CIUDAD DE MÉXICO, México, mar. 27, 2005.- La selección nacional mexicana derrotó 2-1 a su similar de Estados Unidos en partido eliminatorio rumbo al Mundial Alemania 2006 ante un Estadio Azteca pletórico, en el que los más de 100 mil asistentes no sólo fueron espectadores, sino partícipes activos en la victoria. Eran las 9:30 de la mañana y el Coloso de Santa Úrsula ya tenía una buena entrada, la parte central de las tribunas comenzaba a llenarse por completo, las diferentes porras se ubicaban en su lugar, apareció una manda con la leyenda: EL GIGANTE NO HA MUERTO, y el ambiente festivo se respiraba, se palpaba, se transmitía.
La ola no podía faltar y se presentó cuando aún faltaba una hora y media para el inicio del compromiso.
El rival no era cualquiera, Estados Unidos representa muchas cosas en la vida del mexicano, más en últimos tiempos, hablando del aspecto futbolístico, por la eliminación sufrida en el Mundial 2002.
Los integrantes de la selección estadounidense saltaron a la cancha, de inmediato la reacción de la gente con abucheos y silbidos, los cuales crecieron cuando en las pantallas gigantes aparecían los pocos aficionados que apoyaban al vecino del norte.
No sólo mexicanos apoyaban al Tri, en la sección de general apareció un grupo de japoneses, quienes de inmediato hicieron sentir su apoyo con gritos de “México, México... Campos, Campos”.
La hora se acercaba, al medio día los equipos saltaron al terreno de juego y se procedió a la ceremonia de los himnos, el primero fue el del visitante, se escucharon abucheos, silbidos, el odio hacia los norteamericanos se demostraba, la presión estaba latente, el juego comenzó desde la tribuna.
El silbatazo inicial, el primer equipo que toma el balón es el tricolor y de inmediato los “oles”, tal vez era muy pronto, pero el apoyo se hacía palpable, los gritos de “México, México” surgían espontáneamente de diversos sectores del estadio y la armonía se producía cuando los gritos se emparejaban.
Corrían seis minutos, Francisco Fonseca tuvo el primer disparo y le taparon, la gente siguió apoyando incluso con el inicio incierto y explotó con el grito de gol al 30’, Jared Borgetti le ponía número a la casa, la felicidad crecía.
Sin embargo, ese grito de gol fue superado, un par de minutos más tarde cayó el tanto de Antonio Naelson Matías, la emoción creció, la gente vitoreaba, el triunfo estaba cerca.
La primera reclamación arbitral fue cuando Cuauhtémoc Blanco fue amonestado injustificadamente y la explosión contra el de negro al 41’, Ricardo La Volpe fue expulsado, rechiflas contra el silbante y después, algo que antes no había sucedido, mientras el técnico argentino salía de la cancha, se le vitoreó, el estadio se unió en una voz: “La Volpe, La Volpe, La Volpe”.
El descanso sirvió para descansar la garganta, para preparar nuevos gritos, para seguir apoyando a México.
Oswaldo Sánchez hizo una gran atajada al minuto 52, los aficionados respondieron: ”Portero, portero, portero” y aunque llegó el silencio al 58’ con el tanto de Lewis, éste n duró mucho, casi de inmediato llegó la reacción: “México, México, México”.
Los cambios del Tri sucedieron, las llegadas por la banda crecieron, el tercer gol estaba cerca pero no llegó, a los delanteros les faltó contundencia, el reclamo desde la tribuna no se hacía esperar, Fonseca cruzó demasiado su disparo al 76’, los lamentos crecían, pero el apoyo nunca cesó.
El final fue sufrido, México tuvo llegadas más claras pero no metía el gol y se sentía peligro cuando los rivales cruzaban medio campo, sobre todo en un par que surgieron con pérdida de balón de la zaga mexicana.
El final llegó, los aficionados ya lo pedían y se desesperaban cuando se anunciaron tres minutos más, pero ya no hubo peligro, el equipo estadounidense se fundió, México tuvo el control del balón, el partido terminó, la victoria se consumó y la felicidad por la superioridad sobre Estados Unidos, al menos este día y en este deporte, fue ratificada.
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