El lanzador mexicano Esteban Loaiza es uno de los refuerzos de los Nacionales.
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El beisbol regresa a Washington



por: Agencia
Fuente: AP




Después de 34 años sin beisbol, la capital estadounidense vuelve a contar con un equipo de Grandes Ligas






CIUDAD DE MÉXICO, México, abr. 1, 2005.- Treinta y cuatro años después que los Senadores se fueron de Washington rumbo a Texas, la capital estadounidense vuelve a contar con un equipo de Grandes Ligas.

Tras varias temporadas jugando partidos en un estadio virtualmente vacío en Canadá o haciendo largos periplos a San Juan, los ex Expos asumen entusiasmados su nueva identidad, la de los Nacionales de Washington.

No por nada Liván Hernández, José Vidro y compañía tienen motivos de sobra para sonreír, al contar con la seguridad de una casa propia.

"Hay enormes expectativas. Ahora somos los Nacionales de Washington y no los Expos de Montreal", afirmó el guardabosque dominicano José Guillén.

"Quien no puede estar contento. Es algo histórico. La verdad es que me muero de ganas por salir a jugar con el nuevo uniforme", agregó.

El cambio de aires, en una ciudad que les ha abierto las puertas de par en par, se presenta como un incentivo para una franquicia que siempre se mantuvo competitiva en el Este de la Liga Nacional, pese a sus avatares recientes.

Quizás sus figuras no tengan el mismo brillo de los estelares de sus vecinos de división, pero los Nacionales tienen el potencial de ser la piedra en el zapato de más de uno.

El equipo sigue siendo propiedad de los otros 29 de las mayores mientras se completa su venta a un grupo privado. Y en sus primeros años en la capital federal, su estadio será el RFK mientras se adelanta la construcción de un nuevo parque.

Con un presupuesto modesto de 50 millones de dólares, el gerente general Jim Bowden logró reforzar la plantilla con las contrataciones del antesalista mexicano Vinny Castilla, el abridor Estaban Loaiza y el paracorto Chistian Guzmán, aparte del canje por Guillén.

Un aspecto clave será espantar el fantasma de las lesiones, sin que se repita el cuadro de enfermos del año pasado, cuando José Vidro, Tony Armas hijo, Nick Johnson y Tomo Ohka pasaron por la lista de inhabilitados.

La razón es muy sencilla: el equipo de Frank Robinson está armado con lo justo. Cualquier baja puede resultar catastrófica.

Con Guzmán, Guillén y Castilla a bordo, los Nacionales confían reanimar una ofensiva que el año pasado quedó antepenúltima entre 16 equipos en el Viejo Circuito con 635 carreras, y su promedio colectivo fue un anémico .249, apenas por encima de Milwaukee. Pero ese trío trae consigo muchas dudas en sus maletas.

Por ejemplo, el mexicano Castilla (.271, 35 jonrones y 131 remolcadas con los Rockies), que está por cumplir los 38 años, tiene que demostrar que puede producir fuera de la altura de Denver. Su promedio al tocarle jugar de visita se deslizó 103 puntos.

Guzmán (.274, 8, 46) compiló .309 en promedio de embases, una cifra muy discreta para alguien que batea segundo en el turno al bate. Esa fue precisamente la razón por la cual los Mellizos decidieron no renovarle el contrato al dominicano.

Su compatriota Guillén (.294, 27, 104) es un artillero que infunde respeto y que viene de un gran año con los Angelinos, pero de lo único que se habla fue su confrontación con el piloto Mike Scioscia que le costó ser incluido en la nómina para la postemporada.

Desencantado con la producción ofensiva, Robinson mandó a las menores al jardinero central Endy Chávez, luego que el venezolano no diera la talla en la pretemporada dentro de su misión de prender la chispa.

Con Guillén en el bosque derecho, Robinson ahora movería al central a Brad Wilkerson (.255, 32, 67, 38) y darle la tarea de batear primero, con Terrmel Sledge (.269, 15, 62) en el izquierdo.

Obviamente, cuentan con un aporte en pleno de su intermedista puertorriqueño Vidro (.294, 14, 60), recuperado de una intervención en la rodilla.

Al inicialista Johnson le gustaría realizar una temporada completa libre de lesiones. El año pasado apenas jugó 73 partidos, produciendo sólo siete jonrones y 33 impulsadas, por dolencias en la rodilla y la espalda.

El receptor Brian Schneider (.257, 12, 49) no impresionará con su madero, pero se ha constituido en un magnífico guía detrás del plato.

La rotación es encabezada por el cubano Hernández (11-15, 3.60), el líder de la liga en innings lanzados y juegos completos. Su total del año pasado fue de 255 entradas, mientras que el compañero que se le acercó lanzó 140.

Loaiza, Ohka (3-7, 3.40), Zach Day (5-10, 3.93) y John Patterson (en reemplazado del lesionado Armas) conforman el resto. El mexicano Loaiza (10-7, 5.70 con los Medias Blancas y Yanquis) decepcionó totalmente cuando fue enviado a Nueva York para la recta final de la campaña, sin repetir su actuación del año previo, cuando ganó 21 juegos en Chicago.

A Chad Cordero (14 rescates en 18 intentos) le tocará cerrar los partidos, ayudado por un pelotón que incluye a los mexicanos Luis Ayala y Antonio Osuna.

Algunos de sus integrantes dicen que no es nada disparatado pensar en cosas grandes, como pelear por el banderín, pero la cruda realidad es que los Nacionales aún le faltan un par de piezas más para poder hacerle sombra a sus rivales.


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