"Yo soy humano, nunca he sido invencible"; Mariano Rivera.
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Rivera piensa en el Salón de la Fama



por: Agencia
Fuente: AP




Mariano Rivera está en la recta final de su carrera y sueña con ingresar al recinto de los inmortales






TAMPA, Estados Unidos, mar. 11, 2005.- Cuatro anillos de campeón. Un galardón de jugador más valioso de la Serie Mundial. Octavo en la lista de juegos salvados, y una reputación intachable. El panameño Mariano Rivera puede darse el lujo de pensar en el Salón de la Fama.

A sus 35 años, la ilustre carrera del taponero de los Yanquis de Nueva York está llegando a la recta final. Una vez concluya, el pitcher sueña con ingresar al pabellón de los inmortales, donde se uniría a Rod Carew como los únicos panameños exaltados.

"No estaría nada mal", apuntó con su característica sonrisa, pensando en la posibilidad de tener a Carew como compañero en Cooperstown, sede del Salón.

"Para todo pelotero su gran trono es llegar al Salón de la Fama, ganar una Serie Mundial, un juego de estrellas. Y lo más alto es el Salón de la Fama", señaló el derecho. "Yo le doy gracias a Dios y le pido que me dé fortaleza, me mantenga fuera de lesiones, y una ver termine mi carrera a ver si me escogen".

Su carta de presentación sin duda impresiona.

Tiene 336 juegos salvados en su carrera y ocupa el octavo lugar en la historia de las Grandes Ligas. Contando con que se mantenga saludable y tenga un año promedio, al culminar la temporada podría saltar a tres lanzadores -incluyendo a Rollie Fingers- para colocarse quinto detrás del legendario Dennis Eckersley, quien tiene 390.

Además, ha sido líder de la Liga Americana en salvados en tres campañas (1999, 2001 y 2004), y sus gestas en los playoffs inspiran sonetos.

Claro, hasta el año pasado.

Rivera perdió dos oportunidades para despachar a los Medias Rojas de Boston en la serie de campeonato de la Liga Americana, abriendo la puerta para el colapso de los Yanquis en siete juegos después de tener ventaja de 3-0.

"Yo soy humano, nunca he sido invencible", comentó el serpentinero.

Rivera se vio más vulnerable que nunca, mostrando señales del desgaste sufrido durante una larga campaña en la que una errática e inconsistente rotación abridora obligó al manager Joe Torre a recostarse en su bullpen.

La carga cayó en los brazos de Tom Gordon y Rivera, y finalmente los hundió en la postemporada. Rivera confía que la suma del as Randy Johnson, además de Carl Pavano y Jaret Wright cambie todo.

"El año pasado me afectó mucho porque estaba débil la rotación, y nosotros tuvimos que cargar bastante el peso", confesó. "Este año es diferente, tenemos una rotación más compacta, tenemos una combinación de veteranos y muchachos jóvenes".

De contar con ese apoyo, el istmeño sabe que puede volver a concentrarse en su trabajo y ser el Mariano Rivera de antes. Esto sería mala noticia para los otros equipos.

"Cuando yo voy ahí (al montículo), yo voy a hacer mi trabajo", comentó, dibujando un asomo de sonrisa del que sabe algo que el resto de las personas todavía ignora. "A mí no me gusta hablar mucho, yo hablo en el terreno, y yo lo que tenga que hacer lo hago en el terreno. Hablar para mí es barato".


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