CIUDAD DE MÉXICO, México, mayo 21, 2005.- Con buen ambiente y mucha tranquilidad de cara al choque de "vuelta" de semifinales frente a Cruz Azul a disputarse este domingo, América cierra hoy su preparación con un invitado especial: su presidente Guillermo Cañedo. El jerarca de Águilas acudió hoy sábado para estar presente durante la práctica y charlar con algunos de los jugadores, así como transmitirles buenos deseos de cara al encuentro de este domingo en el Estadio Azul, donde un empate o incluso una derrota por un gol de diferencia los metería a la final.
Los jugadores no quisieron detenerse y dar alguna declaración en torno a lo que esperan en el duelo de regreso, pero Cañedo si se detuvo y respondió dos preguntas, palabras con las cuales refleja el ánimo que se siente al interior del grupo previo a este juego.
Al hablar sobre las expectativas del equipo en esta liguilla mencionó: "Dios mediante redondear el gran partido que se dio el jueves con una victoria mañana, estamos muy contentos y muy entusiasmados".
Cañedo, quien manejaba su automóvil, no mostró molestia sobre la sanción de tres partidos que la Comisión Disciplinaria aplicó al delantero brasileño Kléber Boas por una patada sin balón de por medio al zaguero argentino de la Máquina, Federico Lussenhoff.
"No pasa nada, veo a la gente muy motivada, muy contenta, hay un gran ambiente de trabajo, estamos listos para el día de mañana".
Aunque la directiva de América ha transmitido que su postura ante esta situación es "sin comentarios", podría apelar la sanción para que su máximo goleador en la fase regular del Torneo Clausura 2005 pueda jugar la final si es que avanzan.
Luego que marcó 12 goles en la ronda de clasificación y otros dos frente a Santos en los cuartos de final, el brasileño es un arma peligrosa que pierde América para el juego de "vuelta" de las semifinales, a disputarse en el Estadio Azul mañana a las 17:00 horas, e igual podría perderse la final si se mantiene el castigo.
CALLAN AMERICANISTAS DE CARA AL SIGUIENTE ENCUENTRO CON CRUZ AZUL.
Los jugadores del equipo América optaron por no hablar hoy con los medios de comunicación pues su entrenamiento a puerta cerrada así lo denotó, con lo cual quieren mostrar además total concentración para el juego semifinal de mañana ante Cruz Azul.
El técnico Mario Carrillo determinó desde la víspera que la práctica sabatina de cara al choque de "vuelta" contra los celestes sería sin acceso a la prensa, y además colocó nuevamente una manta de color rojo para impedir que se vieran los movimientos que planea en la cancha para sustituir a los suspendidos Kléber Boas y Óscar Rojas.
Unos 20 aficionados se reunieron a las afueras del club, la mayoría ataviados con playeras de su amado equipo, y observan a lo lejos a varios de los jugadores, quienes bajo la sombra de algunos árboles toman un respiro en algún descanso antes de volver a la carga.
El sol quema, los rayos caen a tope y un par de jóvenes que venden las tan de moda congeladas del pingüinito se ubican a la puerta de entrada del club con dos hieleras, en busca de hacer su "agosto" para que la gente se refresque.
Una pareja y un niño son los mas entusiastas y quienes gritan con mayor fuerza cuando a lo lejos ven a sus ídolos, quienes se detienen nuevamente para descansar tras la extenuante práctica.
Perciben el buen ambiente que priva entre el plantel de Coapa pues José Antonio Castro llega y le pellizca las mejillas a uno de sus compañeros, mientras los curiosos corean "beso, beso, beso".
Después, el mismo lateral es víctima de una broma de Germán Villa, quien le baja el short mientras otros jugadores alrededor ríen y ese buen ambiente se contagia también entre los seguidores del club.
Seguidores y reporteros esperan que los jugadores se bañen y salgan no faltan, y eso es a diario, que personas a bordo de sus automóviles por Prolongación División del Norte lancen recordatorios familiares ya sea a grito pelado, mediante chiflidos o con las bocinas de sus vehículos, mostrando su rechazo hacia las Águilas.
Quienes están afuera voltean, respingan y devuelven las mentadas de la misma manera, mientras unos más solo ríen y recuerdan que su equipo lleva la ventaja 3-1 sobre Cruz Azul.
Varios "azules" visitan el "nido". Son elementos que llegan a bordo de una camioneta transportadora de valores, para reabastecer el cajero automático que hay a la entrada del club.
Uno de ellos, quien asegura no le va ni a la Maquina ni a las Águilas, se anima a dar su pronóstico: "escúchenme bien, mañana gana el Azul con dos del 'Chelito' y uno de 'Kikín', se van a acordar de mi", dice y se marcha con sus compañeros armados de vuelta al vehículo.
Minutos más tarde, uno a uno empiezan a desfilar los jugadores del equipo a bordo de sus autos rumbo a la concentración del equipo en un hotel de la capital, casi ninguno se detiene, sólo dos lo hacen, los demás prácticamente huyen más en una actitud de no enfrentar a la prensa, que una descortesía hacia sus seguidores.
El primero que se para es el argentino Claudio "Piojo" López, que a bordo de su auto deportivo indica a un elemento de seguridad del club que dé permiso a la gente de acercarse con él. Los americanistas hacen una fila, y hasta el muchacho que vende las congeladas se forma.
Instantes después, cuando ya casi acabó de repartir autógrafos se le acercan algunos reporteros y le preguntan sobre cómo se siente y cómo esta el grupo de cara al partido, se queda mudo y luego que otro compañero mete la grabadora por el quemacocos, el "Piojo" se la aleja con el brazo y acelera su bólido.
El segundo jugador en detenerse es el mediocampista Germán Villa, quien incluso hace su vehículo a un lado dentro del club para no tapar la salida de otros compañeros, que ya toman el claxon y buscan irse.
Un escueto "estamos bien, tranquilos, no pasa nada" es su respuesta por la suspensión de tres partidos para el brasileño Kléber Boas, y como no quiere contestar más, aborda su coche y se va.
Casi enseguida salió a bordo de su camioneta el mencionado Kléber, esto por la puerta anexa y justo en el momento en que un par de muchachos en un microbús y con banderas de los cementeros se detiene a las afueras para gritar -arriba el Cruz Azul-.
Al percatarse que le acababan de tapar el paso a Kléber, uno de ellos lo reconoció mientras lo señalaba con el brazo extendido en una especie de burla, tras la suspensión que recibió el atacante por el golpe que dio al defensa Federico Lussenhoff el pasado jueves.
Instantes después salió el presidente del club, Guillermo Cañedo White, quien bajó la ventanilla automática de su automóvil para decir que su equipo está listo y mentalizado para ir por su decimoquinto partido en fila sin perder para eliminar a Cruz Azul, aunque mañana jugarán como visitantes.