CIUDAD DE MÉXICO, México, ago. 7, 2005.- Apenas la jornada 2 del Torneo Apertura 2005 y se registró la primera visita del Club Guadalajara a la Ciudad de México, que además, fue muy significativa ya que representó la número 300 en la historia del futbol profesional tomando en cuenta partidos de liga y liguilla. Ciudad Universitaria es territorio puma, de ello se ha encargado la directiva al restringir la venta de boletos a la comunidad universitaria y destinar solo una cabecera del estadio para los aficionados del equipo visitante, por eso, desde temprana hora, ese sector rojiblanco lucía lleno, mientras se presentaban grandes huecos en el resto del mítico inmueble.
Las emociones empezaron rápido, en el partido preliminar, de cuarta división entre equipos filiales, que, por regla, incluye lanzamientos de tiros penales al finalizar sin importar el resultado.
El destino así lo quiso, esos penales se cobraron en la misma portería en la que se tiraron aquellos con los que se coronó Pumas en el Clausura 2004, justo debajo de la cabecera rojiblanca, que apoyó en todo momento a los menores y los impulsaron a ganar, el gesto fue correspondido por el arquero tapatío, quien regaló sus guantes y su sudadera.
Faltaban 30 minutos para el inicio del cotejo cuando saltaron a calentar los elementos rojiblancos, de inmediato la respuesta de la gente, el apoyo, los gritos, “¡Vamos Oswaldo, eres único!”, gritaba una mucha, “¡Oswaldo, te amo!”, gritaba otra jovencita.
Los cánticos comenzaron, el apoyo desde inicio, aumentaron cuando el equipo local entonó su himno, en el lado rojiblanco se guardó respeto ya que no se le abucheó, los aficionados estaban en lo suyo, apoyando a su equipo, impulsando a sus Chivas.
El desarrollo del partido no fue fácil, Chivas llegaba poco y Pumas ganaba todas las pelotas divididas en medio campo, muchas de ellas gracias a las marcaciones del silbante, “¡Ese árbitro ni corre, marca todo muy lejos!”, indicó un fanático, “Trae abajo la playera de Pumas”, le replicó alguien más.
Las señales de alarma se prendieron cuando Carlos Salcido debió abandonar el terreno de juego, el mejor hombre de la defensa estaba fuera por lesión, entonces el peligro universitario aumentó, pero en el marco estaba el mejor arquero mexicano de la actualidad y Oswaldo Sánchez respondió con creces atajando todo lo que le llegaba.
Después, la indignación entre la gente, ya de por sí molesta con el silbante, la rabia creció cuando Bruno Marioni golpeó en la cara a Johnny García, quien salió a recibir atención médica y al regresar buscó a su agresor, la calentura le subía al grado que se quedó en el vestidor en el descanso del medio tiempo.
El juego sucio de la delantera de Pumas había rendido frutos, dos defensas titulares de Chivas estaban fuera del partido, así, los universitarios anotaron el único gol del partido, de Marioni, en la portería contraria a donde estaban los aficionados, que callaron, pero sólo por unos segundos ya que la reacción empezó desde arriba, los cánticos se entonaron con más fuerza, con más corazón.
El partido cambió, fue más abierto, Chivas atacó más y dejó espacios atrás, Omar Bravo tuvo el gol del empate, su cabezazo fue malo y estrelló el balón en el travesaño, el grito se ahogó en las gargantas, los nervios aumentaban, la esperanza se diluía.
Lo único que le quedó por festejar a la afición rojiblanca fueron las atajadas de Oswaldo Sánchez, las salvadas en propio marco y las pocas aproximaciones que hubo en el final.
Enfrente, todo era felicidad, el “Cómo no te voy a querer” se dejó escuchar entre las filas universitarias, y una vez concluido el encuentro, a las “goyas” se unieron cánticos dedicados a Jorge Vergara y... sus orígenes.
El saldo, en cuanto a violencia, fue blanco, la derrota caló pero no fue motivo para iniciar grescas, la felicitación a uno o dos aficionados universitarios “colados” en las porras tapatías, tarde calurosa, tarde de futbol, ahora sólo queda esperar la revancha del próximo partido.