Poca demanda para el México-EU



por: Agencia
Fuente: NOTIMEX




Las taquillas del estadio Azteca muestra poca afluencia de personas para el partido de la selección mexicana






CIUDAD DE MÉXICO, México, mar. 24, 2005.- Una venta ‘hormiga’, en la que predominan las familias y también personas que vienen de vacaciones al Distrito Federal, predomina entre quienes visitan el Estadio Azteca para adquirir boletos de cara al partido de la Selección de México ante Estados Unidos.

Las filas en las cuatro taquillas que hay abiertas no exceden las 10 personas cada una y los compradores se mueven rápidamente, aunque con cierta molestia por lo elevado de los precios.

A su llegada a la explanada de calzada de Tlalpan la gente que llega acompañada por sus hijos va con rostro tranquilo, aunque al salir de la fila se nota su descontento por lo alto del precio de las entradas.

La zona denominada como general, en la parte superior del Estadio Azteca, cuyo costo es de 200 pesos por boleto, ya está agotada, por lo que sólo quedan de preferente y especial alto y bajo, cuyo costo fluctúa entre 250 y 350, además de plateas que es más oneroso aún.

Juan Carlos Ramírez, quien se encuentra de vacaciones y es originario de Guadalajara, Jalisco, llegó acompañado por su esposa, tres hijos y un familiar más, por lo que tuvo que desembolsar mil 200 pesos.

"Se me hacen demasiado caros (los boletos) compré seis de la zona más barata que cuestan 200 pesos, espero que el partido lo valga, pero si me hace elevado siendo que son de hasta arriba", manifestó.

De visita en la capital del país buscó aprovechar la realización del encuentro para llevar a sus tres hijos, esposa y cuñada, y aseguró que no está arrepentido por pagar, pero espera que la selección gane el domingo a Estados Unidos.

Otros visitantes aprovechan que la explanada de Calzada de Tlalpan está vacía y que se aprecia en su majestuosidad el coloso de Santa Ursula para tomarse la foto del recuerdo.

Hay otras personas que llegan a la fila e incluso se van sin comprar, pero preguntan "dónde hay un cajero automático" para ir por el dinero que les faltó.

No se nota mucha presencia de revendedores, pero hay algunas personas que parecen serlo y que se forman, salen rápido y luego se la pasan hablando con teléfono celular de manera constante, como para informar cuantas localidades tiene ya, cuando se venden como máximo cinco por persona.

El sol cae a plomo y la cabeza hierve si se queda uno cinco minutos parado en el mismo lugar, pero afortunadamente la gente viene y se va rápido con sus boletos, sin embargo, en el rostro se les nota la molestia por el alto precio, lo que tratan de calmar al acudir con una vendedora de raspados que los ofrece "de muchos sabores".


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