CIUDAD DE MÉXICO, México, oct. 11, 2005.- Pasan los días y sin dudarlo el buen sabor de boca no se va, por el contrario, el sentimiento de orgullo crece y con el paso del tiempo se entenderá aún más lo que la Selección Sub-17 hizo hace apenas unos días. Literalmente le dieron la vuelta a los medios de comunicación, se ha hablado muchísimo de ellos y con justa razón, pusieron de cabeza a todo un país y eso hay que agradecérselos.
Estos jóvenes demostraron que la frase que tanto hemos escuchado en un estadio, el “Sí se puede”, tome un valor aún más grande a partir del 2 de octubre. En base a trabajo, esfuerzo, dedicación y un objetivo bien trazado se consiguió el Campeonato Mundial y además se dio una lección que tiene que ser aprovechada no solo en el campo deportivo, sino en la vida misma.
La mentalidad de estos jóvenes, la convicción con la que hablan deja en claro que el trabajo que Chucho Ramírez, desarrolla en ellos fue básico para el mejor desempeño dentro del terreno de juego.
Cierto que este triunfo es un orgullo nacional, pero este honor fue conseguido y es sólo de ellos, de los jugadores y cuerpo técnico, de nadie más, un trabajo que realizaran hace ya unos años José Luis Arce, Ricardo Peláez y el propio Chucho Ramírez, bajo la atención de Alejandro Burrillo, buscando y analizando a jugadores: del llano, de los equipos no profesionales, de lugares donde la calidad se da y en grandes ocasiones no es aprovechada, de irlos llevando poco a poco hasta sacar de cada uno lo mejor de si para armar un equipo, compacto en ideas, uniforme en un estilo de juego, y firme, desde mucho antes de jugar, de que el título y solo a eso, iban a Perú.
Una realidad también se tiene que dejar en claro, a este equipo se le dejó trabajar, quizá por la edad, o porque no eran las figuras del Futbol Mexicano, pero la realidad es que prácticamente ni se les molestó en todo su proceso.
Estoy seguro que muchos ni siquiera sabían que cada fin de semana durante ocho meses, los jugadores viajaban desde su lugar de origen a la ciudad de México, para concentrarse y trabajar en el Centro de Alto Rendimiento de la Federación Mexicana de Fútbol, me queda claro que ni siquiera muchos de los directivos que hoy buscan subirse al barco del triunfo, sabían como se estaba trabajando para llegar al éxito.
Ahora se debe seguir en esta ruta ya trazada, de trabajo continuo, de una preparación constante, de no pensar que estos jóvenes están listos para ser solución en un futbol con tradición de no ganar nada en el plano mundial, se les debe ir llevando poco a poco, ojalá que todos los jóvenes que lograron el título lleguen al máximo circuito, debuten y consoliden una buena carrera, si lo hacen también habrán roto con la tradición, porque en el pasado muy pocos, de verdad que muy pocos logran, tras haber jugado a nivel de selección en categorías infantiles y juveniles, destacar y hacer algo en la Primera División.
Ya se ganó, ya se consiguió algo que para nuestro futbol debe ser no solo histórico, sino también de crecimiento y ejemplo, de muestra de que con trabajo y mucha inteligencia, se puede, ¡Sí se puede!