CHICAGO, Estados Unidos, oct. 17, 2005.- Los aficionados de Chicago festejaron en el extremo sur de la ciudad como si estuvieran en 1959. Gritaron, se abrazaron y se bañaron con cerveza, la noche del domingo, después de que los Medias Blancas derrotaron por 6-3 a los Serafines de Anaheim y trajeron de regreso la Serie Mundial a Chicago por primera vez en 46 años.
En Cork & Kerry, un bar en un vecindario del sur de Chicago, Bob O'Dekirk encendió un habano para celebrar.
"He esperado esto toda mi vida y ahora no sé cómo sentirme", dijo O'Dekirk, quien pronosticó que su equipo ganará la Serie Mundial. "Con este pitcheo, no sé quién pueda vencerlos".
El manager venezolano de los Medias Blancas, Ozzie Guillén, pidió moderación a los aficionados de Chicago.
"Disfruten esto", dijo después del partido en Anaheim, California. "Pásenlo bien, no se pongan demasiado locos en las calles".
No surgieron reportes inmediatos de violencia durante la ruidosa celebración.
Los Medias Blancas se llevaron por 4-1 la Serie de Campeonato de la Liga Americana, al mejor en siete duelos. Enfrentarán a los Astros de Houston o a los Cardenales de San Luis, en la Serie Mundial. Houston gana por 3-1 la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, tras vencer el domingo por 2-1 a los Cardenales.
Es poco común que haya juegos de postemporada en Chicago, y más inusitado aún que la ciudad albergue partidos de la Serie Mundial. La última vez que los Medias Blancas avanzaron al Clásico de Otoño fue en 1959, cuando cayeron ante los Dodgers de Los Angeles en seis juegos.
Han pasado 88 años desde que los Medias Blancas ganaron un título de la Serie Mundial, venciendo a los Gigantes de Nueva York en 1917. Dos años después, los tristemente célebres "Medias Negras" recibieron dinero de los apostadores y perdieron intencionalmente la serie contra Cincinnati. Ocho peloteros fueron suspendidos de por vida.