LEÓN, México, mayo 29, 2004.- “Mi vida, mi casa, mi mujer, la otra y sus mamás también por el ascenso...” era el sentir de los aficionados de los Esmeraldas de León que estaban plasmado en una manta que se encontraba en las gradas del Estadio Nou Camp. Los seguidores de los Panzas Verdes volvieron a vivir una final, en busca del ascenso a la Primera División del futbol mexicano.
El juego se realizó a las 19:00 horas, sin embrago 120 minutos antes, la gente empezó a llegar en busca de un lugar cómodo para disfrutar el partido que estaba previsto sería un gran espectáculo por la calidad de ambas escuadras.
León tenía la ventaja en el marcador global pues en el juego de ida realizado en el estadio Carlos González y González había derrotado a Culiacán por la mínima diferencia, por lo que los Dorados debían de jugar desde el inicio en busca de la anotación que llevaría a los tiempos extra.
El delantero argentino Héctor “Yaya” Álvarez, quien fue pieza fundamental en el esquema del técnico leones José Luis Saldivar, tuvo que ver desde las tribunas el encuentro ya que se lesionó en el juego de vuelta la rodilla derecha, situación que los dejará fuera por lo menos seis meses.
José Abramo Lira dio inicio al encuentro en la hora prevista, pero antes se guardó un minuto de silencio en honor al fallecido padre de José Martínez Olvera, juez de línea, todos los jugadores se formaron alrededor del circulo central.
Desde el principio del cotejo el juego fue de ida y vuelta. La defensa local sabía que un error podía costarles muy caro, por lo que contuvieron a la ofensiva rival. Por su parte la zaga visitante se preocupaba cada vez que Claudio Romualdo Sarriá y Diego Perrone se acercaban a su área.
Mientras tanto el público hizo su parte, pues festejaban los aciertos leoneses y los errores de los sinaloenses, creando presión sobre estos últimos.
La parte fue un mejor espectáculo que se vivió en las tribunas en el borde del asiento. Al 49’ Culiacán se quedó con 10 hombres en el campo de juego, pues jugador Héctor Jiménez fue expulsado por soltar un evidente codazo.
La afición vivía su fiesta, unos se llenaron de espuma, otros se unían a la ola, mientras que otros bailaban al ritmo de los tambores que retumbaban hasta los cimientos del Nou Camp.
Cuando menos lo esperaban, al 56’, la zaga de los Esmeralda cometió una falta dentro del área por lo que el silbante del cotejo decretó la pena máxima a favor de los norteños. La preocupación del técnico Saldivar fue evidente y de inmediato se transmitió a los jugadores que estaban en la banca, quienes detuvieron sus ejercicios de calentamiento para presenciar el tiro.
Óscar Rojas se perfiló para cobrar, diirgió su tiro al costado derecho del guardameta Cirilo Saucedo, pero el disparo salió desviado y en ese momento la euforia estalló en las tribunas y toda la buena vibra cayó sobre los once Panzas Verdes que estaban en el campo de juego.
Todo regresó a la normalidad, la ventaja seguía siendo de León y cuando menos se lo esperaban un autogol de Alex Mercado empataba el marcador global. De inmediato el grito de 35 mil aficionados se unió uno solo con el clásico “sí se puede” con lo que los esmeralda reaccionaron de inmediato.
Empezó a obscurecer y a Culiacán le cayó la noche, pues Diego Perrone al 62’ logró el gol del empate que a la postre le daría la corona al cuadro leones.
En los últimos instantes del cotejo la lluvia apareció y los truenos se confundían con rugidos de león, sí, el León que peleó hasta el último momento. Abramo Lira agregó cinco minutos que se hicieron eternos, pero al fin llegaron a su final, los aficionados gritaron de alegría, pues volvían a ver campeón al equipo de sus amores...
Los abrazos y las lágrimas de emoción no faltaron en los campeones del Torneo Clausura 2004 de la Primera "A", quienes celebrarán hoy, pero mañana pensarán en el juego decisivo que puede cambiar la carrera futbolística de muchos de ellos. Deberán disputará la final de ascenso, ante un Culiacán que a pesar de haber sido derrotado este día, no baja los brazos y seguirá peleando hasta el final.