañas beisboleras y a los que no se les puede separar de la historia del Parque del SS. Así se pueden nombrar a Pedro ‘Mago’ Septién, Jorge ‘Sonny’ Alarcón, Raúl Mendoza, Óscar ‘Rapido’ Esquivel, Tomás Morales, Enrique Llanes, Jorge Kerlegand y Antonio de Valdés, por mencionar sólo a algunos.

Sin embargo, también se vivieron etapas negras, como la huelga de peloteros de 1980, que fue una herida mortal de la que no se ha podido recuperar la Liga Mexicana y que produjo la ausencia crónica del público que antes atiborraba a diario esas tribunas, que se convirtieron en tumba del beisbol en nuestra capital.

Criticado por su céntrica ubicación, por su falta de estacionamiento, por las lluvias inclementes que pospusieron y cancelaron tantos juegos, por sus gradas vacías, nunca perdió ese sabor único que no es más que un recuerdo, ya fuera por la pasión de los fieles aficionados rojos y felinos, por su diamante inconfundible, hasta por sus infaltables tacos de cochinita pibil.

La última temporada completa que se disputó fue la de 1999, pero todavía hubo actividad hasta el 2000, cuando se jugó el último partido entre Tigres y Diablos, que se extendió hasta la madrugada del día 2 de junio, misma fecha en la que se jugó el primer partido en el Foro Sol, escenario que heredó esa rica tradición, pero que nunca podrá equipararse en el corazón de los aficionados al añorado Parque del Seguro Social.

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El Coloso de la Colonia Narvarte escenificó incontables capítulos de gloria. Foto: Mexsport

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