Ichiro Suzuki del equipo japonés.
Foto: AP
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por: Agencia
Fuente: EFE




Pocas estrellas, muchos problemas y éxito de público en el Clásico Mundial de Beisbol






TOKIO, Japón, mar. 3, 2006.- El sueño de disputarse el primer Clásico Mundial del béisbol profesional será toda una realidad a partir del viernes cuando en Tokio dé comienzo el partido inaugural de un torneo que reúne a 16 equipos nacionales con la participación de las estrellas de las Grandes Ligas.

Algo que se va a conseguir por primera vez dentro del ámbito de la competición internacional, pero con un producto final que se desconoce la calidad que va a tener.

De lo que sí se sabe ya es que el torneo, que surgió como el gran descubrimiento para proyectar la nueva filosofía de las Grandes Ligas de convertir al béisbol, pasatiempo nacional en Estados Unidos, en un deporte global, se ha encontrado con la negativa de la mayoría de las estrellas y el tradicional problema político de la participación de Cuba.

Pero a pesar de estos dos elementos negativos, los organizadores han reconocido que la venta de entradas ha sido "excepcional" en las seis sedes -cuatro en Estados Unidos-, que se van a utilizar y se habla entre las 800.000 y el millón.

Además, la promoción que el torneo está recibiendo a través de todos los medios de comunicación internacionales es otro de los grandes beneficios que puede tener el torneo en su afán de promoción a través de todo el mundo.

Ahora tendrán que ser los profesionales los que sobre el diamante demuestren con la competición que están dando lo mejor y ofreciendo el espectáculo deportivo que se puede esperar de las figuras y, si al final el torneo que se disputará hasta el próximo 20 de marzo, consigue establecer las bases para su continuidad.

La misión no será fácil porque lo primero que han incumplido los organizadores ha sido no tener ningún "autoridad" para exigir que las grandes estrellas profesionales estuviesen en el clásico con sus respectivos equipos nacionales.

Sería interminable la lista de las estrellas que "dijeron" estaban listas para representar a su país, prácticamente, cada uno de los manejadores de los equipos iban a tener pesadillas a la hora de hacer los descartes para las plantillas definitivas.

Los hechos han demostrado todo lo contrario, especialmente en el equipo de Estados Unidos, donde sólo han quedado las estrellas que la oficina de la liga ha considerado imprescindibles tener en la alineación, el resto por distintos motivos se han ido cayendo.

El mismo fenómeno se ha dado en equipos con el de República Dominicana y Puerto Rico, no tanto en el de Venezuela, que es que presenta mayor cohesión en ese apartado.

Super estrellas como Vladimir Guerrero, Pedro Martínez, Manny Ramírez y Sammy Sosa, de República Dominicana; Barry Bonds, Billy Wagner, John Smoltz y C.C.Sabathia, de Estados Unidos; Hideki Matsui (Japón); Melvin Mora (Venezuela) con Felipe López y Jorge Posada, de Puerto Rico, por distintos motivos se han caído de sus respectivos equipos.

Lo anterior no quiere decir que no vaya a haber calidad en el resto de los profesionales, lo que sí ha quedado claro es que no todas las figuras han querido o podido participar.

Es interesante recordar que los profesionales que vayan a disputar el Clásico Mundial tendrán que someterse a los controles antidopaje que rigen en la competición internacional y que son los mismos que los que se utilizan en los Juegos Olímpicos.

La cara de la moneda la representan ejemplos como el veterano lanzador Roger Clemens, que fue el que se ofreció para estar con el equipo nacional de Estados Unidos, a pesar de tener todo ganado como profesional y con 43 años.

De ahí que el torneo comience con más dudas que respuestas y sólo en el transcurso de la competición se podrá ir conociendo su verdadero alcance, inclusive si ha sido correcto el definirlo como "Clásico Mundial" cuando en cada uno de los equipos habrá jugadores que luego son compañeros con las novenas de las Grandes Ligas.

Todo lo primero puede tener de inmediato un efecto negativo en el apartado no sólo deportivo sino también de imagen con menos audiencia, tanto en televisión como en los campos de juego y en consecuencia menos ingresos económicos.

Además por lo captado en el mercado estadounidense, los aficionados locales no tienen mayor interés por el Clásico Mundial y tal vez si al partido de la gran final se diese un enfrentamiento entre su equipo nacional y el de Cuba, el elemento político entraría de nuevo en juego para ser el gran centro de atención.

Precisamente, el elemento político fue el que no pudo estar ausente a la hora de autorizar la presencia del equipo de Cuba en Estados Unidos y después del "típico" primer "no" del gobierno estadounidense, al final la lógica se impuso, en el sentido, de que el equipo antillano tenía todo el "derecho" a participar.

Será en Cuba, donde el béisbol es el deporte nacional por excelencia, Venezuela, República Dominicana, Panamá, Puerto Rico y México, se viva con mayor intensidad la disputa del primer Clásico Mundial, un torneo que siempre habían reclamado en esa búsqueda de unir a las grandes figuras promocionando el factor patriótico.

Nadie va a descubrir ahora que el béisbol en los países caribeños y Venezuela es algo más que un deporte, se trata de una pasión y una forma de vida y ahora también con el aliciente de ver como pueden derrotar al equipo del país donde nació.

Además, Puerto Rico será la único país latino que tenga sede porque el resto de las otras cinco se las llevan Tokio, Phoenix (Arizona), Orlando (Florida), Anaheim y San Diego, ambas en California), donde el poder adquisitivo es mayor.

Otro factor negativo para el torneo son las fechas en las que ha sido programado, nada menos que cuando están en plena actividad los campos de entrenamiento, etapa clave en el acondicionamiento físico de los peloteros que necesitan llegar en plena forma a la competición oficial a partir del 1 de abril después de haber estado seis meses de descanso.

Cuando se dio a conocer el torneo nadie quiso cuestionar ese factor, pero ahora es el más importante, junto con el de las lesiones para argumentar que no quieren jugarlo.

La respuesta ante esta realidad es que los profesionales nunca se plantearon en serio la importancia que puede tener el torneo para los organizadores de las Grandes Ligas, si realmente buscan convertirlo en el Mundial de fútbol.

Es cierto que nadie puede obligar a peloteros millonarios, como sucede también en el baloncesto de la NBA, a que sacrifiquen su tiempo y su salud para participar en este tipo de torneo.

Mucho menos cuando sus contratos no lo tienen estipulado y los dueños de los equipos son los primeros que han demostrado un rechazado no público, pero si práctico a que las figuras participen en el torneo.

El más claro ha sido como siempre, George Steinbrenner, el dueño de los Yanquis, al que el factor globalización para tener más ingresos no le interesa ya que tiene todo lo que quiere y más con el mercado neoyorquino y del resto del país, de ahí que pueda pagar más de 200 millones de dólares anuales en salarios.

Mucho menos si entre los 16 equipos que van a disputar el torneo hay equipos como el de Holanda, Sudáfrica, China, Taiwán, Canadá, Italia y Australia, que llegan más para ocupar puesto que para aportar algo interesante al deporte del beisbol.


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